Moncloa anuncia que el Ministerio de Trabajo intensificará las campañas de inspección para erradicar las conductas que denuncian las jornaleras de Huelva

  • 👩🏻‍🌾 Yolanda Díaz recibe a las representantes del colectivo Jornaleras de Huelva en Lucha

📢 El Ministerio de Trabajo va a trasladar a la Inspección de Trabajo las conclusiones del informe La situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva para que, en el marco de sus competencias, se persigan las conductas que lesionen los derechos de las jornaleras.

🗞️ La Inspección en Huelva es especialmente relevante, pues supone un 17% del total de las actuaciones en 2020 y un 28% en el primer trimestre de 2021, cuando se concentra gran parte de la campaña de la fresa de Huelva.

🗞️ Irene Montero: «Nos comprometemos a combatir las violencias sexuales y garantizar que se cumplen todos los derechos de las jornaleras».

Martes, 29 de junio de 2021. El Ministerio de Trabajo intensificará -aún más- las campañas de inspecciones en explotaciones agrícolas onubenses con el objetivo de erradicar las conductas que denuncian las jornaleras de Huelva. Así se ha anunciado este martes en un comunicado del Palacio de la Moncloa en el que se informa de la reunión mantenida por la mañana entre la Vicepresidenta Tercera y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, y una representación de los colectivos Jornaleras Huelva en Lucha (integrado en la fuerza sindical de reciente creación Sindical Obrera Andaluza SOA) y La Laboratoria. Espacios de Investigación Feminista, para abordar las conclusiones del informe jurídico «La situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva”.

Ana Pinto, portavoz de Jornaleras de Huelva en Lucha, durante el encuentro mantenido este martes con la ministra Yolanda Díaz

Durante el encuentro, la ministra Díaz ha destacado «la exhaustividad del informe» (elaborado por abogadas que han estado en la provincia de Huelva recopilando testimonios directos junto a un grupo de periodistas, realizadoras y documentalistas) y ha reafirmado «el compromiso del Ministerio y del Gobierno para luchar contra este tipo de prácticas que vulneran los derechos laborales y los derechos humanos». En este sentido, la titular de Trabajo y Economía Social ha anunciado que estudiará «en detalle» el contenido del informe y trabajará «en el marco de sus competencias» para «perseguir las conductas que lesionen los derechos de las jornaleras».

El informe denuncia la explotación y la agravación de la situación para las mujeres que trabajan especialmente en la recogida del fruto rojo, entre otras cuestiones: malas condiciones, discriminación, comportamientos denigrantes y abusos. Denuncia, además, incumplimientos en materia de retribuciones, jornada, régimen disciplinario, prevención o condiciones de los alojamientos.

«La discriminación por razón de género es evidente al ser un sector feminizado y precarizado en donde se producen situaciones flagrantes de vulneración de derechos, tanto laborales, de asistencia y prestación sanitaria, de dignidad personal e integridad física y moral, de servicios mínimos y habitabilidad”, señala el informe.

El Ministerio de Trabajo ya ha realizado cambios normativos para que la Inspección pueda tener más protagonismo en las situaciones de pobreza y exclusión denunciada en numerosas ocasiones, incluyendo el relator de la ONU, Philip Alston, en el campo de Huelva. En esta línea modificó la regulación para que los inspectores tuvieran acceso a las condiciones habitacionales que deriven del contrato de trabajo, o cedidas por las empresas.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, también se ha reunido este martes con las representantes de Jornaleras de Huelva en Lucha y el equipo de juristas de la denominada Brigada de Observación Feminista.

La Inspección de Trabajo y Seguridad en Huelva realiza su labor con un enfoque transversal para garantizar la inserción e integración de las personas migrantes en el ámbito laboral en condiciones de seguridad e igualdad. La actuación en esta provincia andaluza es especialmente relevante, pues supone un 17% del total de las actuaciones en 2020 y un 28% en el primer trimestre de 2021, cuando se concentra gran parte de la campaña de la fresa de Huelva.

Irene Montero: «Nos comprometemos a combatir las violencias sexuales y garantizar que se cumplen todos los derechos de las jornaleras

El informe ‘La situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva‘, elaborado por el equipo de juristas de la denominada Brigada de Observación Feminista, también ha sido presentado este martes a la Ministra de Igualdad, Irene Montero, que al igual que la Vicepresidenta Tercera Yolanda Díaz, ha mantenido un encuentro con las representantes de la brigada y del colectivo Jornaleras de Huelva en Lucha. 

