
Martes, 16 de junio de 2026. No resulta nada amable la descripción de España sin un PSOE relevante, gobernando o en la oposición. No es atractiva una España sin una fuerza socialdemócrata, como es el socialismo español, tendente al centro desde la izquierda. Es difícil de imaginar cómo sería la defensa de los servicios públicos, del estado del bienestar, la paz social o el engarce en Europa. El Partido Socialista protagonizó la transición y la negociación del texto constitucional, la entrada en la Unión Europea, defendió y legitimó la permanencia en la OTAN, puso las bases políticas para la posterior entrada en el euro, la modernización de España entre el 82 y el 96, el estado de las autonomías, la ley de dependencia, la igualdad, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la normalización en Cataluña por el que tan alto coste paga, la decisiva subida del salario mínimo, la reforma laboral, gestionó la pandemia y tantos etcéteras. Sin esa fuerza política impulsora de modernidad, a la vez que moderada y de estado, el futuro de España se tornaría oscuro, incluso peligroso.
La mala situación del PSOE
Sin embargo, la situación del PSOE es muy complicada, la pérdida de las elecciones regionales en Extremadura, Aragón, Castilla-León, la de la comunidad autónoma de Andalucía, los numerosos casos judiciales que le afectan o la llamada a que desde las instituciones se actúe contra el contrincante político: quien pueda hacer que haga. Qué mensaje más feo para la salud democrática, no se pide que actúe quien tenga o quien deba, se llama a los salva patrias a forzar al límite sus actuaciones desde la función pública.
Frente a esa realidad, la de este momento, el PSOE aspira a reunir mediante pactos una mayoría o, en cualquier caso, constituirse en una oposición poderosa evitando una debacle electoral en las generales que le haga convertirse en una oposición sin capacidad. La estrategia para eso es débil, ganar tiempo, alejarse lo más posible del momento actual para, si se pudiera alcanzar con el paso de los meses cierta distancia, nuevamente llamar a la necesidad de parar en las urnas a la derecha más conservadora y a la ultraderecha, a la vez que presumir de logros sociales y económicos, que los hay, por eso Pedro Sánchez busca agotar el mandato de cuatro años que concede la Constitución a quien gobierna y llegar en la Moncloa al segundo semestre del 2027.
Las dificultades y debilidad de esa estrategia son evidentes. Se emplea por segunda vez, es la misma que se utilizó en 2023 tras la fuerte derrota en las elecciones municipales del mes de mayo de ese año. Además, hoy los pactos del partido conservador y la ultraderecha ya no llaman tanto la atención por repetidos. Si funcionó en 2023, aunque por escaso margen y llevando al PSOE a quedar como segunda fuerza parlamentaria tras el PP, ahora el desgaste es mayor y a su izquierda cunde la desbandada, además hay una contra estrategia que se acelera, quemarlo todo, por ese motivo el PP no quiere presentar una moción de censura, no quiere cambiar el único tema de conversación, las dificultades del PSOE, no interesa pasar a hablar de las propuestas conservadoras, poco conocidas, mejor seguir achicharrando al adversario, llegar al gobierno por su desfallecimiento.
Alternativas a la actual estrategia del PSOE
Hay voces que piden un cambio de estrategia en el PSOE ante la situación actual. Algunos solicitan un adelanto electoral, pero es fácilmente imaginable que el escenario propiciaría un resultado indeseable. En un pésimo momento como este, salvo que sea imposible evitarlo o si se ha perdido toda esperanza, celebrar elecciones es una temeridad.
Otros anticipan que el PSOE debe cambiar de candidato, pero eso no haría más que profundizar en la crisis del propio partido y acrecentar su debilidad electoral.
El soldado PSOE sin embargo debe colaborar a su propia salvación, pese a las dificultades. Desde luego se echa de menos medidas que a Nadie se antojan absolutamente necesarias, suspender cautelarmente de militancia a Zapatero, personarse y querellarse contra los que han dañado a la organización, también parecen imprescindibles cambios en la estructura interna a nivel federal, insuflarle personalidad y una imagen revisora y crítica con sus propios errores.
Debe analizarse si hay tiempo para celebrar congresos extraordinarios en las Comunidades en las que se han perdido elecciones, que busquen un fortalecimiento y mejora de los cuadros, salvaguardarlos estatutariamente del cesarismo de las primarias, utilizarlos para colocar la política municipal en la vanguardia de la acción política inmediata.
La propuesta que más ruido hace es la posibilidad de abstenerse en la constitución de los gobiernos del PP, a fin de desvincularlos de los postulados ideológicos de VOX y permitir negociar las líneas presupuestarias más trascendentes y reservarse pactar la acción de gobierno en materia de vivienda, sanidad, enseñanza pública, etc.
Pero lo cierto es que ninguna de esas estrategias alternativas, en el curso actual de los acontecimientos, favorecería un mejor resultado electoral en unas generales que se antojan van a decidir si el PSOE, probablemente en más de una década, va a tener algo que decir en la política española.
Pasadas las elecciones generales, si no fuese posible gobernar, sería el momento de analizar si es conveniente propiciar un consenso con la derecha para excluir a la ultraderecha del gobierno de España, un pacto no a la alemana (entrando en el gobierno), sino como en Portugal, permitiendo con la abstención un gobierno conservador, sin participación de la ultraderecha, reservándose el papel de oposición abierta a pactos en materias esenciales.
Enric Juliana (La Vanguardia, 14 de junio de 2026) nos habla de un sobre guardado que contiene la fórmula del “Consenso español”, sus indicaciones son: “Abrir en caso de fractura política irreparable. Utilizar solo en el supuesto de una correlación PP-PSOE favorable a los primeros; al revés, jamás germinará”.
El momento político vendrá en su caso tras las elecciones generales, ahora el PSOE únicamente puede apretar los dientes, disculparse por sus errores de bulto y actuar en su corrección, trabajar con criterio para obtener un buen resultado en las elecciones municipales para las que solamente faltan once meses. La diferencia con 2023, donde pagaron el pato, es que ahora sus alcaldesas y concejales, son los que pueden salvar al PSOE, pueden cambiar el escenario previo a las generales con un buen resultado en mayo.
Manuel Camas es abogado

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