La dureza de vivir la covid-19 a bordo de una ambulancia

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Rosa María Cárdaba García, Carlos Durante Fernández, Carmen M Martínez-Caballero, Elena Olea Fraile, Jorge Martinez Piedra; Juan Jose Fernandez-Carbajo, Laura María García Sanz, Lucía Pérez Pérez, Mª Ángeles Barba Pérez, Mª Teresa Herrero de Frutos, Miguel Ángel Madrigal Fernández, y Rocio Varas Manovel

Jueves, 30 de septiembre de 2021. Lloraba a mares viendo a su primer positivo de covid-19 respirar con dificultad sin entender aún bien a qué se enfrentaba. Ella, que tras muchos años trabajando en el Servicio de Emergencias de Castilla y León se autodefinía como una mujer fuerte, no había imaginado vivir nunca una situación semejante.

Antes de la pandemia solía presumir de cuánto le gustaba su trabajo, el contacto con las personas y con los compañeros. Pero, como decía Voltaire, “los males llegan volando y se alejan renqueando”. Y así es como irrumpió el SARS-COV-2: a través del aire.

Aquel maldito virus inesperado le hizo colocarse, por primera vez en su vida, un equipo de protección individual para tratar a pacientes reales, y no en un simulacro. Le ayudaron sus compañeros, mientras se le caían lágrimas bajo la capucha del buzo, las gafas de protección y la doble mascarilla. Sentía miedo frente a su primer positivo por COVID-19.

Con lo que no contaba era con lo que vendría después: positivo tras positivo, buzo tras buzo, guardia tras guardia, muerte tras muerte, horas interminables, cansancio físico y psíquico…

Salvar vidas bajo presión

El trabajo en emergencias sanitarias al inicio de la pandemia supuso una gran carga asistencial y emocional para los sanitarios de dichos servicios. Para empezar porque tuvieron que transformar su modelo de trabajo, basado habitualmente en intentar salvar la vida al mayor número de pacientes, para dedicarse a tratar de contener una enfermedad desconocida hasta el momento. Con toda la incertidumbre, impotencia y miedo al contagio que eso acarrea.

Aunque poco se ha hablado de ello, esta situación generó estrés postraumático en muchos profesionales. El hecho de que la sociedad considerara que los profesionales de primera línea fueran “héroes” llevó a una autoexigencia en el trabajo que en muchos casos ha pasado factura.

El síndrome de estrés postraumático

El síndrome de estrés postraumático se define como la exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, como experiencia directa del suceso traumático o presencia directa del suceso ocurrido a otros.

Tras dicho suceso traumático aparecen síntomas intrusivos que pueden ser de muchos tipos. Desde recuerdos angustiosos recurrentes e involuntarios del mismo hasta sueños angustiosos. También son habituales las reacciones disociativas en las cuales el sujeto siente o actúa como si se volviera a repetir el suceso traumático. Sin obviar el malestar psicológico o físico, intenso o prolongado, que aparece cuando algo le recuerda lo sucedido.

A pesar de que, pandemias aparte, la continua exposición a incidentes traumáticos, violencia, suicidios, lesiones y muerte predispone a los trabajadores de emergencias a sufrir alteraciones en su salud psíquica, no hay muchos estudios sobre el tema.

Una de las excepciones es una investigación que hemos realizado conjuntamente el personal de la Base de Emergencias Sanitarias de Segovia y el Grupo de Investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid. El estudio saca a la luz las repercusiones psíquicas que la pandemia ha supuesto para este colectivo. Y arroja cifras nada despreciables, como que la frecuencia de estrés postraumático en el personal de emergencias de Castilla y León y de la Comunidad de Madrid fue de un 30,9%.

Además, un 36,0% presentó malestar psicológico y el 60,9% padeció insomnio tras esos primeros momentos de pandemia. Las más afectadas fueron mujeres con la categoría profesional de Técnico en Emergencias Sanitarias y que llevaban trabajando entre 10 y 20 años.

Apoyo psíquico a los trabajadores de emergencias extrahospitalarias

A la vista de los resultados obtenidos, los autores defendemos la necesidad de realizar seguimiento a esas personas a través de programas específicos. Fundamentalmente teniendo en cuenta que sufren un deterioro de la salud psíquica debido a su labor profesional durante la pandemia.

Es cierto que, de forma voluntaria, algunas instituciones han intentado dar soporte a los profesionales sanitarios, pero esa ayuda no parece haber sido suficiente.

Sirva como ejemplo, el Decálogo de recomendaciones para profesionales del ámbito sanitario para afrontar de manera eficaz el malestar generado durante la pandemia, del Colegio Oficial de Psicología de Madrid:

    1. Presta atención a tus emociones.
    2. Adopta una visión ajustada a la realidad.
    3. Evita conductas de riesgo.
    4. Confía en ti.
    5. No niegues el impacto que esta situación puede ocasionarte.
    6. Identifica tus respuestas.
    7. Expresa tus emociones.
    8. Cuídate, descansa y desconecta.
    9. Busca espacios de encuentro.
    10. Muestra seguridad y tranquilidad.

Nuestra reflexión final es que, aunque la situación por la COVID-19 ha mejorado, es justo mostrar lo vivido en emergencias extrahospitalarias. Sobre todo, para evitar que se repita.

Rosa María Cárdaba García, Profesora asociada de la Facultad de Enfermería, Universidad de Valladolid; Carlos Durante Fernández, Profesor de Enfermería, Universidad de Castilla-La Mancha; Carmen M Martínez-Caballero, Médico de Emergencias. Colaboradora del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid., Salud de Castilla y León (SACYL); Elena Olea Fraile, Profesor Ayudante Doctor (Enfermería), Universidad de Valladolid; Jorge Martinez Piedra, Técnico en Emergencias Sanitarias. Colaborador del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid; Juan Jose Fernandez-Carbajo, Enfermero Emergencias Sanitarias Castilla y León. Colaborador del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid., Salud de Castilla y León (SACYL); Laura María García Sanz, Enfermera en la Gerencia de Emergencias Sanitarias de Castilla y León. Colaboradora del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid, Salud de Castilla y León (SACYL); Lucía Pérez Pérez, Profesora de Enfermería. Colaboradora del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid, Universidad de Valladolid; Mª Ángeles Barba Pérez, Profesora de Enfermería, Universidad de Valladolid; Mª Teresa Herrero de Frutos, Enfermería asistencial. Colaboradora del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid., Salud de Castilla y León (SACYL); Miguel Ángel Madrigal Fernández, Profesor asociado de Enfermería. Investigador en Cuidados Enfermeros (GICE), Universidad de Valladolid y Rocio Varas Manovel, Médico de emergencias sanitarias. Colaboradora del grupo de investigación en Cuidado de Enfermería del Departamento de Enfermería de la Universidad de Valladolid., Salud de Castilla y León (SACYL)

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