Marcos Gualda: ‘En Huelva nunca hay nada’

(Foto: María Clauss)
/ por Marcos Gualda. (Foto: María Clauss) /

Parafraseando a esos grupos que proliferan en Facebook, realmente no eres de Huelva si nunca has escuchado la frase “En Huelva nunca hay nada”. Siempre nos hemos azotado con este mantra. O se lo hemos escupido a los forasteros que nos visitaban. La sentencia, como toda aquella que se clava en la sien de un pueblo, encerraba una lastimosa certeza: Huelva era una ciudad huérfana de actividad cultural. La oferta y los espacios artísticos escaseaban. La profesionalización de los agentes culturales se antojaba una quimera. Más allá de un par de hitos institucionales y la buena voluntad de un puñado de artistas que trabajaban sin recursos, se respiraba un aire estanco. Para un cultuherido, pasar un verano en Huelva era quemarse en el infierno de la inopia. Arraigaba en el carácter onubense ese conocido cóctel molotov de complejo de inferioridad y apatía.

Los años pasaron, y por suerte el panorama ha evolucionado. Pero todavía hoy encontramos a quien se le escapa la temida frase: “En Huelva nunca hay nada”. Ya no cuela. En estos días la frase de marras solo pueden pronunciarla los desinformados. O a los que, por mucho que les ofrezcas, nada más allá de destruir les interesa. Porque a pesar del afán del Gobierno de España de desmantelar con planificación y alevosía la Educación y la Cultura para conseguir ciudadanos más miedosos, menos libres, más dóciles, en Huelva la oferta cultural se ha disparado. Instituciones públicas y privadas, asociaciones, galerías de arte, espacios escénicos, agendas culturales, revistas, fanzines, editoriales y tertulias literarias se han confabulado espontáneamente para poblar la agenda de acontecimientos culturales. Las nuevas generaciones de artistas onubenses son más generosas, más proclives a la ayuda mutua. Incluso piezas de arte y dinamizaciones culturales se desarrollan y expanden por las redes sociales. ¿En Huelva nunca hay nada? ¡En Huelva hay tanto que ya no sabemos qué elegir! Todos los días incumples con algún promotor o artista porque careces (de momento) del don de la ubicuidad.

Como dice un amigo que es muy chavalito, caminamos hacia el ideal de ciudad divertida. Y de la adquisición de autoestima, añado. No existe mayor enriquecimiento para el espíritu que ejercer y disfrutar el Arte. Un pueblo se enorgullece y crece con el éxito de sus artistas. La felicidad se halla en el anhelo de belleza.

Habría muchas aristas que limar en el análisis de esta eclosión cultural, pero se harán cargo de que requeriríamos un espacio del que ahora no disponemos. Sin embargo no quiero acabar este artículo sin apuntar un aspecto que me preocupa: la lenta incorporación de nuevo público. Igual que existen en las escuelas campañas de educación vial o sexual, me gustaría ver cómo se impulsan campañas de concienciación artística en las que formar a los futuros consumidores de cultura de todos sus entresijos e inigualables beneficios. Para que algún día, en lugar de “En Huelva nunca hay nada”, no nos lamentemos de escuchar “en Huelva hay demasiado de todo”.

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