Jóvenes del mundo entero reclaman acción climática y, además, educación climática

Jóvenes activistas por el medio ambiente frente al recinto de IFEMA en Madrid, el 13 de diciembre de 2019, reclaman a los líderes mundiales que no se bloqueen las negociaciones en la COP25. La cumbre mundial por el clima concluyó el 15 de diciembre sin alcanzar ningún compromiso significativo respecto al mercado de carbono o la financiación por parte de los Gobiernos nacionales. (Nina Cordero/LatinClima)
por Fabíola Ortiz

 

 

 

Pese a la alarmante incapacidad de los líderes mundiales para proponer una respuesta significativa a la emergencia climática global durante la COP25 en Madrid (trasladada desde Santiago de Chile a causa de las protestas en aquel país), durante la cumbre del clima celebrada el pasado diciembre, cabe destacar un punto positivo: la claridad de objetivos y el liderazgo demostrados por los jóvenes activistas mundiales respecto al clima.

Mientras los Gobiernos fracasaban a la hora de alcanzar un acuerdo sobre cómo implementar la arquitectura mundial de mercado respecto al carbono establecida en el Acuerdo de París de 2015, jóvenes de todos los continentes tomaron parte en mítines, manifestaciones y eventos paralelos, algunos incluso participaron en las negociaciones, para intentar convencer a los Gobiernos sobre la urgente necesidad de efectuar reducciones drásticas de las emisiones de carbono y facilitar la financiación climática a las naciones más vulnerables.

La presencia de jóvenes en la COP estuvo impulsada por el éxito de un año de huelgas mundiales sobre el clima, lideradas por la estudiante sueca Greta Thunberg. Las huelgas supusieron la implicación de millones de jóvenes en todo el mundo en un activismo juvenil respecto al clima, hasta protagonizar la mayor protesta medioambiental de la historia.

Además de reclamar un mayor compromiso por parte de los líderes mundiales para hacer frente a la emergencia climática, una de las principales reivindicaciones de los jóvenes activistas era la necesidad de implementar y mejorar la educación en las escuelas en relación con el cambio climático.

Naciones Unidas ha advertido que apenas nos quedan 10 años para prevenir el impacto catastrófico de un incremento de 1,5 ºC en la temperatura global: la subida acelerada del nivel del mar conforme se derriten los glaciares del planeta a un ritmo cada vez más rápido; inundaciones, sequías, pérdida de cultivos, tormentas e incendios ocasionarán pérdidas considerables de vidas, particularmente en las naciones más pobres del mundo.

La educación resulta por tanto un requisito fundamental para entender las cuestiones y las posibles soluciones a la emergencia climática a la que nos enfrentamos todos. Los principales objetivos de la educación climática incluyen la construcción de un futuro sostenible, inspirar acciones y desarrollar las aptitudes sociales y personales, permitiendo a la juventud no sólo comprender qué es el cambio climático, sino además aprender cómo cambiar sus propios comportamientos y acciones para limitar su impacto.

Centrándose en las aulas, los Gobiernos locales y nacionales empoderarán a los ciudadanos del mañana para asumir el control de su futuro. Además de enseñar a los niños a leer y a escribir, los Gobiernos tienen la obligación de asegurarse de que los jóvenes dispongan de las nociones elementales sobre cambio climático antes de que sea demasiado tarde, según eduCCate Global, un programa de formación de profesores respecto al cambio climático, acreditado por el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones.

Permitir que los jóvenes encuentren soluciones reales

“Creo en el poder de la educación”, afirma Karina Penna, estudiante de biología de 23 años, procedente de Maranhão, una provincia empobrecida al norte de Brasil. Forma parte del proyecto brasileño liderado por la juventud Engajamundo e intervino durante el evento de la sociedad civil durante la COP, que contó con la asistencia de Ricardo Salles, ministro de Medio Ambiente de Brasil.

Engajamundo participa activamente en el desarrollo de la educación sobre el clima en Brasil y ha contribuido a conformar EducaClima, un portal web con información sobre el cambio climático que incluye aportaciones de la sociedad civil y organismos gubernamentales brasileños. “Insistimos en la inclusión de la educación sobre el clima en nuestros planes de estudio”, indicó Penna. “Hay que actuar. Pero lo que más miedo nos da es que el poder no está en nuestras manos y las decisiones se adoptan a puerta cerrada. Se necesitan más procesos participativos”.

