Protegerse del calor en Huelva no puede depender de la renta ni del barrio

Monica Rossi en rueda de prensa

Mónica Rossi propone una red de refugios climáticos, más sombra y fuentes públicas, la ampliación de horarios de las piscinas y la transformación de solares abandonados en espacios verdes.

El plan de Con Andalucía reclama presupuesto y un calendario verificable y prioriza a las personas mayores, los trabajadores expuestos al sol y los barrios con menos arbolado y mayor vulnerabilidad social.

Viernes, 24 de julio de 2026. En Huelva, la posibilidad de protegerse de una ola de calor depende todavía demasiado de la vivienda que se habita, del dinero disponible para mantener encendido el aire acondicionado, de las condiciones laborales y del barrio en el que se vive. El calor extremo afecta a toda la ciudad, pero sus consecuencias no se reparten por igual.

Una persona mayor que vive sola en una casa mal aislada, una familia que no puede asumir el coste energético de climatizarla o un trabajador obligado a permanecer durante horas bajo el sol afrontan el verano desde una posición muy distinta a quienes disponen de una vivienda confortable, recursos económicos suficientes y libertad para evitar las horas más peligrosas.

La concejala de Con Andalucía en el Ayuntamiento de Huelva, Mónica Rossi, ha llevado esa desigualdad al terreno de las responsabilidades municipales mediante una propuesta para poner en marcha un Plan de Choque frente a las olas de calor. La iniciativa ha sido llevada al Pleno Municipal, pero su alcance va mucho más allá de una votación: plantea qué puede y debe hacer la ciudad para que la protección frente a las temperaturas extremas deje de ser una cuestión exclusivamente privada.

La propuesta contempla la creación de una red municipal de refugios climáticos mediante el acondicionamiento de centros sociales, bibliotecas, instalaciones deportivas y otros edificios públicos. Estos espacios tendrían climatización, zonas de descanso y acceso gratuito a agua potable durante los meses de verano. Rossi plantea además ampliar los horarios de las piscinas municipales cuando se produzcan episodios de calor extremo.

Un refugio climático no es un equipamiento extraordinario ni una concesión asistencial. Es un espacio público al que puede acudir quien no dispone de una vivienda preparada para soportar temperaturas extremas. Su existencia convierte la protección frente al calor en un servicio accesible y evita que la única respuesta disponible sea encerrarse en casa y afrontar una factura eléctrica que muchos hogares no pueden pagar.

La iniciativa incluye también un plan extraordinario de sombreado en calles y plazas con gran tránsito peatonal, la ampliación y reparación de la red de fuentes públicas y un programa intensivo de plantación de árboles y renaturalización urbana. El objetivo es reducir la exposición directa al sol y recuperar espacios donde permanecer, caminar o esperar el transporte público no se convierta en un riesgo durante las horas centrales del día.

Rossi propone además transformar temporalmente solares municipales o cedidos en microparques y plazas verdes provisionales, con pavimentos permeables, vegetación de bajo consumo hídrico, zonas de sombra y arbolado móvil. La medida permitiría actuar sobre espacios degradados sin esperar a que se desarrollen proyectos urbanísticos que pueden tardar años en llegar. La moción reclama igualmente reforzar las sanciones a los propietarios que incumplan sus obligaciones de limpieza y conservación, por el efecto que esos solares abandonados tienen sobre la temperatura, la insalubridad y el riesgo de incendios.

El plan establece que estas actuaciones se concentren especialmente en los barrios con menos zonas verdes y mayor vulnerabilidad social. Esa prioridad es esencial. El Ministerio de Sanidad identifica como factores de riesgo frente al calor la marginación, el aislamiento, la dependencia, la discapacidad y las malas condiciones de habitabilidad de las personas con menos recursos. También recuerda que las personas mayores y los menores son especialmente sensibles a las alteraciones térmicas.

El calor extremo puede provocar deshidratación, insolación, calambres y golpes de calor capaces de ocasionar daños multiorgánicos. No estamos, por tanto, ante una incomodidad veraniega ni ante un problema que se resuelva exclusivamente con recomendaciones para beber agua, bajar las persianas o evitar salir a determinadas horas. Cuando una parte de la población carece de medios para aplicar esas recomendaciones, las administraciones tienen la obligación de proporcionar alternativas públicas.

