Es hora de que se hable de la menstruación en el lugar de trabajo

por Rebecka Hallencreutz / Klara Rydström / Antonia Simon.


En 2018, la organización sueca MENSEN – forum för menstruation recibió fondos de la Agencia Sueca de Igualdad de Género para realizar un proyecto de un año que aborda la menstruación desde una perspectiva laboral. A través del proyecto, que es experimental en colaboración con un lugar de trabajo con sede en Gotemburgo, MENSEN está desarrollando una «certificación relativa a la menstruación» para los lugares de trabajo.

En la práctica, significa educar a empleadores y trabajadores sobre la cuestión del período menstrual desde una perspectiva fisiológica y sociológica, así como consultar su opinión sobre la forma de crear un entorno de trabajo sensible al ciclo menstrual. El proyecto lleva funcionando solo cuatro meses y ya ha dejado claro que la certificación relativa a la menstruación satisfará las necesidades de muchas trabajadoras que menstrúan o padecen problemas relacionados con el ciclo menstrual.

La menstruación es una función corporal rodeada de tabúes y estigmas en la mayor parte de países y contextos. Desde la “precariedad menstrual” en el Reino Unido y otros lugares, la injusticia del “impuesto al tampón” (las protecciones sanitarias están sujetas al impuesto al valor agregado, mientras otros productos considerados como necesidades básicas son exonerados), el absentismo escolar relacionado con la menstruación o incluso la práctica del chhaupadi (aislamiento de las mujeres en chozas menstruales) en el oeste de Nepal.

De hecho, los estudiosos han señalado que la menstruación es un estigma oculto, ya que existe un tabú de comunicación, lo que hace que la menstruación no se mencione en las conversaciones y que las personas menstruantes tomen medidas para ocultar su sangrado físico.

Este ocultamiento tiene una larga historia. Ya en los días de Plinio el Viejo (23-79), las mujeres que menstruaban eran descritas como un peligro para su entorno, una idea que luego quedó incrustada en las enciclopedias y tuvo una amplia difusión, en diversas formas, a lo largo de los siglos.

A principios del siglo XVIII, la menstruación y la noción de que las mujeres eran esclavas de sus hormonas y, por lo tanto, poco fiables, se utilizaron como excusa para mantener a las mujeres al margen del mercado laboral. A pesar de que ya se han resuelto muchos de los obstáculos que impiden que las mujeres y los transexuales en período menstrual formen parte de la fuerza laboral, la retórica misógina sigue prevaleciendo hasta la fecha.

Encuesta en línea

MENSEN realizó recientemente una encuesta en línea, que mostró que, en el mercado laboral sueco, las personas menstruantes y todas aquellas que sufren problemas relacionados con el ciclo menstrual todavía se ven afectados de diversas maneras por el estigma, los tabúes y otras normas desfavorables. Entre las 800 personas encuestadas, el 96,3% indicó que experimentan, o han experimentado, problemas relacionados con su menstruación y el 57,5% admitió que su ciclo menstrual afectó a su trabajo; el 42,8% manifestó su deseo de que su trabajo pudiera adaptarse a su ciclo.

Sin embargo, son pocos los lugares de trabajo que se adaptan a las necesidades de las personas menstruantes. Solo el 25,4% de las personas encuestadas afirmó que podía descansar cuando lo necesitaba durante una jornada laboral normal. Entre las trabajadoras cuyo lugar de trabajo físico varía, como las conductoras de autobuses o las personas que trabajan al aire libre, el acceso limitado a los aseos es un gran obstáculo durante los días de sangrado.

Aun cuando existan aseos, las trabajadoras no siempre tienen acceso a ellos, debido a su elevada carga de trabajo o a la inadecuación del personal. Lo mismo se aplica a la posibilidad de tener un breve descanso durante la jornada laboral.

Esta situación afecta directamente a las personas, ya que tienen que tomar un día libre y experimentar una pérdida de ingresos, con efectos en cadena para la efectividad de la organización.

La encuesta y las entrevistas realizadas en el lugar de trabajo piloto plantean preguntas no solo sobre las disposiciones físicas y organizativas, sino también sobre el clima social en el trabajo.

Las trabajadoras señalan que en su lugar de trabajo los gerentes les desacreditan cuando sufren dolores menstruales y son blanco de bromas condescendientes sobre el TDPM (una versión más grave del síndrome premenstrual). En los lugares de trabajo donde predominan compañeros de trabajo sin experiencia en lo que concierne a la menstruación, es evidente que a las personas menstruantes les resulta difícil hablar de su situación, debido a la composición de género en el lugar de trabajo y a los sentimientos de vergüenza interiorizados por los propios interesados.

