De Gallardo a Morera, pasión y muerte de ‘El Correo’ (I)

por Pepe Fernández

Editor y director de Confidencial Andaluz

El inminente cierre de El Correo deja una historia triste y compleja,

un retrato a brochazos de la sociedad sevillana y andaluza.

“Ante una ola de solidaridad y apoyo que debe encuadrarse en el típico postureo social y profesional que, esta vez, parece que en nada ayudará para evitar el cierre definitivo y el punto y final a 119 años de historia del periodismo”
La cabecera decana de la prensa en Sevilla y sus trabajadores llevan años sufriendo una constante inestabilidad profesional y laboral, desde que la Iglesia católica decidió vender su participación al PSOE y El Correo de Andalucía se convirtió en portavoz oficioso del socialismo andaluz gobernante.
De hecho, muchos de sus más destacados periodistas, con el paso del tiempo, acabarán con cargos de responsabilidad política gubernamental en materia de comunicación y, muchos de ellos, ahí siguen colocados casi tres décadas después.
El Correo fue comprado en 2007 por el empresario extremeño Alfonso Gallardo que, aconsejado por dirigentes socialistas, invirtió 19 millones de euros comprando las cabeceras del Grupo Prisa en Andalucía – Almería, Jaén y Sevilla– grupo que, a su vez, se las había comprado a empresas vinculadas al PSOE en manos del empresario y testaferro socialista Emilio Martín.
La inyección de dinero de Gallardo supuso una de las etapas más esplendorosas del decano de la prensa andaluza;  la alegría duró más bien poco, el tiempo suficiente hasta que la opinión pública se levantara de manos contra un proyecto de oleoducto entre Huelva y Badajoz –pasando por Doñana– pactado por Alfonso Gallardo con el PSOE a cambio, entre otras cosas, de que invirtiese en los medios de comunicación de Prisa que, aunque no eran formalmente de propiedad socialista, el PSOE seguía tutelando editorialmente.
La entrada del Grupo Gallardo en concurso de acreedores supuso el arranque del penúltimo vía crucis de El Correo y de sus trabajadores, una tragedia que no ha terminado tras la venta por un euro en 2013 del periódico al empresario sevillano Antonio Morera Vallejo.
Les ofrecemos la primera parte de un relato en el que se recopilan a vuela pluma algunos hechos y principales protagonistas de este último tramo de vida de un periódico condenado, si nadie lo remedia, a su completa desaparición.
“De Gallardo a Morera, pasión y muerte de El Correo”, todo ello ante una ola de solidaridad y apoyo que debe encuadrarse en el típico postureo social y profesional que, esta vez, parece que en nada ayudará para evitar el cierre definitivo y el punto y final a 119 años de historia de periodismo local y regional.
En el ojo del huracán se ha quedado solo Antonio Morera Vallejo, el empresario de seguros que confundió periodismo con relaciones públicas. Mientras prepara el despido de toda la plantilla, los trabajadores han anunciado huelga indefinida.

Seis expedientes de regulación de empleo en los primeros 18 años del siglo es el triste balance que nos deja El Correo de Andalucía a modo de titular de portada a la hora de su inminente cierre. El empresario del sector de Seguros y Reaseguros Antonio Morera Vallejo, presidente del Grupo Morera&Vallejoy dueño de la aseguradora Millennium, ha optado por el cierre patronal de su división de medios encuadrada en el Grupo Morera&Vallejo, matriz de su imperio. Un grupo empresarial con una fuerte presencia y proyección mediática y social que no va pareja a su volumen anual de facturación. Se encuentra en el puesto 1.096 del ranking de empresas sevillanas y a eno rme distancia de las primeras a nivel regional. En 2015 facturó 220 millones de euros, de los cuales 15 millones fueron de beneficios.

Antonio Morera Vallejo, un comerciante y negociador nato, es oriundo de Chucena (Huelva). Comenzó su vida laboral como comercial de la aseguradora Mapfre, dándose cuenta a finales de los setenta que montando su propio negocio podría prosperar económicamente y emprender como empresario del sector seguros.

A quien madruga…

Tras años de trabajo duro, madrugando a diario a las seis de la mañana tal y como sigue haciendo a día de hoy, Antonio Morera empezó a labrarse cierto prestigio personal como empresario emprendedor y pujante, avalado por la CEA de Rafael Álvarez Colunga y Santiago Herrero. Los caballos y los coches de caballos, una de sus pasiones, le unieron pronto a los intereses de LeleColunga y su círculo de socios y amigos.

