Se llama violencia

por Pedro Iniesta Ruiz

 

Lunes, 28 de marzo de 2022. La pasada gala de los Oscar nos ha dejado dos cosas: por un lado, un pésimo sabor de boca, y por el otro, un nuevo debate nacional. Will Smith, tras unos chistes de mal gusto por parte del presentador sobre su mujer, entró en una cólera irracional, subió al escenario y le dio un guantazo al presentador.

Muchos, por el cariz hiperbólico de la situación, no sabían si todo era parte de un guion, pero no; se trató de un arranque de macho alfa protagonizado por Will Smith.

Hoy en las redes sociales muchos buscaban una justificación para esta agresión: que el actor estaba nervioso, deprimido, afectado por algo… y es posible, incluso es probable, pero cuidado:

Es peligroso justificar la violencia, y cuando alguien cae bien, esa justificación se hace mucho más fácil. Aquí tenemos a una persona que pierde los papeles, que cree que su mujer necesita la defensa del gallo más gallo del gallinero para salvaguardar su honra.  Y además de eso, tenemos a una organización, la de la gala, que deja pasar el episodio como si nada y que es capaz de darle un Goya a renglón seguido. Y, por último, tenemos a un público, degradante, que le ríe la gracia cuando recoge el premio.

Es vergonzoso que, ante una conducta violenta, haya una parte de la sociedad que mire para otro lado. La fama no te da carta de naturaleza para tratar a tu mujer como mercancía y al prójimo como un saco de boxeo.

Es lamentable que haya niños que, viendo todo esto, crean que los conflictos se resuelven así. El mensaje es:  si en el patio del colegio un chico le hace un comentario desagradable a tu novia, en vez de recriminárselo o de denunciarlo, haz como Will Smith y escribe la justicia con tu puño y letra.

El arranque de ira con tintes machistoides de Smith es, desgraciadamente, el pan nuestro de cada día, es cierto, pero la condena ante algo parecido no debería empezar por un “pero”.

Quienes nos dedicamos a la docencia sabemos que es con el ejemplo, y no con las palabras, como se educa. Así que, a quienes se dejan llevar por el fenómeno fan, les pediría que piensen si quieren que sus hijos arreglen los problemas a puñetazos, o si quieren al más machito del barrio salvaguardando la honra de sus hijas, como si las mujeres necesitasen de un hombre para defenderse.

No se si la academia le retirará o no el premio, pero espero que el público sí se atreva a retirarle el crédito. Se llama machismo. Se llama violencia.

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