La comunidad ha incorporado 11.347 trabajadores por cuenta propia de origen migrante desde 2024, hasta alcanzar los 75.695.
Su crecimiento refuerza el tejido económico andaluz y abre una vía para dar continuidad a negocios y servicios amenazados por la falta de relevo.
Miércoles, 30 de septiembre de 2026. Uno de cada ocho trabajadores autónomos en Andalucía es migrante. Son ya 75.695 personas, 11.347 más que en agosto de 2024, según el análisis difundido por la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos de España (UPTA), organización de ámbito estatal representativa del trabajo por cuenta propia. En apenas dos años, su número ha crecido un 17,6% y representa ya el 12,6% del total de autónomos de la comunidad.
La presencia migrante alcanza además un peso relevante en algunos de los principales sectores de actividad. Supone ya el 17,6% de los autónomos de la hostelería, el 13% de los del comercio y el 12,3% de los de la construcción.
Son cifras que sitúan a decenas de miles de personas migrantes entre quienes abren, mantienen y gestionan negocios en Andalucía, en una realidad económica que va mucho más allá de la imagen habitual de la inmigración vinculada exclusivamente al trabajo asalariado.
Ese crecimiento coincide con otro problema que afecta especialmente al pequeño trabajo autónomo: el envejecimiento de muchos titulares y la falta de continuidad de negocios que siguen siendo viables. UPTA advierte de que en el medio rural andaluz esa ausencia de relevo amenaza también actividades y servicios básicos en municipios con poca población.
La organización propone conectar a personas migrantes con capacidad y voluntad de emprender con negocios cuyos propietarios están próximos a jubilarse. La fórmula permitiría dar continuidad a actividades ya asentadas sin depender únicamente de la creación de nuevos establecimientos y evitar que la retirada de sus titulares termine también con negocios que todavía tienen mercado y clientela.
Un bar, una tienda o un taller pueden tener además un peso que supera su propia actividad económica cuando son de los pocos servicios disponibles en un municipio pequeño. «En muchos pueblos no estamos hablando únicamente de salvar un negocio. Estamos hablando de mantener abierto el bar, la tienda, el taller o determinados servicios que hacen posible que la gente pueda seguir viviendo allí», señala el presidente de UPTA España, Eduardo Abad.
Para favorecer esa continuidad, UPTA reclama una estrategia específica que incluya formación, acreditación de competencias, asesoramiento especializado, financiación y acompañamiento durante los primeros años de actividad, además de mecanismos que faciliten el contacto entre quienes buscan emprender y titulares próximos a la jubilación.
La organización calcula que, si en los próximos cinco años se mantiene un crecimiento medio del 7% anual, Andalucía podría alcanzar en 2031 los 106.200 autónomos migrantes, unos 30.500 más que en la actualidad. Se trata de una proyección construida a partir de la evolución reciente, que situaría el incremento acumulado próximo al 40%.
Abad reclama que esa evolución encuentre también respuesta en las políticas públicas. «Tenemos que dejar de contemplar la inmigración exclusivamente como una fuente de trabajadores por cuenta ajena. Hay miles de personas que tienen capacidad, experiencia y voluntad para emprender», sostiene. Facilitar ese tránsito al trabajo por cuenta propia, añade, significa también «crear riqueza, fijar población y favorecer la integración y la convivencia».

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