Para Joel Enrique Peña Panichine, un joven activista indígena chileno de 16 años, la educación medioambiental debería alinearse con el pensamiento crítico. “Si no somos conscientes de que más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de las plantas termoeléctricas en el norte del país, poco podrá cambiarse cuando lo único que se nos enseña es cómo plantar árboles”, declaró a Equal Times.

Panichine –coautor, junto con Thunberg y otros jóvenes activistas sobre el clima, de una columna editorial pidiendo que se abandone la economía de los combustibles fósiles, de cara al Foro Económico Mundial celebrado este mes en Davos– afirma que una educación medioambiental significativa debe centrarse en capacitar a los ciudadanos para que encuentren soluciones reales “a los problemas reales de nuestros países”.

En tanto que mapuche, comunidad indígena que está siendo víctima de actos indiscriminados de violencia y violaciones de los derechos humanos por intentar defender sus tierras ancestrales frente a industrias extractoras, Panichine considera que su cosmovisión de la educación está íntimamente conectada con la naturaleza.

“Tomamos de la naturaleza lo que necesitamos. Disponemos de proyectos de conservación para restaurar la tierra y evitar la sobreexplotación. Nuestra forma de vida respeta, comprende y simpatiza con la naturaleza”, concluye.

“La educación debe ser un elemento clave del cambio”, comentó a Equal Times, durante la COP, Gautam Narasimhan, asesor sobre cambio climático, energías sostenibles y medio ambiente en UNICEF. Durante la conferencia sobre el clima, UNICEF promovió la Declaración intergubernamental sobre los niños, niñas, jóvenes y la acción climática –suscrita por Chile, Costa Rica, Eslovenia, España, Fiyi, Luxemburgo, Mónaco, Nigeria y Perú– cuyo objetivo es acelerar y garantizar la inclusión de niños, niñas y jóvenes en las políticas y acción climáticas.

De los siete puntos de la declaración, el punto cuatro aborda específicamente la necesidad de establecer una educación ambiental y sobre cambio climático “brindando a los niños, niñas y jóvenes el conocimiento y las habilidades necesarias para protegerse y contribuir a una vida segura y a un futuro sostenible.

En opinión de Narasimhan, habría que facilitar a los niños las herramientas necesarias para ayudarles a gestionar los riesgos a que nos enfrentamos como resultado del cambio climático. A tal efecto, UNICEF promueve un programa de escuelas seguras y un manual sobre cambio climático y educación medioambiental para garantizar que los niños y las niñas en las áreas más vulnerables a eventos extremos sepan qué hacer cuando el desastre inevitablemente les afecte. “Tenemos que asegurarnos de que los niños participen en el desarrollo de los planes de gestión de riesgo, que las escuelas en las que estudian sean seguras y resilientes al clima”, indicó.

El pasado mes de noviembre, Italia se convirtió en el primer país del mundo donde el cambio climático forma parte de las lecciones obligatorias en el programa escolar y a principios de este mes, Nueva Zelanda anunció que se destinarían nuevos e importantes recursos educativos al cambio climático en todas las escuelas. ¿Pero es esto suficiente? “Evidentemente, no”, afirma Narasimhan. No obstante, experiencias positivas a nivel local han tenido algunos resultados interesantes.

Por ejemplo, en Nepal, los escolares han venido estando activamente involucrados en simulacros de emergencia y todas las escuelas introdujeron un programa básico de seguridad en caso de terremotos. El Plan de Respuesta de Emergencia incluye la formación de maestros, padres y la comunidad local, así como de los estudiantes. En Bolivia, los jóvenes trabajaron junto con el Gobierno para la celebración de una cumbre de la juventud en 2018 en torno al cambio climático y el agua.