Paralelamente, Morera mantenía anuncios publicitarios fijos y diarios en las portadas más caras de la prensa sevillana. Otro tanto hizo con algunas radios y televisiones locales, a través de las cuales los sevillanos pudieron conocer las maravillas artísticas que ocultan las paredes del cortijo de La Gota de Leche, su cuartel general, a cinco metros escasos de donde pistoleros falangistas fusilaron a Blas Infante en 1936, un lugar declarado de la Memoria Histórica. Posee una gran colección de arte  y es posiblemente el coleccionista más importante de la mejor obra del pintor sevillano Juan Valdés, famoso por el realismo y belleza de sus retratos.

A nadie le tenía que sorprender en aquellos años que Morera Vallejo brillase con luz económica propia dado que la burbuja del ladrillo había inflado –y de qué manera– también al sector seguros con cientos de miles de pólizas de pisos, apartamentos, hoteles…. tiempos de prosperidad y crecimiento de la Economía.

Orgulloso de sí mismo

Morera se siente orgulloso de su trayectoria personal, había ganado mucho dinero, lo estaba invirtiendo en nuevas empresas y diversificando en sectores; la crisis general fue un escenario plagado de oportunidades donde el chucenero se expandió comprando empresas, la mayoría de las veces por el pasivo y sus quitas correspondientes bien negociadas con los acreedores.

Un tipo simpático, detallista, excelente anfitrión, escasamente generoso y bastante desconfiado, empezó a proyectarse como el empresario de éxito que-todo-lo-compra
Morera hace tan solo unos años aparecía como un nuevo triunfador de Sevilla, una especie de Luis Portillo pero más expuesto socialmente y menos ambicioso empresarialmente; fue cuando tuvo la tentación de querer dar un paso más en su exposición pública e intenta, sin éxito, optar a puestos institucionales como la Cámara de Comercio de Sevilla, donde se estampó tras los primeros movimientos contra un muro de intereses muy consolidado en la ciudad, controlados por Paco Herrero León y sus incondicionales. Morera, no obstante, logra (pagando, como todos) uno de los tronos de la cabalgata del Ateneo en 2006, el del Rey Gaspar. En los otros dos tronos desfilaron el abogado Luis Miguel Martín Rubio, entonces vicepresidente de Caja Sur y José María del Nidopresidente del Sevilla FC que se maquilló de negro encarnando a Baltasar. Nueve años después, en 2015, sería su hija Rocío Morera Maldonado, adjunta a la presidencia del Grupo Morera&Vallejo y Directora General de Millennium, la que abrió el desfile de de los Magos sevillanos como Estrella de la Ilusión,  mereciendo el día después los honores de portada en El Correo.

Quiso comprar el Real Betis

Previamente, fracasados los intentos por lograr un puesto de relevancia social o institucional, Antonio Morera estuvo tentado como otros personajes contemporáneos de Sevilla por el negocio del fútbol, llegando a tener contactos con Mario Conde y sus hombres a cuenta del Real Betis sin Ruiz de Lopera. Cuentan fuentes conocedoras de una cena en el cortijo de Morera que “el acuerdo estaba hecho y presto para la firma, pero Morera introdujo una claúsula en el último momento que establecía un pacto de retroventa para el caso de que Lopera reclamase o impugnase la operación. Mario Conde -que apenas cenó arroz blanco y bebió agua mineral- se levantó cortésmente y rechazó la operación, despidiéndose fríamente ante el asombro de Morera”.

Si quería la TV como un entretenimiento de promoción personal y de sus negocios que vale, pero que sería un juguete caro, un capricho que, no obstante, se podía permitir desde su situación financiera
La figura de Morera, un tipo simpático, detallista, excelente anfitrión, escasamente generoso y bastante desconfiado, empezó a proyectarse como el empresario de éxito que-todo-lo-compra, de tal forma que al personaje le llegaban a diario muchas propuestas, chollos de operaciones en los más increíbles sectores económico de una Andalucía cuarteada por la crisis y mucha desesperación entre empresarios que lo perdían casi todo con los embargos de la banca o la Seguridad Social.

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Primer intento de comprar ‘El Correo’

Ya por aquel entonces le llegó más o menos en serio la oferta de compra de El Correo de Andalucía de la mano de Juan Sillero, uno de los altos ejecutivos de Alfonso Gallardo, ‘El chatarrero’, dueño del grupo siderúrgico extremeño Balboa, en concurso de acreedores y con los bancos apretando por hacer caja.

