La educación, el arma de Vox para debilitar al PP

El líder del PP, Pablo Casado, durante un desayuno informativo del Fórum Europa .
  • Vox ha originado una nueva batalla, esta vez para atacar al PP donde más le puede doler, en la educación

  •  Una de ellas es la censura parental, pero también asuntos como la prohibición de que los escolares vayan con velo islámico a clase

por Marta Moreno

La persistente ofensiva de Vox al PP no cesa. Se equivocaban los populares si pensaban que tras las segundas y definitivas elecciones generales del pasado 2019 habría una tregua, al quedar reflejada la fuerza de cada uno de los partidos en forma de asientos en el Congreso de los Diputados.

Vox ha originado una nueva batalla, esta vez para atacar al PP donde más le puede doler, en la educación. La formación liderada por Santiago Abascal ha fijado como moneda de cambio para aprobar los presupuestos en regiones como Murcia y Madrid la incorporación de determinadas medidas.

Una de ellas es la censura parental, el mal llamado ‘pin parental’, un sistema mediante el que los padres pueden vetar las actividades complementarias que los centros educativos de sus hijas e hijos impartan en horario escolar; pero también han decidido volver a poner sobre la mesa asuntos como la prohibición de que los escolares vayan con velo islámico a clase.

La selección educativa bajo el mantra de la libertad de elección

Para el partido liderado por Abascal, la educación afectivo-sexual es “adoctrinamiento” en ideología de género. Es decir, que los profesionales enseñen a los alumnos a prevenir infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados, así como abrirles las puertas para que profundicen en cuestiones como los derechos y el respeto en la sexualidad, el conocimiento del cuerpo, de la salud, de la ciencia, de los sentimientos y las emociones, de la identidad de género, la igualdad o la diversidad sexual es para la extrema derecha adoctrinamiento en una determinada ideología.

Y el PP, cada vez más amedrentado por la extrema derecha, le ha comprado este argumento a Vox asegurando que lo que defienden es la “libertad de elección” de los padres sobre la educación de sus hijos. Y de paso han aprovechado para cargar contra el Gobierno con la idea de que lo que quiere es “robar” a los estudiantes, una idea que sugiere que los menores no tienen derechos propios, ya que estos pertenecen a sus padres.

Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros niños. Saquen sus manos de nuestras familias», escribió Pablo Casado en su cuenta oficial de Twitter, recibiendo la nueva bofetada de Vox como si fuera una caricia, y abriendo el camino a que las comunidades gobernadas por sus siglas puedan aplicar un sistema para que los padres puedan censurar y elegir o restringir los contenidos que un docente imparte a sus alumnos en las escuelas.

Mientras que los niños y niñas son los que realmente tienen el derecho a una educación en igualdad, sólida, integral, global e inclusiva, en consonancia con los principios y derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en los convenios y tratados internacionales, en la ley de educación, en las leyes contra la violencia machista, contra la LGTBIfobia o en la Constitución, Vox y ahora el PP priorizan la selección de contenidos que consideren sus padres y madres.

Los presupuestos a cambio del sello educativo de Vox

El problema del Partido Popular, que no introdujo este sistema hasta ahora en las negociaciones de los presupuestos, es que no tenía necesidad de hacerlo, no era una prioridad y, de hecho, era un asunto a evitar. Es una idea que les haría perder votos de centro posicionándose en el extremismo del sistema educativo neoliberal.

También suponía un problema con sus socios de Ejecutivo, Ciudadanos, contrarios a la idea de introducir esta iniciativa para censurar la actuación de los centros. Pero ahora, como ya ha manifestado la formación naranja, es tiempo de ceder en determinadas cuestiones que, quizás, no son prioritarias en el programa y esencia del partido.

Que el PP ha cedido este derecho de los niños a recibir una educación íntegra es un hecho, ya que si nos remontamos a hace unos meses, la propia presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ya descartaba esta posibilidad a la que ahora “abre la puerta”:

«No lo vamos a implantar. Ustedes y yo no acordamos eso en nuestro pacto de investidura», dijo la jefa del Ejecutivo madrileño dirigiéndose a Vox, y añadió: «No puede ser que se rompa algo tan importante como el vínculo entre profesor y alumno porque una mamá de Vox o de Podemos decidan los contenidos que están dando los profesores. La política no puede entrar en las aulas una y otra vez«.

Sin embargo, cuando la aprobación de los presupuestos comienza a aproximarse, todo cambia, incluso la posición absolutamente contraria de Ciudadanos en esta medida, un partido que ya ha cedido en Murcia y en Andalucía, y que puede que lo llegue a hacer en la Comunidad de Madrid si no logra que su socio, el Partido Popular, plante cara a los “sobornos” de la extrema derecha.

La medida de Vox ha logrado tensar a los Ejecutivos de coalición entre el PP y Cs

Vox no ha conseguido hacer excesivo daño al PP atacando a uno de sus filones, como es la educación, puesto que finalmente los populares han decidido comprar la idea, pero sí ha logrado la extrema derecha tensar su relación con sus socios de Ciudadanos en Murcia, en Madrid o en Andalucía.

El jueves pasado los naranjas cerraron la negociación de los presupuestos en Murcia con un acuerdo. Ciudadanos aseguraba que no había cedido ante la exigencia de Vox de incluir la censura parental, pero la formación liderada por Abascal presumía de que sí formaba parte del acuerdo.

La realidad es que el veto parental sí que se ha incluido, no con el nombre que le ha dado Vox de ‘pin parental’, pero el sistema está claro y se regulará y consolidará a través de tres decretos en la Consejería de Educación del Ejecutivo murciano, uno por cada nivel educativo. Y eso no es todo, ya que el silencio de los padres a la petición de autorización de los centros también se considerará negativo, es decir, que se interpretará como un rechazo a la actividad.

En Andalucía los presupuestos ya están aprobados y en la negociación de los mismos se incluyó la incorporación de la censura parental, algo que podría haber quedado en el aire, pero ahora la coalición del PP y Cs que gobierna el Ejecutivo andaluz precisa que los votos de Vox le garanticen la gobernabilidad, por lo que la implantación del veto parental es prácticamente un hecho si no se demuestra la ilegalidad de la medida.

En el caso de Madrid, Díaz Ayuso rechazó la iniciativa hace unos meses, pero con la negociación de los presupuestos cada vez más cercana, ha cedido ante la extrema derecha y se ha abierto a la incorporación, algo que no le ha gustado a su socio de gobierno, que seguramente también acabe cediendo.

La fórmula de Madrid sería diferente a la de Murcia, ya que la idea sería que los centros que reciban dinero público, es decir, los públicos y los concertados, anuncien en su programación anual el proyecto educativo que piensan llevar a cabo, junto con las actividades complementarias. De esta forma, los padres podrían seleccionar el centro en función de su programación anual.

La libertad de elección a la que apelan las derechas no es una lucha por la libertad, es una herramienta para poder elegir un tipo determinado de escolarización, normalmente dirigida al elitismo, es decir, a una separación de los alumnos por clases sociales, en definitiva, una preferencia individual de los padres.

Que los niños y niñas tengan la posibilidad de ver más allá de lo que consideran sus padres es por lo que debería de luchar cualquier formación política. Como el hijo de un terraplanista tiene derecho a estudiar ciencias naturales, o la hija lesbiana de un homófobo tiene derecho a saber que es su padre el equivocado y no ella, o cualquier niño o niña tiene derecho a no sufrir acoso escolar por su condición, preferencia sexual, o identidad de género. Y, para lograr eso, la fórmula es ofrecer información, no censurarla.


Huelva en La Mar de Onuba

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