“Existen algunos ejemplos excelentes, tanto en cuanto al activismo como sobre el poder de la educación para cambiar actitudes. Tan solo necesitamos asegurarnos de que los niños estén incluidos a la hora de establecer las políticas sobre el clima”, comentó Narasimhan, especialmente teniendo en cuenta que el cambio climático repercutirá sobre todo en los ahora son niños y que, según un reciente estudio, el incremento de las temperaturas provocará que aumenten las muertes por accidentes, violencia y suicidios, afectando principalmente a los más jóvenes.

Creando conciencia medioambiental entre los niños

“No podemos hablar de desarrollo sostenible sin abordar la educación medioambiental” aduce el joven activista chadiano Joël Yodoyman, que en 2012 creó la ONG Espaces Verts du Sahel, con el objeto de sensibilizar respecto a la protección del medio ambiente en las escuelas del Chad, un país situado en primera línea en lo que respecta al camio climático.

“Fundé esta organización con la idea de concienciar a los jóvenes y, a través de ellos, transmitir el mensaje sobre la necesidad de proteger el medio ambiente”, comenta Yodoyman a Equal Times. Su ONG acoge actualmente ‘clubs ecológicos’ en 54 escuelas por todo el país. Estas plataformas permiten que los jóvenes se conviertan en expertos en distintos campos, que van desde combatir la desertificación a fomentar el desarrollo sostenible. Esos expertos servirán como multiplicadores actuando como tutores de otros estudiantes.

Los resultados han sido positivos: Yodoyman indica que no sólo la gente joven empieza a estar más interesada en proteger el medio ambiente, sino también sus padres, sus profesores e incluso las autoridades locales. “Se trata de una región sumamente inestable que se ha convertido en terreno propicio para actos terroristas. Los niños tienen que entender el problema medioambiental y, a través de la educación, podemos exponer los desafíos con los que vivimos”, afirma.

Mientras tanto, en Kenia, Elizabeth Wanjiru Wathuti, activista del medio ambiente de 24 años, considera que cuanto antes tomen conciencia los niños respecto al medio ambiente, mejor. “El comportamiento es una actitud y se puede empezar a cambiar cuando uno todavía es joven”.

Wathuti es la fundadora de la Green Generation Initiative, que alienta a los escolares a plantar árboles. Inspirándose en la labor de la ecologista keniana Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz, la iniciativa de Wathuti ha contribuido a que más de 20.000 escolares planten 30.000 plantones de árboles en distintas escuelas de Kenia. “Planté mi primer árbol con siete años y fue algo que me hizo convertirme en parte de la naturaleza y que la naturaleza forme parte de mí”, explica. Al igual que Yodoyman, estuvo presente en la COP en Madrid, a fin de mostrar sus experiencias y sumarse al movimiento Fridays for Future.

La huelga por el clima implica “luchar en nombre de tantas personas en mi país que están sufriendo las consecuencias de la crisis del clima. Muchos han perdido la vida en deslizamientos de tierra, inundaciones y por el hambre ocasionados por el cambio climático, y esas personas no tuvieron ocasión de hablar por sí mismos”, señaló.

Su objetivo es garantizar que todos los escolares en Kenia sean capaces de “amar la naturaleza, plantar y adoptar un árbol dentro del recinto escolar” y tengan la oportunidad de recibir educación medioambiental y realizar actividades de manera que aprendan poniéndola en práctica. La joven keniana lanzó la iniciativa con su propio dinero y pudo continuarla tras haber resultado premiada en 2016 por el Fondo de Becas Wangari Maathai. También fue seleccionada finalista por África para el premio Jóvenes Campeones de la Tierra 2019.

Ahora está promoviendo la idea de plantar ‘bosques comestibles’ en las escuelas, para hacer frente a la inseguridad alimentaria. “Queremos asegurarnos de que esos niños dispongan de alimentos nutritivos, así que estamos plantando distintas variedades de árboles frutales”, explica. “Si no ayudamos a los niños a sentir pasión y conexión con la naturaleza desde la más tierna infancia, los perderemos. Probablemente es lo que está ocurriendo en el mundo: la gente se ha desconectado de la naturaleza”.


Artículo publicado originalmente en inglés por , y elaborado como parte del Programa Latinoamericano de Cobertura Periodística de la COP25.

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