No cuajó entonces la negociación porque Gallardo solo vendía El Correo, sin el Diario Jaén que en lote pretendía Morera, dentro de una jugada que pasaba por negociar después la cabecera del Diario Jaén con el Grupo Joly que no tenían periódico en la capital del Santo Reino. Recuérdese que Jaén era, además, el feudo político de Gaspar Zarrías al que Gallardo aún le guardaba el aire desde que le empujó en 2007 a comprar el negocio de prensa regional del Grupo Prisa ‘a cambio’ de un oleoducto desde el puerto de Huelva, pasando por Doñanahasta Extremadura. A Gallardo el ‘consejo’ de invertir en medios de comunicación de papel le supuso entonces desprenderse de 19 millones de euros de la época.

En ese contexto temporal fue cuando le ofrecen a Morera una emisora de TV, adjudicada años atrás por la Junta a un empresario de Huelva que la tenía en Sevilla semi abandonada. Aquella concesión era lo más parecido a un galgo en tiempo de veda.

Días antes de cerrar la operación de quedarse con la emisora de TV, Morera cenó con un amigo al que preguntó qué le parecía lo de meterse como empresario en el sector de la comunicación.

El amigo, que siempre le habló claro y por derecho, le preguntó que para qué diablos quería una Tv. Que, si la quería como un entretenimiento de promoción personal y de sus negocios que vale, pero que sería un juguete caro, un capricho que, no obstante, se podía permitir desde su situación financiera. Y también le dijo: “ahora bien, si lo que pretendes es abrir una división empresarial en el sector de la comunicación en tu grupo, debes saber que eso no es echar  un huevo a freír, es poner los tuyos a la vista para que te los achicharren, llegando incluso a poner en riesgo el resto de tus negocios si las cosas se complican en un sector ya de por sí complicado”.

Ni que decir tiene que Antonio Morera dijo aquella noche que tenía claro que una cosa era la explotación comercial, donde tenía grandes ideas, y otra bien distinta la línea editorial, algo que – entonces– pensaba que debía ser plural y tarea “de los profesionales”. Era el mismo discurso que mantuvo en sus primeros intentos por hacerse con El Correo y el Jaén. Con el paso del tiempo y los hechos ocurridos con su gestión directa y personal en El Correo, se han revelado sólo como frases políticamente correctas.

‘El decano’ enfila su penúltima curva de la muerte en 2013

Morera había comprado la tele y  El Correo de Andalucía, con medio centenar de trabajadores dentro, estaba a punto de enfilar su penúltima curva de la muerte. Corría el otoño de 2013 y al frente del periódico estaba el periodista Juan Carlos Blanco, actual Portavoz de la Junta de Andalucía.

Es cuando el empresario extremeño Alfonso Gallardo, amigo personal de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, – el columnista mejor pagado de aquel Correo- le vende a un tipo con antecedentes penales, condenado y encarcelado por estafa, a través de un despacho de intermediación empresarial de Bilbao, el periódico y toda su plantilla por un simbólico euro.

Fue la culminación de un encargo profesional y de amigo que el propio Alfonso Gallardo le hizo al abogado sevillano Luis Miguel Martín Rubio durante el cóctel posterior a la última boda del torero Fran Rivera en Ronda, con todos los caballeros tocados con sombreros de copa.

De hecho, Martín Rubio acompañó al “nuevo propietario” del periódico, Diego Israel Castrejón Barco, ante una redacción que alucinaba en colores porque muchos conocían la oscura biografía del nuevo Administrador Único, especialmente Juan Carlos Blanco del que Castrejón presumía de ser “amigo”. Blanco fue el  último director del periódico de la etapa Gallardo  que abandona nada más entrar Morera Vallejo. Aquella operación de venta opaca y posiblemente fraudulenta se acabaría desmontando a las bravas, con el PSOE a tope para borrar su pasado en el control del periódico, no sin antes hallar un mirlo blanco, un “salvador” para la cabecera decana y su plantilla. En el Registro Mercantil figura la inscripción del indeseable dueño que dura un solo día como tal, el 5 de diciembre de 2013.

El hombre caído del cielo, el salvador del periódico, iba a ser Antonio Morera Vallejo y todo comenzó en esta ocasión con una llamada de teléfono la mañana del Día de Difuntos del año 2013, con Morera en su finca de Doñana.

Por ahí continuará la próxima entrega de esta historia.

En la 2ª parte:

Antonio Morera: “¿No te parezco yo un buen director para el periódico?”

Morera ya intentó comprar ‘El Correo’ antes de noviembre de 2013, pero Gallardo no cedió a sus pretensiones de meter en el mismo lote el Diario Jaén.

No admitir al Grupo Morera&Vallejo en el Concurso de la TV digital, fue la primera señal de que la Junta le había abandonado a su suerte.

¿Cuáles son los motivos por los que el PSOE-A ha dejado caer a Morera como empresario del sector de la Comunicación?