Palabras serranas para la paz I: Andalucía en el Congreso de la Paz

Antonio Fernández Tristancho.

Galaroza y La Sierra entera son sitios de Paz. El vergel de nuestras tierras, el rumor del agua que todavía corre por nuestras lievas y nuestras calles, el sonido del herrerillo en una fina y delgada rama, nos sugieren paz, quietud, ternura, respeto.

Cachoneros, onubenses, andaluces todos, podemos sentirnos orgullosos de tener la Paz en nuestro ADN. Nos viene de lejos y nos lo recuerda cada día el emotivo himno que nos legó el Padre de la Patria Andaluza. “La bandera blanca y verde, vuelve tras siglos de guerra, a decir Paz y Esperanza, bajo el sol de nuestra Tierra”. Blas Infante no lo podría haber expresado mejor. El verde de nuestros campos y la cal de nuestras casas son aliados imprescindibles de una actitud, la de los andaluces, que nos ha caracterizado a lo largo de la Historia como Pueblo sabio, solidario y humanista.

Fue un correligionario de Infante, José Andrés Vázquez, quien, tras la I Guerra Mundial,  ofrecía un ejemplo de esta afirmación. El escritor de Aracena pronunció una conferencia el 27 de noviembre de 1918 en el Centro Regionalista Andaluz de Sevilla, titulada ‘La reivindicación de Andalucía en el Congreso de la Paz’, que, ampliada por el propio Blas Infante, se convirtió en la base de las peticiones que nuestra tierra trasladó a aquel magno acontecimiento organizado en Ginebra por la Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU.

El aracenés pronunció en aquella intervención frases como las siguientes: “En los ensangrentados campos de batalla han depuesto los ejércitos sus armas en una tregua precursora del advenimiento de la deseada paz. Durante numerosos días de dolor y angustia –días luctuosos que entre todos formaron una negra noche de espantosa pesadilla humana-, el cañón tronó sin cesar, removiendo la tierra, cuyos surcos recibieron ávidos la sangre de incontables mártires, para que germinase la semilla del dolor sembrado por las rivalidades de los pueblos, en el afán respectivo de imponer sus antagónicos principios de derecho. Se creyó que triunfaría la fuerza sobre la razón, y se ha visto después –tarde, por supuesto-, que por primera vez en el dilatado curso de la historia de los pueblos, ha triunfado la moral sobre la fuerza, para que el humano progreso se encamine por la verdadera senda de una vida mejor, proclamando la libre adopción de sus derroteros sin las trabas que imponían las dictaduras autocráticas, atentas a conservar su poder para que el mundo fuese suyo y sus esclavos los humildes”.

Su alocución definió palmariamente la sangría de jóvenes y ciudadanos europeos en lo que no fue, por desgracia, más que un ensayo de lo que vendría después.

Antonio F. Tristancho, colaborador habitual de La Mar de Onuba es un comunicador rural. Conoce cada palmo de La Sierra y lo refleja en sus reportajes y crónicas, plagadas de recuerdos y emociones. Abogado, asesor, gestor cultural, periodista, community manager y experto en turismo, entre otras experiencias, se considera, ante todo, un serrano que siempre tiene presente a su comarca y a sus gentes.

 

 

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