‘Past & present’, el «regreso» de Tote Núñez que, como el rock, nunca se fue

Héctor “Tote” Núñez, veterano de formaciones clave del rock onubense, inicia una nueva etapa junto a sus hijos y una joven alineación que cruza generaciones sin perder el pulso ni el lenguaje.

Un trabajo de estudio con composiciones originales y memoria sonora que reivindica el oficio, la honestidad y la vigencia de una forma de entender el rock.

por Nico Ferrando

 

Miércoles, 23 julio de 2025. En la primavera de 2016, cuando esta revista aún soñaba con sobrevivir en papel, y en su número 0, publicamos una doble página dedicada a Ashes 2 Ashes, el dúo que Héctor “Tote” Núñez formó con Sergio López. Lo que allí contábamos no era una crónica de concierto ni una reseña al uso. Era otra cosa. Una especie de manifiesto involuntario sobre lo que significa hacer rock en Huelva sin ataduras, sin industria, sin más horizonte que el siguiente ensayo, el siguiente tema, el siguiente directo.

Han pasado casi diez años desde aquello. Una década larga de cambios, despedidas, proyectos que se apagan, salas que cierran, medios que desaparecen. Tote sigue. Y hoy lanza Past & Present, un disco que, sin declararlo, resume lo que ha sido una carrera marcada por la perseverancia, el talento y una terquedad que pocos se pueden permitir

Este nuevo trabajo no es una reinvención ni una estrategia. Es lo que ocurre cuando alguien lleva más de 35 años haciéndolo todo por su cuenta, con sus medios, con su gente. Por eso, aunque aparece firmado por “NUNEZ”, no es un proyecto solista. Es algo más difícil de encasillar: un espacio de transmisión, un puente entre generaciones, un acto de memoria que no se cuenta, se toca.

En el escenario, Tote no está solo. Le acompañan sus hijos —Héctor, de 19 años, a la batería; Hugo, de 14, a la guitarra— y dos músicos que apenas rozan la mayoría de edad: Laure González y Adán Báez. Ninguno de ellos había nacido cuando Siberia se abría paso en los márgenes del heavy andaluz. Cuando Metalized buscaba una identidad entre riffs de plomo y letras afiladas. Ni cuando Ashes 2 Ashes se empeñó en hacer un disco elegante y sincero en plena era del ruido digital. Y sin embargo, ahí están. Ensayando, grabando, saliendo a escena. No como aprendices, sino como parte activa de un proyecto que no busca enseñar nada, solo compartirlo.

 

 

 

 

“Créeme que es lo más emotivo que he hecho hasta la fecha”, comenta Tote a La Mar de Onuba, condensando todo lo que Past & Present significa: “Es el máximo a lo que se puede aspirar. Compartir vida, escenario y recordar con mis propios hijos, tocando conmigo… Es increíble que una persona como yo, que está ya cerca de los 55, se vea rodeada de esa juventud, de esa energía, de esa ilusión. Porque al final lo que hacen es contagiártela y hacerte revivir de nuevo.”

Ese “revivir” no es metáfora. Tote Núñez ha vuelto a grabar en estudio, ha armado una banda desde cero, ha ganado el festival Matadero Rock en su primera aparición pública con esta formación, y se prepara para una gira que pasará por Sevilla, Marinaleda, Córdoba, Dos Hermanas, Mairena del Alcor o Las Cabezas de San Juan, y que cerrará en diciembre en el Gran Teatro de Huelva. Todo eso en menos de un año. Sin management. Sin discográfica. Sin pedir permiso.

El disco —que ya circula en plataformas— no es una mirada nostálgica al pasado. Es una forma de ponerlo a trabajar. Incluye temas nuevos, composiciones que mezclan el hard rock clásico con melodías más abiertas, letras que no ocultan las cicatrices del tiempo pero tampoco se rinden ante él. Y, sobre todo, un tono general que recuerda que lo vivido no sirve de nada si no se convierte en algo compartido. En música. En herencia. En presente.

Quien escuche hoy a Tote sin haber seguido su trayectoria podría pensar que estamos ante un veterano con un buen puñado de anécdotas. Pero esa mirada sería injusta. Porque la historia de Héctor Núñez no es la de un músico que resistió en la sombra. La de alguien que ha seguido tocando en su sitio, sin alharacas, sin campañas, sin abandonar nunca el terreno que le pertenece: el del rock hecho con oficio, con identidad, con coherencia. Mientras otros adaptaban su sonido al algoritmo o a la moda pasajera, él mantuvo su lenguaje. Y no para encerrarse en él, sino para hacerlo respirar en nuevos cuerpos, con nuevas manos, en nuevos directos. Porque hay trayectorias que no necesitan relanzamiento. Solo continuidad.

Doble página dedicada a Ashes Tio Ashes en el ‘número 0’ de La Mar de Onuba (edición impresa, abril 2016)

Ashes 2 Ashes fue una estación importante en ese camino. Aquel proyecto, construido entre dos, tenía algo de resistencia íntima. Fue un espacio de libertad sin concesiones, con una sonoridad muy distinta a lo que ofrecía el mercado local. El trabajo gráfico, la producción cuidada, la sobriedad de la propuesta… Todo eso estaba lejos del ruido amateur que rodeaba a muchos grupos de su generación. Hoy no hace falta forzar el paralelismo, pero Past & Present recoge ese mismo espíritu. Y lo amplía. Porque no se trata ya de hacer un disco con alguien con quien compartes lenguaje musical, sino de hacerlo con personas con quienes compartes casa, apellido, historia.

No hay sentimentalismo aquí. Ni discurso motivacional. Lo que hay es una escena: la de un músico que lleva desde los 80 cruzando desiertos, que ha visto cerrar todas las puertas posibles, y que ha decidido seguir tocando con sus hijos. Porque puede. Porque quiere. Porque aún hay cosas que decir. Y porque en un mundo donde todo se mide en números, giras, reproducciones y rentabilidad, lo único verdaderamente valioso es lo que permanece.

Lo demás, que lo cuenten otros. Larga vida al rock’n’roll.

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