
Lunes, 4 de agosto de 2025. Para ciudades como Sanlúcar de Barrameda, Vigo, Almería, Tarragona u Ondarroa en España, el mar representa algo más que un simple paisaje: es trabajo, patrimonio e identidad. Las barcas de pesca siguen saliendo a faenar antes del amanecer y las familias siguen dependiendo de las capturas diarias. Aun así, muchos jóvenes se preguntan si tienen futuro en estos oficios costeros.
De ahí que, cuando hablamos de proteger los océanos, ya sea a través de nuevos tratados o estrategias de la UE, no debamos olvidar a las personas que viven de ellos.
Europa está dando pasos de gigante para proteger la biodiversidad marina y convertirse en líder mundial de la gobernanza de los océanos, ambición que cuenta con todo mi apoyo, pues nuestros mares se ven sometidos a presiones por la sobrepesca, la contaminación, el cambio climático y la competencia por el espacio. El nuevo Tratado de Alta Mar y otras medidas demuestran que la salud de los océanos empieza a recibir al fin la atención que merece. Con todo, se corre el riesgo de que esas comunidades que tantas generaciones llevan cuidando del mar se vean perjudicadas, porque esas decisiones se adoptan lejos de las costas a las que se van dirigidas.
En mi calidad de ponente del CESE en materia de gobernanza de los océanos y pesca, he escuchado las voces de pescadores artesanales y pescadores industriales, trabajadores del mar, jóvenes profesionales, ONG e investigadores de poblaciones costeras de toda Europa. Todos coincidimos en que la protección de los océanos y la promoción del uso sostenible de los recursos naturales son cuestiones urgentes que sin embargo deben abordarse de manera justa.
Ello conlleva implicar a las comunidades locales en las decisiones sobre las zonas marinas protegidas o la ordenación del espacio marítimo, reconocer que la pesca sostenible no se opone a la conservación, sino que es parte de la solución, y crear oportunidades laborales reales para las personas jóvenes en la economía azul: no solo empleos en los ámbitos de la energía eólica marina o las tecnologías de energía marina, sino también en los oficios tradicionales que se están adaptando al futuro.
La política europea en materia de océanos debe ser algo más que un simple elenco de normas: ha de ser un pacto entre la ciudadanía y el mar, lo cual será factible si procuramos una mejor coordinación entre las distintos servicios de la UE —desde la pesca hasta el transporte y el medio ambiente—, de modo que las políticas sean coherentes y tengan sentido en la práctica.
Además, necesitamos procedimientos más sencillos y ágiles para aplicar los acuerdos internacionales en materia de pesca dentro de los confines de la UE. Tal como están las cosas en la actualidad, pueden pasar años hasta que las normas mundiales se incorporen en el Derecho de la UE, lo cual provoca confusión y competencia desleal, sobre todo para quienes cumplen todo ese cuerpo normativo. Hemos propuesto un sistema acelerado que solucionaría este problema sin generar inseguridad jurídica. Como ha señalado el CESE con acierto, no conviene que sobre la flota de la UE recaigan de manera desproporcionada nuevas cargas, sobre todo si no se pactan a escala internacional.
De propasar los compromisos asumidos por otros agentes, Europa puede acabar por perjudicar a su propia fuerza laboral y dejar que los demás se salgan con la suya.
Claro que debemos ser ambiciosos. El objetivo de proteger el 30 % de nuestros océanos de aquí a 2030 es vital, pero son asuntos que deben gestionarse adecuadamente, basarse en datos científicos y regularse de manera que se incluya a las personas afectadas y a las organizaciones de la sociedad civil, no solo a los expertos.
La política en materia de océanos no abarca únicamente cuestiones como el clima o la conservación, sino también otras como el empleo, la alimentación, la equidad y la dignidad. La pregunta que debemos hacernos es si los nietos y las nietas de los pescadores de hoy podrán vivir del mar o si esas tradiciones y conocimientos terminarán por desaparecer.
Europa tiene ante sí una verdadera oportunidad de liderar el mundo con una política sólida, justa e inclusiva en materia de océanos. Asegurémonos de que refleje no solo las necesidades del planeta, sino también las voces de quienes han encontrado en las costas su hogar y medios de subsistencia.
Javier Garat Pérez es Secretario General de la Confederación Española de Pesca (Cepesca) y ponente del Comité Económico y Social Europeo (CESE) en materia de gobernanza de los océanos y pesca.

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