Enfoque holístico

Existe la necesidad de una visión holística del problema y de soluciones basadas en la experiencia. El conocimiento es poder y parte de la solución radica en proporcionar conocimiento sobre el ciclo menstrual en los lugares de trabajo. La menstruación es una función corporal normal, no una enfermedad.

Sin embargo, en muchos casos sí produce síntomas, tales como un menor bienestar, calambres o sangrado abundante. Entre las personas menstruantes, la falta de conocimiento del problema puede llevarlas a no tomar los síntomas en serio y no buscar ayuda o tratamiento de parte de los empleadores o de los servicios sanitarios cuando sea necesario. Con una sensibilización menstrual, es más probable que la dirección de la empresa y los compañeros de trabajo entiendan la ausencia laboral relacionada con la menstruación.

Además, como se puso de manifiesto en el lugar de trabajo que participa en el proyecto piloto, la programación de las tareas teniendo en cuenta el ciclo menstrual podría resultar en una elevada asistencia laboral y una mayor productividad pese a las dificultades que conlleva la menstruación, ya que se mejora el entorno de trabajo, en concreto para las personas menstruantes.

La dirección del lugar de trabajo debe asegurarse de que todos estén de acuerdo con esta idea y se den cuenta de que la menstruación no disminuye la competencia de la persona.

El concepto de certificación relativa a la menstruación no es necesariamente un llamado para que se instauren políticas europeas en relación con el ciclo menstrual, ni tampoco políticas nacionales, para satisfacer las necesidades de las mujeres y transexuales activos en la fuerza laboral que viven su período menstrual. Cada lugar de trabajo es diferente y también lo son las soluciones.

En Suecia, la legislación laboral regula el derecho de los trabajadores a la licencia retribuida por enfermedad, que podría utilizarse para cuestiones relacionadas con la menstruación, y la ley del entorno laboral hace que los empleadores sean los principales responsables del entorno laboral. Los empleadores también tienen la obligación de ocuparse proactivamente y luchar contra la discriminación. La menstruación podría considerarse una dimensión más, entre muchas otras, que los empleadores han de tener en cuenta, al igual que los prejuicios contra el embarazo.

Sin embargo, pese a que el marco legislativo es propicio, los empleadores rara vez toman en consideración el período menstrual. Ante el estigma oculto de la menstruación y el tabú de la comunicación, la información parece ser la clave.

En esta etapa, el proyecto se centra en el lugar de trabajo. Con la certificación relativa a la menstruación, MENSEN se esfuerza por arrojar luz sobre el período menstrual como una dimensión más, entre muchas otras, del entorno físico, organizativo y social del lugar de trabajo. Contando con el conocimiento adecuado, cada empleador en lo individual podrá crear un lugar de trabajo sensible a las cuestiones de la menstruación.

No existe una solución única

Adoptando una óptica más amplia, se invita a responsables políticos y sindicatos a participar en la discusión. La sensibilización al período menstrual debe implementarse en los convenios colectivos y en toda la documentación relacionada con los derechos de los trabajadores. No obstante, no existe una solución única que pueda aplicarse a todos los contextos.

Todas las personas menstruantes son diferentes, y también lo son los lugares de trabajo en Europa y en otros países. MENSEN no defiende una política general de licencia menstrual, como se observa en algunos países.

Creemos, más bien, que una solución más beneficiosa y compleja consiste en hacer de la menstruación un tema relacionado con el trabajo. Es preciso explicarlo, tanto en el lenguaje de todos los días, como en los textos legislativos y en los acuerdos de derechos laborales, y cuando se haga, ha de basarse en el hecho de que la menstruación es una función corporal que afecta a diferentes personas de diferentes maneras.

Mientras que algunos lugares de trabajo podrían acabar por aplicar una política menstrual local, como se ha implementado con excelentes resultados en la organización inglesa CoExist, en otros, la mejor manera de avanzar será añadir la perspectiva de las personas menstruantes a sus procedimientos actuales en relación con el entorno laboral y la discriminación.

La enseñanza más importante aprendida hasta la fecha es que ya es hora de llevar la sensibilización sobre el período menstrual a los lugares de trabajo. Todos saldremos ganando con el cambio.


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