Los datos climáticos tampoco permiten seguir considerando estas situaciones como episodios excepcionales. El verano de 2025 fue el más cálido registrado en España desde el comienzo de la serie histórica en 1961. La temperatura media peninsular alcanzó los 24,2 grados, 2,1 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020, y el país permaneció 33 días bajo olas de calor.

El último informe sobre el estado del clima de la Agencia Estatal de Meteorología confirma una tendencia inequívoca: la temperatura media española ha aumentado 1,75 grados desde 1961 y los doce años más cálidos de la serie pertenecen al siglo XXI. Aproximadamente uno de cada tres días del verano de 2025 transcurrió bajo una situación de ola de calor.

Huelva conoce desde hace años la necesidad de adaptar su espacio urbano a esa realidad. En abril de 2023, el Ayuntamiento aprobó definitivamente el Plan Estratégico de Mitigación y Adaptación ante el Cambio Climático, un documento articulado en catorce líneas estratégicas y más de un millar de medidas.

Durante la elaboración de aquel plan, el propio Ayuntamiento señaló la necesidad de modificar calles, avenidas y zonas de ocio para hacer frente a las condiciones extremas de calor. Entre las actuaciones mencionadas figuraban la creación de espacios sombreados en los barrios y la incorporación de fuentes, estanques y otros elementos de agua destinados a mejorar el confort térmico.

La propuesta de Rossi no descubre, por tanto, un problema desconocido ni introduce necesidades que no hayan sido reconocidas anteriormente por el Consistorio. Lo que reclama es trasladar esos diagnósticos a medidas visibles, utilizables y evaluables: edificios públicos abiertos, fuentes que funcionen, calles con sombra, piscinas accesibles durante los episodios más graves y actuaciones prioritarias en los barrios donde la exposición y la vulnerabilidad son mayores.

El plan incorpora también protocolos específicos frente al estrés térmico para el personal municipal y para las plantillas de las empresas concesionarias. La protección de quienes trabajan al aire libre no depende únicamente de la voluntad de cada empresa o administración. La normativa estatal obliga a adoptar medidas frente a los riesgos derivados de fenómenos meteorológicos adversos y temperaturas extremas, teniendo en cuenta la tarea realizada y las características personales de cada trabajador.

Junto a las medidas materiales, Rossi exige una dotación presupuestaria específica y un calendario de ejecución verificable. La propuesta establece un plazo máximo de tres meses para hacer públicos el censo de solares afectados y la red inicial de refugios climáticos, con el objetivo de que las actuaciones estén plenamente operativas antes del próximo verano.

Presupuesto, calendario y posibilidad de comprobar el cumplimiento. Ahí reside una de las principales diferencias entre un documento estratégico y una política capaz de proteger a la población. Una red de refugios que no está identificada, una fuente que no funciona o un árbol que tardará años en proporcionar sombra no resuelven la exposición inmediata de quienes tienen que atravesar la ciudad, trabajar en la calle o soportar temperaturas insoportables dentro de sus viviendas.

La adaptación al cambio climático se concreta en decisiones urbanas y sociales. Consiste en decidir dónde se planta, qué calles se sombrean, qué edificios permanecen abiertos, quién puede acceder a ellos, cómo se protege a los trabajadores y qué barrios reciben primero las inversiones. También consiste en asumir que el espacio público debe ofrecer protección a quienes no pueden comprarla individualmente.

La cuestión no es si Huelva volverá a sufrir olas de calor. Los datos indican que serán más frecuentes, prolongadas e intensas. La cuestión es si la ciudad afrontará esa realidad como una responsabilidad colectiva o seguirá dejando que cada vecino se defienda con los medios económicos, la vivienda y las condiciones laborales que le hayan tocado.

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Revista onubense de actualidad, cultura y debate, editada y dirigida por Perico Echevarría - © Copyright LAMDO 2017 / ISSN 2603-817X

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