Marx, la historia y la Historia

Karl Heinrich Marx nació en el reino de Prusia el día 5 del mes de mayo de 1818. Estamos en su bicentenario, en el año del bicentenario del nacimiento de uno de los protagonistas más importantes de la Edad Contemporánea.

Karl Marx, debido a su gran aportación, el materialismo histórico, fue uno de los grandes pensadores históricos del siglo XIX. Los otros gigantes historiadores de aquella centuria fueron el también prusiano Leopold von Ranke, que encabezó el historicismo (al que él mismo entendía como la filosofía de la Historia que considera irrepetibles los hechos del pasado, los cuales sólo pueden ser comprendidos en su propio contexto); el pensador francés padre de la sociología August Comte, que lideró el positivismo (aquella corriente del pensamiento que se dedica enteramente a buscar las leyes constantes del devenir humano); y el historiador francés Jules Michelet, capitán del romanticismo historiográfico (el pensamiento encargado de crear las historiografías nacionales que facilitaron a los grupos burgueses europeos forjar la identidad de sus respectivas naciones, de forma que los historiadores románticos serían los principales constructores académicos de las naciones).

Muchos consideran que Karl Marx aún tiene mucho que decir sobre la realidad, sobre la realidad del presente y sobre la del pasado. Y muchos hasta creen que también sobre la realidad del futuro.

Aquí hablaremos, brevemente, del marxismo y el pasado, del marxismo y la Historia.

Teorías históricas ontológicas y teorías históricas epistemológicas

La palabra historia tiene dos significados diferentes pero muy interrelacionados. Yo los distingo escribiendo uno de ellos con mayúscula su inicial letra H.

A un lado del ring está el proceso, histórico, es decir, el objeto, la res gestae; al otro, se sienta el conocimiento y descripción de ese objeto, esto es, la historia rerum gestarum. Yo escribo historia cuando hablo del primero, el objeto, y escribo Historia cuando trato del segundo.

Siguiendo al filósofo de la Historia holandés Chris Lorenz, existen teorías o escuelas que se dedican unas al estudio del objeto y otras al estudio del conocimiento del objeto, unas a la historia, llamadas materiales u ontológicas porque proponen alguna forma del ser de la historia, y otras a la Historia, llamadas epistemológicas. Ambas teorías están interrelacionadas, pues las presuposiciones acerca de en qué consiste la historia (ontología o metafísica) están ligadas a presuposiciones sobre lo que es el conocimiento histórico (epistemología histórica) y sobre cómo el conocimiento histórico puede ser alcanzado (metodología histórica).

Una de las teorías materiales y ontológicas es la de Karl Marx, la marxista, para la cual la historia es entendida como un proceso de lucha de clases. Como buena teoría ontológica, presenta a la historia como determinada o condicionada por mecanismos subyacentes (en su caso, la lucha de clases) y es por esa razón por la que se la encuadra así mismo entre las teorías mecanicistas.

Lo que es el materialismo histórico

Ni la Razón de los hombres de la Ilustración, ni el materialismo histórico que brota del marxismo y que a tantos encandiló durante tanto tiempo (y aún encandila) han sido capaces de hacer de la Historia una ciencia (natural y formal, se entiende), el paraíso objetivo de los estudiosos de la historia en minúscula, de aquello que encapsulamos en porciones reconocibles para poder luego explicarlo.

Pero, ¿qué es, a todo esto, el materialismo histórico? Es el marco conceptual del que Marx y su compatriota, amigo y mecenas, el también pensador y teórico revolucionario Friedrich Engels, se sirven para comprender y explicar el pasado con el objetivo de que esa manera de escribir la Historia pueda tener una utilidad futura que acabe con las desigualdades históricas de las sociedades. Pero es una expresión que ninguno de los dos usó jamás. Como tampoco usaron nunca la expresión materialismo dialéctico, aunque los marxistas, a la hora de sistematizar la filosofía marxiana, consideraron que este último, el dialéctico, sería digamos el envoltorio conceptual de toda la doctrina de Marx, donde quedaría englobado el esencial materialismo histórico.

El historiador español Juan Sisinio Pérez Garzón dice del materialismo histórico que su importancia descansa en el hecho de que “planteó el reto de analizar la totalidad humana como totalidad social y situó las clases sociales en el eje explicativo de los procesos históricos”.

Con pretensiones científicas, Marx y Engels escribieron en el Manifiesto comunista, de 1848, que “la historia de todas las sociedades existentes hasta el presente es la historia de la lucha de clases”. La estructura económica domina todas las relaciones humanas, de tal manera que los humanos se vinculaban y sostenían mediante el sistema productivo, por medio del cual mantenían unas determinadas relaciones de producción que condicionaban la superestructura bajo la que vivían, es decir, todo el ámbito social, todo el ámbito político e incluso todo el ámbito intelectual.

