El Ayuntamiento de Huelva convierte un paraje natural protegido en decorado para un espectáculo reservado a 200 personas, entradas hasta 105 euros, categoría VIP y recogida en domicilio.
El aclamado artista aporta el talento y Tablao su intimidad acústica; la envoltura Premium, el paisaje convertido en reclamo y la exclusividad social pertenecen a la operación institucional.

Viernes, 28 de agosto de 2026. Hay días en que Huelva parece empeñada en demostrar que también puede tener su pequeña cuota de beauty people. Gente guapa al atardecer, flamenco sin amplificación, salinas, puesta de sol, primera fila, regalito y coche a la puerta de casa. Todo muy fino. Muy exclusivo. Muy de enseñar después las fotografías. No lo llamaremos «cursilada», por aquello de mantener las formas.
El Ayuntamiento de Huelva que dirige la popular Pilar Miranda, ha decidido celebrar el décimo aniversario del espectáculo Tablao de Arcángel, en las Salinas del Odiel. Un evento reservado para apenas 200 personas, con entradas de 63 euros y una categoría VIP de 105 que incluye ubicación preferente, primera fila, obsequio y traslado personalizado: te recogen en casa y te devuelven después del concierto. BMW patrocina la cita.
Todo ello dentro de un paraje natural protegido.
Conviene dejar a Arcángel fuera del campo de tiro. Su trabajo es magnífico y Tablao tiene una personalidad artística perfectamente reconocible y admirable. El espectáculo precisa cercanía, silencio, distancia mínima entre intérpretes y público y ausencia de amplificación. Arcángel lleva una década defendiendo esa forma de escuchar el flamenco. ¿Qué artista iba a rechazar, además, la posibilidad de interpretar su obra al atardecer en un lugar extraordinario?
La pregunta va dirigida a quienes han decidido fabricar alrededor de su trabajo semejante envoltorio.
Porque Tablao ya estuvo en Huelva el pasado mes de junio. Dos funciones en el Patio del Ayuntamiento, a 52 euros la entrada en la casa consistorial para 170 personas en cada pase, artistas y espectadores a pocos metros y el espectáculo funcionando exactamente como fue concebido: voces, guitarras, palmas y baile sin necesidad de convertir una reserva natural en parte del producto.
Ahora hemos subido de nivel.
Ya tenemos evento EXCLUSIVO. Tenemos VIP. Tenemos recogida en domicilio. Tenemos BMW. Tenemos una puesta de sol cuidadosamente incorporada a la experiencia. Y tenemos un espacio natural sometido a un PORN que protege el sosiego, limita la iluminación artificial, regula los usos públicos y obliga a preservar hábitats y especies.
El propio Ayuntamiento explica que “el paisaje y la luz del atardecer formarán parte del espectáculo”.
Ahí está la cuestión.
Las Salinas dejan de ser únicamente el lugar donde se coloca un escenario. El paisaje protegido pasa a formar parte de aquello que se ofrece a 200 clientes exclusivos. La naturaleza se convierte en escenografía. El atardecer entra en el paquete. La exclusividad ya puede disfrutarse con -más- flamencos al fondo.
Y todo esto promovido por una Administración pública.
Quizá ahí convenga detenerse un momento.
Los ayuntamientos sostienen teatros, festivales, bibliotecas, conciertos, escuelas de música, actividades populares y programación cultural porque la cultura forma parte de la vida común. Naturalmente pueden organizar también acontecimientos singulares y caros. La cultura cuesta dinero. Los artistas deben cobrar. Los buenos espectáculos merecen buenas producciones.
Aquí estamos hablando de otra cosa.
Estamos hablando de una institución que adopta alegremente el vocabulario y los servicios de una experiencia Premium: «EXCLUSIVO», VIP, primera fila, transporte personalizado, patrocinador automovilístico y un enclave natural protegido utilizado como valor añadido del producto. Más parece una agencia de experiencias para gente con posibles que una muestra de políticas culturales para una ciudad que vuelve a acusar enormes carencias en ese sentido.
Resulta, pues, inevitable preguntarse qué concepto de ciudad late detrás de estas cosas. Para quién se imagina Huelva. A quién se quiere seducir cuando se programa. Qué entiende este Ayuntamiento por poner la Cultura al alcance de la ciudadanía cuando la gran ocurrencia consiste en reunir a 200 personas en un entorno protegido, cobrar hasta 105 euros y ofrecer a algunas que un coche vaya a buscarlas a su propia casa.
El aforo reducido tiene explicación artística. Perfecto. Lo que carece de explicación artística es el VIP. Tampoco la necesita BMW. Ni la recogida domiciliaria. Ni convertir las Salinas del Odiel en el decorado de una «experiencia exclusiva» promovida por el Ayuntamiento de todas y todos los onubenses.
Eso pertenece a otro terreno. Al de una determinada manera de entender el prestigio, la gran ciudad y -sobre todo- el poder. Esa obsesión provinciana por parecer sofisticados que termina produciendo situaciones extraordinariamente cursis (en el mejor de los casos): gobernantes encantados de organizar acontecimientos para selectas minorías y venden exclusividad como modernidad.
El Ayuntamiento dispone de espacios urbanos donde Tablao puede preservar la proximidad y el silencio que el show de Arcángel precisa por su propia concepción de origen. Incluso un patio arquitectónicamente recogido ofrece al sonido acústico algo que una extensión abierta de salinas difícilmente puede regalarle: paredes, reflexión, contención.
Las Salinas aportan otra cosa. Aportan la foto. Aportan el paisaje. Aportan el atardecer. Aportan esa sensación de estar accediendo a algo que otros no pueden disfrutar.
Y quizá ahí resida toda la operación.
Arcángel pondrá el flamenco. La naturaleza pondrá el decorado. BMW pondrá su nombre. El Ayuntamiento pondrá la exclusividad. Y quienes puedan permitírselo pondrán hasta 105 euros. Quien firma esto, gran admirador de Arcángel y su obra, no podrá ser uno de ellos.
Perico Echevarría es director y editor de La Mar de Onuba


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