Mongolia o cómo ser un oasis en medio de la pandemia

Más de 3 millones de habitantes, país vecino de China, alrededor de 230 casos positivos y 0 muertes por coronavirus. 

Mongolia contaba con bastantes factores para convertirse en un país vulnerable ante la pandemia de la COVID-19, sin embargo, todo apunta a que la rápida actuación del país lo ha salvado del desastre. 

 

Este país asiático es conocido por tener viva la cultura nómada, por ser vecino de dos gigantes: Rusia y China, donde se originó la pandemia, y, a partir de ahora, también será popular su gestión frente a la crisis sanitaria que ha azotado a todo el mundo.

Mientras el mundo entero seguía a lo suyo, en enero, China ya estaba empezando a notar la llegada del virus desde hacía semanas, pero no fue hasta el 20 de ese mes, cuando las autoridades chinas confirmaron que se trataba de un virus que se podía transmitir entre humanos.

Ulán Bator, capital de Mongolia, llevó a cabo la perfección lo de “si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, por lo que decretó el cierre de las escuelas desde el 24 de enero y, días más tarde, impuso restricciones de movimiento desde China. Más tarde, las autoridades decidieron cerrar totalmente las fronteras, y suspender los viajes internacionales aéreos, ferroviarios o por carretera.

Sin pensarlo, Mongolia también tomo una medida sin precedentes: suspendió la celebración de su Año Nuevo lunar.

“Como resultado de estas medidas tempranas, el país fue capaz de ganar un tiempo muy valioso para fortalecer [su sistema de] preparación” (OMS en Mongolia)

RASTREO Y COMUNICACIÓN 

Estas medidas ayudaron a cortar la propagación del virus, pero, sin duda, los métodos más eficaces que han llevado a cabo las autoridades mongolas han sido el rastreo y la comunicación durante la emergencia sanitaria.

Lo cierto es que el país lleva una década preparándose para este tipo de situaciones, primero con el SARS en el año 2000 y, nueve años después, con el virus de la Influenza A (H1N1).

Uno de los aspectos más destacados de la respuesta del país frente a la COVID-19 ha sido el sistema de vigilancia multisectorial, que detecta los incidentes y se encarga de alertar a los organismos sanitarios, así como a otras áreas, como, por ejemplo, medios de comunicación.

Desde muy temprano, tanto el gobierno como la OMS daban comparecencias conjuntas en televisión e informaban por otras vías, como las redes sociales, para comunicar sobre el desarrollo del virus en el país.

“Por la capacidad del sistema sanitario de Mongolia, tanto el gobierno como el público han estado muy preocupados por el virus y la gente ha cumplido de manera obediente con todas las medidas”. Así, lo aseguraba Baljmaa T., periodista de una agencia mongola de noticias, a BBC Mundo.

NINGÚN CONTAGIO LOCAL 

La medida de ponerse mascarilla no les costó a los mongoles, ya que, como gran parte de la población asiática, ya estaban acostumbrados a hacerlo. Las autoridades y los sanitarios solo tuvieron que insistir en la práctica del lavado de manos de manera idónea.

Todas estas medidas fueron las que contribuyeron a que en el país no exista, por el momento, ningún contagio local. El primer caso se dio a principios de marzo en un viajero francés y, desde ese momento, se han registrado alrededor de 230 casos, todos importados.

Muchos han apuntado que, en realidad, contener el virus en este país asiático no tenía mayor complicación debido a su poca densidad de población (2 habitantes por kilómetro cuadrado). No obstante, la situación podría haberse vuelto insostenible por varios factores: en la capital reside al menos el 40% de la población totaltiene conexiones directas y diarias con China y otras regiones como Seúl.

AL OTRO LADO 

A pesar de que, gracias a estas estrictas medidas, el país está saliendo prácticamente invicto de la situación, la realidad es que nunca llueve a gusto de todos.

El cierre de fronteras dejó al coronavirus más lejos, pero, también, a muchos mongoles que tenían el deseo de regresar a sus casas. Medios nacionales han informado de que casi 13.000 personas han sido repatriadas, pero se calcula que al menos otras 10.000 siguen a la espera de volver.

Las críticas no solo vienen desde el otro lado de las fronteras. Los mongoles denuncian que las medidas han sido demasiada estrictas y que, como consecuencia, han dañado profundamente la economía de los pequeños comercios.

Por otro lado, la indignación entre la población ha crecido en cuanto ha visto que, mientras cumplía con las restricciones y se privaba de fiestas nacionales como el Festival Naadam, los altos cargos sí disfrutaban de ella sin distanciamiento social ni mascarillas.

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