Manuela Parralo, “de canto” ante las temporeras, por Martu Garrote

la Sudelegada del Gobierno en Huelva, Manuela Parralo.

por Martu Garrote


Esta semana, he publicado en mi MartuBlog, un artículo en referencia a un episodio sucedido hace más de 35 años, en el que una mujer maltratada, salía en plena noche huyendo de su casa con sus dos hijas pequeñas de la mano y, al dirigirse a la Comisaría de la Policía Nacional para denunciar uno de tantos episodios violentos de su marido, un servidor público le informaba que lo mejor que podía hacer era volver a casa con sus hijas no fuera que el violento la denunciara por abandono del domicilio y llevarse a las menores…

Cerca de cuatro décadas después, leo con estupor que una temporera del campo onubense se dirigió al cuartel de la Guardia Civil a denunciar que había sufrido abusos por parte de su patrón, tocamientos en sus partes intimas no deseados ni consentidos, bajo la amenaza de despido y devolución a su país de no permitirlo. Allí, un agente de ese cuerpo, no solo no la había hecho caso sino que en la denuncia que la trabajadora presentó, asistida por su letrada, se había negado a explicitar que lo denunciado eran tocamientos sexuales no permitidos “abuso” y “acoso”, poniendo en su lugar “insinuaciones sexuales”, pese a las protestas de ambas, víctima y letrada.

Cuarenta años de democracia, de lucha de las mujeres feministas de este país por el reconocimiento de sus derechos individuales, sobre todo el de su integridad física y sexual, una Ley de Violencia de Género, muchos millones invertidos en “educación o sensibilización” de los actores implicados en la lucha contra esta lacra de la violencia machista: jueces, fiscales, policías… Y seguimos igual que cuando a mi madre le recomendó la Policía Nacional volver al miedo, los insultos y los golpes.

No deja de sorprenderme, la Sudelegada del Gobierno en Huelva (provincia donde se están denunciando abusos), Manuela Parralo, mujer, socialista y, por ende, feminista, que presumió de que reforzaría la vigilancia en los campos y todo el proceso seguido por la Dirección General de Migraciones en la contratación y traída a España de las mujeres marroquíes que trabajan en la campaña fresera, al tener conocimiento de este indigno comportamiento de un miembro de la Guardia Civil, se haya puesto de canto escudándose en que el asunto “está judicializado” para no tener que tomar partido por la víctima. Por las víctimas.

Lo que la mujer marroquí quería denunciar en el cuartelillo y no pudo por la negativa del guardia que redactó el escrito constituye una historia de terror que habla de hambre, de miedo, de aislamiento, de falta de conocimiento del idioma para poder defenderse, de coacciones, de maltrato físico, de explotación laboral, de acoso sexual, de violaciones, de incitación a la prostitución y de un sin fin de atrocidades más que deberían haber quitado el sueño a la subdelegada y haberla hecho ser algo más diligente en el cumplimiento de sus funciones.

Entre las funciones constitucionales que tiene Parralo como Subdelegada del Gobierno en la provincia de Huelva están: 

·Proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades, garantizando la seguridad ciudadana, todo ello dentro de las competencias estatales en la materia. A estos efectos, dirigirá las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la provincia.

Si para ella no fuera suficiente incentivo cumplir con su obligación legal y ocuparse de por qué un miembro de un Cuerpo de Seguridad del Estado no cumple con su deber de tramitar las denuncias por delitos que los ciudadanos presenten, Manuela Parralo pertenece a un Gobierno que presume de feminista, que alardea de tener un “consejo de ministras” y que ha hecho de la defensa de los derechos de las mujeres una bandera.

No sé si es que la Subdelegada Parralo no sigue la línea fijada por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, o es que no considera que esta “defensa de los derechos de las mujeres” deba hacerse extensiva a la defensa de los derechos de las mujeres pobres. De las mujeres pobres del campo. De las mujeres pobres del campo marroquíes.

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Marta Garrote

@Martuniki



 

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