
Viernes, 5 de junio de 2026. La agricultura brasileña depende casi por completo de los fertilizantes importados. A diferencia de Argentina, Brasil importa el 92% de los nutrientes necesarios para su agricultura. El conflicto en el Estrecho de Ormuz anticipa una crisis alimentaria mundial que podría desestabilizar.
Más de un millón de toneladas de fertilizantes están retenidas en el Estrecho de Ormuz, incluyendo principalmente urea, fosfatos y azufres, todos productos químicos elaborados. Como consecuencia, las cadenas globales de producción y distribución de fertilizantes están prácticamente detenidas. Hasta ahora, lo único evidente es un aumento significativo en sus precios, superando el 30%. Esto anticipa una crisis alimentaria en el sistema global, similar a la vivida tras la invasión de Ucrania por Rusia en 2022.
Los países petroleros del Golfo, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Qatar, Bahréin y Kuwait, son grandes proveedores de fertilizantes a base de gas natural. Producen anualmente 30 millones de toneladas de azufre y 35 millones de toneladas de urea, y más de la mitad de estos productos esenciales pasa necesariamente por el Estrecho de Ormuz, actualmente casi bloqueado por las amenazas de Irán.
Según Nikkei Asia, los países asiáticos importan desde Medio Oriente el 40% de la urea, el 54% del azufre y el 71% del amoníaco. Brasil depende en gran medida de la importación de fertilizantes, comprando más del 90% de la urea granulada que utiliza. Esto sitúa al sector agrícola brasileño en una posición de extrema vulnerabilidad, convirtiéndolo en un actor afectado en esta crisis mundial. La Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA) indica que aún no se ha desatado una crisis de desabastecimiento y que los productos siguen llegando regularmente por los puertos brasileños.
La CNA también estima que, debido a la magnitud del conflicto entre EE.UU. e Irán, que afecta la economía global más que cualquier evento en los últimos 30 años, incluso más que la Guerra de Ucrania en 2022, el aumento de precios de combustibles y fertilizantes podría superar el 40%.
Más del 40% de los fertilizantes nitrogenados que importa Brasil provienen de países de Medio Oriente. La extensión del conflicto entre EE.UU. e Irán resultaría inevitablemente en un alza generalizada de precios. Cada vez más productores brasileños informan que el precio del diésel ha comenzado a subir, con incrementos de más de 2 reales por litro, el doble del precio de la semana anterior. Esta etapa es especialmente crucial en el ciclo productivo brasileño, ya que se encuentra en plena cosecha de soja y arroz, y se siembra la segunda cosecha de maíz.
Cabe destacar que casi todos los camiones que transportan la cosecha brasileña de soja, que este año superaría las 350 millones de toneladas, utilizan diésel como combustible. Según la CNA, la situación más crítica se vive en los estados del Norte y el Nordeste, que dependen de fertilizantes que llegan por los puertos del Sur y el Sudeste; y donde la logística depende totalmente de motores diésel.
Por esta razón, el Frente Parlamentario Agropecuario (FPA) advierte que Brasil enfrentará un aumento en los precios de los alimentos este año, lo que afectará la tasa de inflación, que actualmente es del 4.26% anual, la más baja desde 2018.
La situación del sector agrícola brasileño se resume en estos términos: Brasil importó 45.5 millones de toneladas de fertilizantes en 2024, de un consumo total de 49.1 millones de toneladas, lo que significa que el 92% de los fertilizantes necesarios para la agricultura provienen del exterior. Por ello, el país pagó 15.5 millones de dólares, cifra que ascendió a 24.7 millones de dólares durante la Guerra de Ucrania en 2022.
Este es el Talón de Aquiles de la agricultura brasileña, que tiene el mayor potencial productivo del sistema global. En contraste, la situación en Argentina es completamente diferente: Profertil, actualmente propiedad de Adecoagro, es la mayor planta productora de urea granulada de América Latina, cubriendo completamente las necesidades del país y pudiendo exportar a toda la región si fuera necesario.
Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero. @FranciscoVill87

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