Nueva Zelanda: grito por la convivencia y la paz en el homenaje a las víctimas

por Houssien El Ouariachi

El viernes 15 de marzo de 2019 tuvo lugar el mayor atentado terrorista de la historia de Nueva Zelanda. Brenton Tarrant, supremacista blanco australiano, emitió en directo a través de la red social Facebook su matanza contra dos mezquitas de Christchurch aprovechando el momento de mayor afluencia que tiene lugar durante el rezo semanal de la comunidad musulmana, con el fin de provocar el mayor daño posible, un objetivo que se saldó con 51víctimas  mortales y 20 heridas de gravedad.

La reacción de las autoridades locales fue inmediata. Tanto el terrorista como otras tres personas sospechosas de colaboración en el atentado fueron detenidas y puestas a disposición judicial.

La primera ministra, Jacinda Arden, calificó el atentado de terrorista, mostró su solidaridad con las víctimas, a quienes consideró neozelandeses, “ellos son nosotros”, y anunció tomar medidas para evitar que se vuelva a cometer una masacre semejante.

En el ámbito internacional, los líderes mundiales de los cinco continentes, también la Casa Real y el gobierno español, denunciaron el atentado terrorista enérgicamente e hicieron llamamientos a trabajar para poner fin a los discursos del odio y la intolerancia, fenómenos que empiezan a desestabilizar el orden internacional y a profundizar las frágiles relaciones entre las civilizaciones, las religiones y los pueblos.

Con su masacre islamófoba que llevaba dos años preparando, el terrorista supremacista pretendía matar al máximo número posible de musulmanes y de paso homenajear a sus inspiradores, cuyos nombres grabó en los rifles de asalto que utilizó, así como en su testamento escrito titulado “El gran reemplazo”, inspirado en los escritos de la extrema derecha, especialmente en su versión francesa, que declara a los inmigrantes, refugiados y extranjeros, especialmente aquellos de religión islámica, como invasores a quienes hay que combatir y expulsar.

Entre los nombres y fechas que el terrorista ha homenajeado figuran los nombres de Anton Lundin Pettersson, joven terrorista sueco de veintiún años que atentó contra una escuela de refugiados y causó la muerte de un profesor y un alumno con una espada; Alexander Bissonnette, joven terrorista francés que atacó una mezquita en Quebec el 29 de enero de 2017 provocando la muerte de seis musulmanes; Anders Breivik, el terrorista supremacista autor de la masacre de Noruega el 21 de julio de 2011 que segó la vida de 77 personas durante el campamento de la Liga de la Juventud, además de otras referencias históricas a Charles Martel, la batalla de Viena… lo que da a entender que su lucha se engloba en el marco de la guerra de civilizaciones que los ideólogos de la derecha y la extrema derecha pregonan desde la caída del muro de Berlín.

Sin embargo, la reacción unánime de los neozelandeses y de la comunidad internacional, las muestras de empatía de la primera ministra, su recuerdo de los nombres de las víctimas y rechazo a nombrar al terrorista, y su visita a las víctimas y sus familiares, secundada unánimemente por su gobierno y la oposición, así como por la ciudadanía del país, ha desbaratado el objetivo de dividir a la sociedad y sembrar el terror y la desconfianza.

Asimismo, y cumpliendo con su promesa, la jefa del Ejecutivo neozelandés y su grupo parlamentario aprobaron el jueves 21 de marzo de 2019, una ley que prohíbe la compra y posesión de armas semiautomáticas de estilo militar y de rifles de asalto. En una entrevista con Aljazeera el miércoles, Jacinda Ardern dijo que animaba además a los ciudadanos a entregar sus armas a la policía aunque no fueras de las prohibidas.

Hoy viernes 22 de marzo, día sagrado para la comunidad musulmana, se ha organizado el rezo comunitario y el funeral de Estado en homenaje a las víctimas.

En los medios de comunicación oficiales se ha transmitido la llamada a la oración musulmana del medio día seguida de dos minutos de silencio; la televisión pública ha retransmitido el rezo desde la mezquita Al Noor, escenario de la matanza, al que asistieron tanto la jefa del gobierno neozelandés como la ciudadanía de Christchurch y de otras localidades, musulmanes y no musulmanes.

En los días previos, hubo iniciativas populares de solidaridad con la comunidad musulmana, se han organizado jornadas de puertas abiertas para que la sociedad se acerque a las mezquitas, hasta hubo una campaña para portar el velo para que las mujeres musulmanas no sientan miedo.

En su sermón, el imam de la mezquita, quien se salvó de la matanza, recordó que Nueva Zelanda es un país fuerte e inquebrantable, que el terrorismo no tiene religión, enfatizó la importancia del respeto, el conocimiento mutuo, la paz y la unidad, e hizo un llamamiento a los gobiernos del mundo a poner fin a los discursos del odio y el miedo.

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