Según el materialismo histórico, que acabo de definir sucintamente, las sociedades humanas evolucionan debido al agotamiento del proceso productivo que tiene lugar por culpa de un proceso dialéctico, por culpa de una contradicción. Una periódica contradicción que ocurre en el frágil equilibrio entre la población y los recursos que ésta necesita, provocando algo esencial, que es el cambio. Un cambio del que nace una nueva estructura económica: un nuevo modo de producción, una nueva forma de organización social de la actividad económica. Para el marxismo, los sucesivos modos de producción fueron, antes del triunfo de la Revolución Rusa en 1917: el comunismo primitivo, el modo de producción asiático, el modo de producción esclavista, el modo de producción feudal y el modo de producción capitalista. Con el triunfo de las revoluciones marxistas, el marxismo entendió que el nuevo modo de producción sería el socialista. Y que así se cumplía lo esencial del materialismo histórico, el cual pretende demostrar que el fin de la historia, el objetivo del tiempo de los hombres sobre la Tierra, es la liberación humana.

En definitiva, el materialismo histórico entiende que el motor de la historia son las relaciones de producción, esto es, las relaciones económicas entre los hombres respecto de las cosas, o más exactamente la lucha política clasista.

Triunfo y ¿caída? del materialismo histórico

El éxito que tuvo entre los historiadores durante mucho tiempo el materialismo histórico debe mucho a los historiadores marxistas británicos que desde la segunda mitad de la década de los años 40 del siglo XX desarrollaron su extraordinario potencial historiográfico.

Eric Hobsbawm y Karl Marx

La influencia del marxismo sobre la profesión histórica había sido ínfima hasta que con la Primera Guerra Mundial se dio la primera quiebra de la ideología del progreso y la razón y, sobre todo, hasta que tuvo lugar el triunfo de la revolución bolchevique en la Rusia zarista. Los historiadores marxistas británicos tuvieron su propia (revista) Annales, fundada en 1952: Past and PresentLos principales fueron Maurice Herbert Dobb, economista y experto por tanto en la Historia económica; el arqueólogo Vere Gordon Childe; el medievalista Rodney Hilton; Christopher Hill, modernista; y el más famoso de todos a la larga, el especialista en la Edad Contemporánea Eric J. Hobsbawm. Frente al escolasticismo marxista habitual de los historiadores marxistas franceses o frente a la misma escuela de Annales, los británicos no rechazaron escribir una Historia social (heredera del positivismo del siglo XIX y del materialismo histórico) atenta por igual a lo que Hobsbawm llamó microcosmos y macrocosmos, es decir, a los enfoques estructurales o a los estudios de los acontecimientos.

Otro de los historiadores marxistas británicos de la segunda mitad del siglo XX destacados es Edward Palmer Thompson, autor de una joya historiográfica donde logró superar el inoperante estructuralismo de muchos historiadores adoradores del materialismo histórico a base de materialismo histórico labrado “en contextos sociales y culturales forjados en la propia experiencia histórica y práctica laboral y política de los respectivos grupos de la sociedad”, tal y como ha dicho de él el historiador español Enrique Moradiellos: The making of the English working class (La formación de la clase obrera en Inglaterra), aparecida en 1963.

Desde los años 70 del siglo XX, y en la historiografía sobre todo a partir de los 80, la persona, el individuo, empezó a ser considerado por algunos pensadores nuevamente el sujeto histórico, en contra de lo defendido por las triunfantes hasta entonces teorías de los funcional-estructuralistas de Annales o de los marxistas, para las cuales las personas parecían estar ocultas.

Cuando los posmodernistas comenzaran a difundir a finales de la década de 1970 sus teorías, aquellas que anunciaban el fin de los metarrelatos, de las metanarrativas, es decir, el fin de las grandes interpretaciones generales, e incluyeran entre estas al marxismo, junto al cristianismo o la idea de progreso, el materialismo histórico dejó de ser una de las principales corrientes historiográficas, de tal manera que cuando en 1979 el historiador británico Lawrence Stone diagnostique el estado de la historiografía, describirá la caída de los grandes paradigmas, entendiendo por tales al marxismo, a la escuela de Annales y la cliometría.

Evidentemente, aquello no supuso, ni mucho menos, la desaparición del materialismo histórico en los libros de Historia ni tampoco que todos los historiadores abandonaran su uso como herramienta interpretativa del pasado. Pero desde entonces, el empleo del marxismo para conocer el pasado cuenta con un enconado enemigo. Otro más.

Postdata

De lo que no me cabe duda es de que Marx se equivocaba por completo (doblemente) cuando escribió aquello de:

“Hegel dice en alguna parte [no es cierto] que todos los grandes hechos y personajes de la historia aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se le olvidó agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”.

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