«Sequedad en los campos y en las almas», La Onuboteca de La Mar de Onuba rescata un segundo manuscrito sobre El Rocío del Nobel Jacinto Benavente

«Hay sequedad en los campos y 
en las almas. Virgen Santísima, que
tu llanto de amor sea rocío sobre los 
campos mustios y las almas muertas»

Son los versos que escribió que premio Nobel escribió, hace ahora 70 años, a petición del editor onubense José «Pepe Sánchez» Díaz. Era la segunda colaboración del dramaturgo con Sánchez, quien ya ha había logrado con anterioridad que Benavente escribiera la exaltación Requiebros profanos, cuyo manuscrito original fue recuperado por esta revista para su desaparecida edición impresa. Aquel año, 1949, España vivía con desolación una intensa sequía, que Benavente recoge en sus versos.

Ahora, La Mar de Onuba ha recuperado también el original manuscrito de los versos publicados en la revista de Pepe Sánchez, que pasa a engrosar la colección de textos y documentos  recogidos en La Onuboteca, y hoy compartimos con nuestros lectores.

Los versos autógrafos de Jacinto Benavente publicados por el editor onubense Pepe Sánchez en 1949

 

La mención de Juan Ramón en Platero y yo

«Platero, el Borriquillo inseparable de Juan Ramón Jiménez, se arródilló, en aquel tiempo, ante la Imagen de Nuestra«, recordaba en 1949 el periodista Diego en sección Gotas de Rocío.

Aunque no consta que ningún otro premio Nobel, aparte de Jacinto Benavente haya escrito un texto específicamente para la Romería del Rocío, aquel mismo año el escritor onubense Diego Díaz Hierro, colaborador habitual de las aventuras editoriales de Pepe Sánchez, recordaba en su revista la mención que Juan Ramón Jiménez, el Nobel de Moguer, hacía en su obra Platero y yo. 

Por su interés, reproducimos el artículo de Díaz Hierro, publicado hace ahora setenta años:

El mismo poeta nos lo cuenta. Nos lo refiere literaria mente. Y se piensa en Gonzalo de Berceo y en la elegancia del silencio. Y nos acordamos de la inocencia del aire en el que se estallaban las pretéritas pompas de jabón. Después de la lectura de estas dulces páginas, querriamos dejar de ser hombres para vivir como la hierba, como el bello florecer de la esperanza. Es en el capítulo cuarenta y ocho de su PLATERO Y YO, la encantadora Elegía que compuso este poeta moguereño. Después de leerle, nos llega un ángel a la orilla del alma y se nos duerme en ella como en un inefable prado de margaritas.

Había llegado la primavera a Huelva. El campo de Moguer pulsaba arpas de amapolas. Las azucenas de aquellos huertos y viñas que rodeaban al viejo cementerio invitaban a pájaros y libélulas a escuchar sus canciones de nieve. El trino, en el aire, se  había hecho emperador. La ingenuidad de este paisaje aldeano parecía tener reflejos de los antiguos nácares olvidados en los secretos amables de las cómodas y consolas
huelvanas.

Una tarde de estas, por la calle de la Fuente, Juan Ramón se marchó con su borriquílIo a esperar las carretas. Venían ya de vuelta los rocieros con su idolatrada Madre del Rocío. Caía «una suave llovizna». Al aparecer la Virgen, llovería a raudales, aunque ésto no lo dice el poeta. Nos lo ha dicho, hace unos años, y en esta misma revista, otro
magnífico escultor de la metáfora y de la belleza suprema, José María Pernán. La Virgen no es Rocío simplemente, sino una gran lluvia de amores.

Fueron pasando, al contrario de lo que hoy sucede, los alegres caballistas, los escandalosos carrillos de los que bebieron más de la cuenta, las carretas adornadas de espejos y COI tinas almidonadas y, por último, la Virgen, el Sin Pecado, «tirado por dos grandes bueyes píos>.

Y se obró el milagro, al menos, poético. Nos lo dice el poeta, como él nos refiere todas las cosas: con belleza de sinceridad, desnudando para nosotros-que no nos lo merecemos-su corazón de cristal en el que parecen aletear gozosamente aprisionadas aquellas mariposas blancas, que no pudieron ver los pobres consumistas del capítulo
cuarto del mismo poema.

«Platero entonces- dice el poeta-dobló sus manos, y, como una mujer, se arrodilló, blando, humilde y consentido».

*

En este año en que todos los buenos escritores de España, como Alberto Insúa, Ramón Pérez de Ayala y Ramón Gómez de la Serna, han vuelto a la madre Patria, me he acordado de este excelso poeta, que al Rocío, al regreso de la Hermandad de su pueblo, le dedicó páginas tan sencillas como bellas y elocuentes. Y me pregunto: ¿Por qué
no? ¿Vendrá algún día a España y a Huelva? ¿Se inspirará nuevamente ante Nuestra Señora del Rocío? ¿Le sonreirá la Virgen y le perdonará su desvío? Si no Platero, ¿se arrodillará él y todo Moguer en acción de gracias por tanto placer?

**

ENVio: A César González Ruano, magnífico poeta, cantor, con Romero de Torres,
de su modelo Carmen Casena 11 del embrujo andaluz, Capitán con voz de mando en
su simpático «Meridiano de la Puerta del Sol», con admiraci6n 11 sincera amistad.

«Requiebros profanos», el manuscrito de Jacinto Benavente sobre El Rocío

 

 

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