
Martes, 11 de agosto de 2026. Mientras toda la derecha critica al gobierno por la actuación ante la «invasión» marroquí en Ceuta, la invasión de los bañadores. Se olvida de la invasión del Fuego.
Una invasión que los servicios de inteligencia de las fuerzas del orden no supieron prever. Hoy, sin embargo, todas las críticas se vuelven contra el Gobierno, que, a través de las Fuerzas del Orden, estuvo presente desde el minuto uno, aunque solo fuera para ordenar el tránsito y velar por la seguridad personal de los bañistas.
Pero la tarde del jueves 6 de agosto de 2026 comenzaba un fuego junto a una carretera de Niebla, en la provincia de Huelva. Todos se pusieron a intentar extinguir ese incendio que empezaba por la tarde. Cuestión imprevisible. Esa misma tarde, las previsiones meteorológicas de viento indicaban que el fuego se iba a extender. Al terminar la jornada, ya disponían de toda la información sobre lo ocurrido y de las previsiones de viento para el día siguiente y posteriores. Y también tenían la certeza de no haber controlado ese incendio inicial en la tarde del jueves.
Pero los responsables confiaron en su suerte y en la de todos los efectivos que habían desplegado la mañana del viernes, sin prever que las condiciones meteorológicas cambiantes por la tarde harían avanzar el fuego hasta las cotas actuales de destrucción. ¿Qué les hacía prever a las autoridades que esos 120 efectivos desplegados el viernes por la mañana iban a controlar el fuego que no habían logrado sofocar el día anterior, jueves?
No es lo mismo 400 hectáreas el jueves que 4.000 el sábado y 8.000 el domingo. Estaba claro que el primer día debieron llamar y movilizar toda la ayuda posible y elevar la protección al máximo. Pero su negacionismo climático y su fe en malas decisiones han calcinado el futuro de toda una zona. Y miles de vecinos están indignados.
Todo eso era conocido la misma noche del jueves. Sabían que no lo habían extinguido, conocían las previsiones de viento para el viernes: vientos de 3 km/h hasta las 13:00 horas y vientos cambiantes a partir de las 14:00. No había nada que dejar a la suerte. Por eso mismo, esa misma noche las autoridades debieron llamar a la UME y elevar el incendio a la máxima categoría de peligrosidad, dada la complejidad del terreno, un monocultivo intenso, unas condiciones meteorológicas cambiantes al comenzar la tarde (como ocurre todos los días del verano)y una mala red de caminos rurales.
Toda la derecha hoy clama para que a Ceuta llegue la normalidad. Pero en Huelva, desde los años ochenta, han ardido más de 200.000 hectáreas, y aún esperamos la normalidad en el entorno de Doñana, calcinado en 2017. Las empresas han ganado mucho dinero retirando la madera quemada, pero la normalidad no ha llegado a la naturaleza y no llegará en 40 años más.
La normalidad a Huelva llegará cuando se restauren todas las zonas degradadas tanto por incendios forestales, como por la contaminación industrial.
Huelva, por el interés general del Estado, ha generado durante más de un siglo y medio gran parte de la riqueza del PIB del país, pero a costa de la extinción de bosques para el beneficio de todos: la destrucción de dos ecosistemas de ríos históricos como el Odiel y el Tinto, la contaminación de toda una marisma, y miles de fallecidos o enfermos por la contaminación industrial. Además, desde los años 80 hemos sufrido grandes incendios forestales, como el de la fresa o el de 1991 en la Pata del Caballo, aunque la gente no tenga memoria.
Y para evitar la memoria pez de los ciudadanos y que quede constancia os dejo aquí un pequeño resumen de lo que ha sido el verano 2026 que aún no ha acabado.
Incremento de la actividad en la comunidad se enfrenta a uno de sus veranos más duros, acumulando más de 263 siniestros forestales totales (sumando conatos e incendios mayores), lo que supone un incremento superior al 40% respecto al año anterior. Con más de 40.000 hectáreas calcinadas.
Julián Blanco, colaborador de La Mar de Onuba, es jardinero y fotógrafo, activista social y ecologista

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