Activistas bloquean la sede de Enagás en Huelva exigiendo que los sectores industriales sean solidarios y reduzcan su consumo ante la crisis energética

Un centenar de activistas de Rebelión por el Clima bloquea la regasificadora onubense.

Rebelión por el Clima señala la insostenibilidad del polo químico de Huelva y demanda un «plan de transformación urgente que no deje a nadie atrás».

«La regasificadora de Enagás es una muestra clara de las consecuencias de la concentración de industrias contaminantes. La transición energética debe acelerarse como respuesta actual crisis energética, social y ambiental».

Lunes, 17 de octubre de 2022. En Huelva un centenar de activistas se han concentrado frente a la terminal de Enagás para gritar alto y claro que no se puede dejar que las empresas gasistas e industriales nos impongan su agenda frente a los intereses de las mayorías sociales. Con esta acción, el movimiento Rebelión por el Clima quiere denunciar que la ciudadanía más vulnerable en el Norte y en el Sur Global es la que está pagando la crisis energética de la que se lleva años avisando.

Han sido numerosas las acciones que durante muchos años diversos colectivos han realizado reivindicando la salida de un modelo de producción y consumo basado en combustibles fósiles. La enorme dependencia de las economías de esta energía ha financiado a corporaciones y países que violan de forma sistemática los derechos humanos. A su vez, los combustibles fósiles están originando un enorme impacto ambiental y climático del que ya se están sufriendo las consecuencias. Los altos precios internacionales del gas ocasionados por la demanda europea están haciendo prohibitiva la energía para amplias capas de la sociedad este invierno. También sume en una crisis energética mucho más grave a países del Sur Global.

Rebelión por el Clima recuerda que el 78% del gas que se consume en el Estado español lo acapara la industria y la generación de energía eléctrica. En Andalucía esa cifra asciende al 84,6%, siendo Huelva y Cádiz las provincias con mayor índice de consumo. Un cálculo conservador realizado con datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico muestra que el conjunto de las industrias y centrales del polo consume el equivalente a 1,5 millones de hogares con calefacción en un año. Sin embargo, son las familias en pobreza energética las que sufren las consecuencias por la escalada de precios y la inflación. En el plan Más Seguridad Energética presentado recientemente por el Gobierno hay medidas de protección a las familias vulnerables, pero también pretende destinar muchos recursos y esfuerzos a nuevos proyectos de gas y a una industria altamente consumidora de gas y electricidad.

Con esta acción las activistas exigen que sean los sectores industriales más contaminantes y tóxicos, como los que existen en Huelva, los que deben asumir una mayor ahorro energético y alcancen su descarbonización antes de 2040. Rebelión por el Clima recuerda que la disminución del consumo de estos sectores destensaría el mercado produciendo una relativa reducción del precio del gas y la electricidad. El gobierno, junto con la UE, debe retirar su apoyo «sin condiciones» a las industrias de alto consumo energético, como la siderúrgica, la cementera o la química, para compensar sus pérdidas, o la subvención de medidas de descarbonización, que las industrias deberían haber puesto en marcha hace tiempo, beneficiándose de los derechos gratuitos del sistema de comercio de emisiones de la UE.

Las grandes energéticas han vendido el gas “natural” como barato, limpio y disponible, pero la realidad ha mostrado que provoca guerras, pobreza energética y crisis climática, igual que el petróleo y el carbón. ​Por ello, Rebelión por el Clima exige una hoja de ruta para el desmantelamiento progresivo de estas infraestructuras sin dejar a nadie atrás. Así, estos cierres han de ir en paralelo con un adecuado despliegue de energías renovables y ahorro de energía respetuoso con las personas y el planeta. Para el movimiento climático la continuidad del gas en la producción eléctrica debe de frenarse, alcanzando su completa desaparición antes de 2030.

Una transformación que debe cimentarse en la participación activa de la ciudadanía en este cambio (autoconsumo, comunidades energéticas, eficiencia, ordenación territorial, toma de decisiones…) y los programas de transición justa para las personas trabajadoras. Ante la situación de emergencia social es preciso incrementar el apoyo urgente a los colectivos más vulnerables para garantizar el derecho a una vida digna. Unas medidas que deben de contemplar un plan sin precedentes de mejoras de aislamiento y eficiencia energética que unido a la trasformación de las calderas de gas por calefacción renovable y autoconsumo deberían lograr dejar de quemar gas en nuestros hogares y edificios en 2035.

Rebelión por el Clima realiza esta acción en una de las provincias que más han sufrido durante decadas las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias de ser una zona de sacrificio. La concentración en la provincia de sectores industriales y mineros altamente tóxicos ha originado la contaminación de todo el entorno. Las balsas de fosfoyesos y otros residuos radiactivos o la dispersión de contaminantes industriales en la atmósfera llevan años degradando la salud de las personas y los ecosistemas. Con esta acción Rebelión por el Clima exige que las industrias respondan a su deuda histórica e inicien la transformación o el cierre de estos sectores. El movimiento climático demanda que estas empresas hagan frente a  la reparación de los daños ocasionados durante décadas. Por otro lado, la infraestructura energética debe cumplir su compromiso con el Acuerdo de París y reducir sus emisiones un 55% en 2030 con respecto a las de 1990, y un 100% en 2040.

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