Miércoles, 6 de agosto de 2025. En Trigueros, durante las fiestas de la Virgen del Carmen, el Ayuntamiento gobernado por el Partido Popular contrató al grupo The Flamen Kings para amenizar la celebración. La banda, que en su web presume de haber actuado para “famosos, influencers y gobernantes” en escenarios de lujo como el Palacio de La Moncloa, para el príncipe heredero de Arabia Saudí o en eventos exclusivos de la familia Koplowitz, convirtió un escenario municipal, pagado con fondos públicos, en un altavoz de odio político. El mismo grupo que se vende como “referente en España” y “grupo oficial” de eventos como SICAB o la firma Rosa Clará, liderado por el autodenominado Señor Gañán, no dudó en animar al público a gritar “hijo de puta” contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Lo que debía ser un concierto festivo derivó así en un acto de confrontación, presenciado por familias y menores. La escena, recibida con más estupor que aplausos, dejó al descubierto una práctica cada vez más normalizada: el uso del dinero público para financiar insultos y polarización. El PSOE local, a través de su secretario general Félix Rodríguez, ha denunciado la “complicidad política” del equipo de gobierno, recordando que varios concejales del PP asistieron al concierto sin intervenir ni mostrar rechazo. “Quienes callan ante esto, lo avalan”, señaló Rodríguez, que ha anunciado posibles acciones legales.
El contraste entre la imagen de lujo que The Flamen Kings proyecta en su web y su comportamiento barriobajero en Trigueros no es anecdótico: revela hasta qué punto ciertos contratados saben qué se espera de ellos cuando pisan escenarios públicos bajo gobiernos del PP. La presunta sofisticación que venden a grandes fortunas y marcas de élite se convierte en provocación política cuando el caché se paga con dinero municipal.
No es un episodio aislado. Ya en 2011, el PP de Sevilla destinó 35.000 euros de fondos públicos a transportar simpatizantes a un mitin de Mariano Rajoy, una práctica que no fue debidamente fiscalizada y que ejemplifica la utilización partidista de recursos municipales. Aunque en aquel caso no hubo insultos inducidos, sí hubo un patrón: el dinero público al servicio de intereses políticos concretos, sin transparencia ni rendición de cuentas.

A esta estrategia se suma la financiación institucional de pseudomedios que difunden bulos y falsedades, como Periodista Digital, EDA TV u OkDiario. En la Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, estos medios han recibido millones de euros en publicidad institucional a pesar de sus escasas audiencias y su evidente sesgo. EDA TV, del dizque periodista Javier Negre, ingresó 95.500 euros en tres años solo de las arcas madrileñas, mientras que OkDiario y Libertad Digital acumularon cifras aún mayores. Estos fondos públicos sostienen una maquinaria de propaganda que convierte la mentira en herramienta política, dirigida siempre contra el Gobierno y la izquierda.
En Trigueros, como en tantas otras ocasiones, el PP, así como Vidal Blanco, alcalde de la localidad, han optado por el silencio. Ninguna disculpa, ninguna condena, ninguna medida para evitar que un escenario municipal vuelva a ser altavoz del insulto. Lo mismo ocurre cuando se señalan las subvenciones millonarias a medios que se dedican a desinformar: la respuesta es mirar hacia otro lado mientras el dinero fluye hacia quienes amplifican el mensaje deseado.
Esta connivencia con el odio no es casual. Se trata de una estrategia calculada para desgastar al adversario político y polarizar a la sociedad. Desde escenarios municipales hasta webs de ultraderecha sostenidas con fondos públicos, se fomenta una narrativa donde el insulto sustituye al debate, la mentira a la información, y el enfrentamiento al diálogo.
La indignación ciudadana no puede limitarse a un momento de estupor ante un micrófono encendido. Hay que exigir transparencia en el uso de los recursos públicos, criterios objetivos en la contratación y publicidad institucional, y responsabilidades políticas y legales cuando se cruzan líneas que vulneran el respeto democrático. Porque el dinero de todos no puede ser la gasolina que encienda los discursos de odio de unos pocos.
Horas después de publicarse nuestro editorial, The Flamen Kings ha difundido en su cuenta oficial de X un comunicado con un tono que roza lo esperpéntico:
La frase, que parodia la manipulación mediática de las palabras de Pedro Sánchez durante la DANA de Valencia —cuando se tergiversó su oferta de ayuda a la Generalitat con el bulo “si quieren ayuda, que la pidan”—, solo añade arrogancia a la polémica.
En su contexto original, el Presidente se refería a recursos ya desplegados y ofrecidos, una declaración maliciosamente recortada para atacar su gestión. En cambio, The Flamen Kings utilizan la fórmula en clave de burla: no solo eluden cualquier responsabilidad por incitar insultos en un escenario municipal, sino que exigen que sean otros quienes se disculpen con ellos.
La respuesta es tan miserable como reveladora. Confirma lo que denunciamos en el Editorial: cuando el odio se financia con dinero de todos, quienes lo propagan se sienten protegidos, avalados y hasta legitimados para ridiculizar a quienes les exigen cuentas. Su chulería pública no desmiente nada, solo ratifica la tesis central: el insulto pagado se convierte en orgullo cuando hay instituciones dispuestas a mirar hacia otro lado.


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