La mal llamada gripe española

No se equivocó la Organización Mundial de la Salud cuando, en 2015, indicó que era mejor que el nombre de las enfermedades no incluyese designaciones geográficas, de personas, animales o alimentos. Puede parecer una decisión baladí, hasta que te das cuenta de que hacerlo puede acarrear tremendos errores, como el de la conocida gripe española, que tuvo mucho de gripe y poco de española.

No, el origen de la gran pandemia del siglo XX no tuvo lugar en España. 

Hace 102 años, aparecía el brote de una gripe que se expandió por todo el mundo, infectó a más de un tercio de la población mundial y acabó con la vida de más de 50 millones de personas.

Todo comenzó en 1918, en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, y duró algo poco más de un año.

KANSAS, ESTADOS UNIDOS

Durante esta época, Estados Unidos llevaba en guerra con Alemania y otras potencias desde hace aproximadamente un año. Tenía varios frentes abiertos y eso se demostraba en su vasto ejército enviado a Europa, de más de dos millones de soldados.

Mientras, en una de sus bases militares, Camp Funston (Kansas, Estados Unidos), murieron 48 soldados por lo que aparentemente tenía pinta de gripe común, de tal forma que los niveles de preocupación eran más bien bajos. Cuando otros soldados terminaron de prepararse en la base, fueron enviados a Francia para disputar el último frente de la guerra. De esta manera, se abrió lo que sería la primera gran puerta que permitiría la rápida expansión de esta mortífera gripe.

MUERTE RÁPIDA

En Estados Unidos, comenzó a haber una oleada de casos de personas que contraían la gripe un día y que, al día siguiente, morían. Los contagiados empezaron a tener fiebres muy altas e insuficiencias respiratorias, que provocaban que los pacientes tuvieran un color azulado en el semblante. Además, las hemorragias encharcaban sus pulmones, lo que producía que los enfermos se ahogaran con sus propios fluidos.

Esta gripe rápida y letal no dejó a títere con cabeza, atacó a personas mayores, niños y, sobre todo, a adultos de mediana edad.

LA ENFERMEDAD MÁS ALLÁ DE EE UU 

A día de hoy, los expertos no han llegado a dar todavía con el origen exacto de la epidemia. Lo que sí es evidente es que el vehículo para que esta patología se expandiera con una rapidez sin precedentes fue la guerra y las movilizaciones masivas que esta conllevaba.

Los soldados se fueron pasando el virus unos a otros, aunque lo peor estaba por llegar. No tardó en entrar a las casas y en atacar a la población civil, por lo que la tasa de mortalidad se fue elevando a niveles estratosféricos, hasta tal punto que las funerarias no se podían encargar de todos los cuerpos y, muchos de ellos, fueron depositados en fosas comunes.

A pesar de que España se posicionó neutral en la Gran Guerra, el país no se salvó de la pandemia, donde azotó con la misma crudeza que en el resto de países. Durante 1918, en España hubo más muertes que nacimientos, hecho que se repetiría en la Guerra Civil.

Lo cierto es que, tarde o temprano, esta gripe se instaló en todos los rincones del mundo: Australia, Gran Bretaña, Francia, India, Estados Unidos, España y un largo etcétera. De tal manera que la pandemia se cobró más vidas que la propia guerra.

ENTONCES, ¿POR QUÉ ESPAÑOLA?

Los países que estaban sumergidos en la guerra, también estaban sometidos a una fuerte censurapor lo que la gripe no dejó rastro ni en la prensa europea ni en la estadounidense. El papel fue, al parecer, el único inmune a la pandemia.

Sin embargo, España, por ese entonces, no entraba dentro de ese saco debido a la ausencia de su participación en el conflicto, por lo que fue el primer país en primera en hablar y escribir libremente sobre lo que estaba sucediendo: había una enfermedad que estaba matando a la población.

Al principio, los españoles le dieron otras denominaciones como «El soldado de Nápoles» o «La enfermedad de moda». Sin embargo, un corresponsal del The Times en Madrid bautizó la gripe como «Spanish influenza» y así perviviría hasta la actualidad.

España le dio voz y nombre a la pandemia. Un curioso ejemplo de cómo algunos aprovecharon la libertad de prensa para nombrar un acontecimiento de la manera menos acertada posible.


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