Huelva, sus parques y la acumulación por desposesión

Los parques Zafra y Francisco Jiménez cierran desde el 23 de julio a las 23.00 en verano y a las 21.00 en invierno
por José Luis Bersabé

Lunes, de agosto de 2026. Hace menos de un mes vimos la noticia, otra vez, que un parque de Huelva, el Parque Zafra, en las inmediaciones de entre el Puerto de Huelva, el Barrio Zafra y la estación de buses, volvía a ser objeto de codicia, o de remodelación, con unos objetivos claro, adaptarlo para el uso y disfrute de la Feria del Caballo, o dicho de otro modo, la concertación y privatización de un parque obligado por el Ayuntamiento a la degradación.

No es casual que hace menos de un año se formará la Plataforma de Isla Chica con un objetivo recurrente, proteger de la especulación la zona verde de este centro neurálgico y demográfico de Huelva. Tras movilizaciones vecinales,
firmas y visibilización aplazaron el desmantelamiento del parque para la construcción de aparcamientos y un centro comercial. Porque uno no es suficiente, frente a los pequeños negocios del entorno sobreviviente entre los cambios
sociales y subidas de alquileres de establecimientos.

Pero no queda ahí, la ofensiva también fue para el Parque Moret de Huelva, el pulmón verde, emblema de cabezos y reducto natural para la ciudadana de la capital, con la proyección dentro de este un albergue, entre otras construcción. Pues parece que no hay espacios más que los del bien público, para seguir, privatizándolos. Como siempre, ¿quién ganará con estos proyectos?

Huelva lleva viviendo, capital como provincia, un procesos de grandesprivatizaciones, pero como en la fabula de la rana y la olla, a veces no es muy visible la muerte inminente de los bienes públicos y la perdida de derechos. Y calidad de vida.

La constante mercantilización de los espacios, ¿dónde podemos ir en una ola de calor sin estar en un centro comercial?, ¿qué les está pasando a las instalaciones municipales en esta eterna espera de mejora electoral?. Hay reductos de lo común cada día más escuetos, bibliotecas, centros sociales sin recursos o abandonados a su suerte, como la limpieza y mantenimiento de los barrios periféricos. Abandonamos por la Administración pero no por las inmobiliarias ni casas de apuestas.

Pero como sabemos nada es casual, ni el PGOU, ni sus implicaciones, pues nuestras vidas son moldeadas, como la rana, por el contexto, por como está esa acera sin adoquines desde el 2017, o esos arboles talados y no repuestos.

Pues el PGUO no es más que la materialización de una práctica que se lleva dando desde hace tiempo, la ciudad como extractor de riqueza, de las rentas trabajadoras. Un espacio generador de riqueza, de capital, pero no un espacio del bien público.

Pues ya no se busca buscar las riquezas en los ámbitos productivos al uso, como el Polo Químico, o el sector servicios, sino en algo que independientemente de los cambios del mercado, es necesario, y es la reproducción social; y los parques, zonas verdes, bibliotecas, centros de salud o vivienda, son el foco. Pues siempre vamos a necesitar una vivienda, y tendremos que pagarla o ir al centro de salud. Y los parques y demás espacios públicos entran en la orbita siendo punta de
lanza en la privatización pues se leen como espacios sin rentabilidad en zonas donde se les podría sacar rentabilidad, ¿a qué costo y para quienes?, otra vez.

La lógica neoliberal, la sabemos, un servicio que estaba bien, lo infrafinancio o no mantengo, se degrada o satura, y lo vendo a coste de saldo. Pues así es mejor para toda la ciudadanía, el servicio de se da. Pero, a qué consto personal,
económico y social, quiénes podrán acceder a este, y si, no es rentable, ¿porque los grupos empresariales los codician?

Nuestros espacios no son un sin más, son el lugar de reproducción social, el espacio donde se genera la fuerza de trabajo, a las y los trabajadores que son quienes mueven y generan las riquezas. Ahora no solo en las fabricas, campos y servicios, sino que es en la ciudad donde se parasita por parte del capital, esos grupos empresariales que son las que cada día absorben más servicios públicos y sus espacios. Donde pasamos de ser ciudadanía a personas beneficiarias o usuarias.

Donde si no tienes recursos, y lo asistencial tiembla, no hablemos de los Servicios Sociales, o la Formación Profesional privatizada, ¿qué queda de ciudadanía?, ¿y de derechos?

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