El vídeo racista de Colau

No todos los que dicen estar contra la violencia de género comparten los valores que la harían imposible. Para algunos, apoyar a las mujeres que se revuelven contra el machismo y los crímenes que provoca es una oportunidad para dejar caer ideas que se puedan instalar inconscientemente en la ciudadanía. No es que hayan descubierto la pólvora, todo lo contrario. Son escasamente originales.

Me refiero, por supuesto, al vídeo de los llamados comunes de Ada Colau, un grupo que hasta ahora no se había desvelado como supremacista ni racista pero que, finalmente, ha sucumbido a la tentación de hacerlo. No sabemos si por conveniencia política: aquí estamos nosotros y ya no tenemos nada que disimular, o por falta de inteligencia política: aquí estamos nosotros y así hemos entendido las cosas.

Para los de Colau, el machismo es un problema de identidad nacional, de raza. Los españoles, que son los que no hablan catalán en el vídeo, son zafios, chuscos, cerdos y groseros, están alimentados por instintos primarios de carácter sexual y carecen de convicciones morales y éticas. Son españoles. En cambio, el catalán, un héroe solitario, que habla catalán porque es de Cataluña, Catalunya, es recto, de mente limpia, solidario, honesto y valiente para defender a una víctima del machismo.

Es parecido a aquello de ‘los rojos no llevan sombrero’ y a las virtudes que el nacionalcatolicismo exaltaba para identificar a los españoles de bien frente la carcunda judeomasónica. Mi amigo, el columnista Alberto Ginel Saul, recuerda los retratos de pérfidos judíos en la Alemania de entreguerras, cuando comenzaba a gestarse el nazismo, el mismo antisemitismo primario que, con variaciones, ya estaba en el imaginario cultural desde la Edad Media.

El racismo es exactamente esto. El comportamiento de los nacionalistas catalanes, que se hacen pasar por izquierdistas, desvela su talante real: supremacismo y racismo, que se desgrana en vídeos como el que ha promovido el ayuntamiento de Colau. Insistir todo el día con la identidad lleva a estas actitudes. No es ajeno el catalanismo a veleidades nazis, recuérdese Cedade, por no citar a los hermanos Badía, que tan bien le caen a Torra.

Arzallus hablaba del RH y a un dirigente del PNV le molestó en la campaña electoral dos, que otro de Vox le recordase las barbaridades que sostenía su fundador, Arana, sobre los españoles y por las que este partido, es verdad que ya transformado, nunca se ha disculpado. El españolismo de Vox es el de la raza, pero España no es así, sino más bien todo lo contrario, no porque lo diga la izquierda sino porque la convivencia siempre ha estado asegurada entre diferentes. Quizá ahora entre los de Vox y los nacionalistas nos empiecen a empujar hacia un abismo. Colau, que va de progre que baila sardana para poder votar y se apunta a ser todo lo que convenga en cada momento, quizá haya encontrado un nuevo paraje desde el que pontificar: el racismo supremacista.

Y ahora, se victimizarán, ella y sus fans. Pero el daño está ahí. Y las víctimas son los otros.


Rafael García Rico

Director General de El vídeo racista de Colau - Irispress

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