Tras el encuentro, la ministra ha asegurado a través de su cuenta de Twitter que, «además de reconocer su trabajo, nos comprometemos a trabajar junto a ellas para combatir las violencias sexuales y para garantizar que se cumplen todos los derechos de las jornaleras». «Alianzas feministas para que todas las mujeres sepan que no están solas», añadía la responsable de Igualdad del Gobierno.

El informe La situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva

La situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva hace un repaso a la situación de estas temporeras que trabajan cada año durante las campañas de recolecta de frutos rojos, con especial énfasis en las mujeres marroquíes contratadas en origen al amparo de la vapuleada Orden ministerial Gecco, convertida en muchas explotaciones agrícolas en «papel mojado» ante la falta de medios, unas veces, o la desidia, otras, de las Administraciones que deben velar por su estricto cumplimento.

El texto, resultado de los testimonios directos recogidos de trabajadoras durante una investigación desarrollada in situ durante tres intensas jornadas del pasado mes de mayo, detalla desde la discriminación en la selección en origen, que prima el estado civil y la situación familiar (solo son seleccionadas mujeres con hijos menores de 15 años para asegurar el regreso de las mujeres), graves incumplimientos del convenio colectivo en materia salarial, jornada laboral, descansos retribuidos y otros beneficios. También se destacan las quejas sobre el trato recibido de manijeros y personas responsables de las cuadrillas, o por el control de las salidas y entradas de las fincas en las que son alojadas las temporeras marroquíes.

Por otra parte, el informe llama la atención sobre las «escasas actuaciones» de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Huelva, la «falta de apoyo suficiente» por parte de los agentes sociales, la «dejación de funciones de las administraciones competentes» o las también escasas actuaciones de la Fiscalía para investigar posibles infracciones o casos de discriminación por razón de sexo, acoso sexual o trata laboral.

El informe de la Brigada de Observación Feminista concluye con una serie de «recomendaciones»:

  • Modificar el modelo de contratación de las temporeras en origen
  • Un plan específico para la Inspección de Trabajo durante la duración de la campaña de los frutos rojos
  • Cambios en el modelo de sanciones que eliminen los castigos por incumplimientos
  • Generalización de campañas informativas sobre sus derechos entre las trabajadoras
  • Garantía de acceso a los tribunales o la constitución de tribunales móviles que faciliten a las jornaleras la interposición de las denuncias sin necesidad de tener que transitar largas distancias
  • Ampliar las visitas de la policía o la guardia civil a las fincas y naves de manipulado.
  • Fomentar la actuación de la fiscalía y los juzgados de violencia contra la mujer para prevenir casos de abuso
  • Impartir formación sobre derechos de las mujeres a jueces, abogados, funcionarios y líderes tradicionales en zonas rurales.
Con las jornaleras, por La Laboratoria

Laboratoria – Espacios de Investigación Feminista

Tomate italiano, manzana y fruta de hueso catalana y aragonesa, espárrago alemán, fresa de Huelva. Los camiones cargados de frutas y hortalizas cruzan Europa de Sur a Norte, para abastecer las grandes superficies de todo el continente. En un extremo, la gran cadena de supermercados, capaz de llevar los más variados productos, tan surtidos como idénticos, al pueblo más recóndito, hasta en domingo; en el otro extremo, un modelo de explotación agraria que se abrió paso con la consolidación del mercado común europeo, cambiando para siempre la geografía rural y los paisajes mediterráneos y centroeuropeos. Cuatro rasgos se repiten una y otra vez, ya hablemos de Grecia, Italia, España o el Sur de Alemania: monocultivos intensivos, cadenas de suministro verticalizadas, progresiva extinción del cultivo familiar a favor de las grandes explotaciones e incremento exponencial de las tasas de mano de obra extranjera, coaccionada por leyes de extranjería cada vez más restrictivas.

En los campos de Huelva, la variedad de cultivos tradicionales en gran hacienda fueron dando paso paulatinamente al cultivo intensivo en invernadero de fresa, frambuesa y arándano. Los mares de plástico bajo los que crece este “oro rojo” se extienden a día de hoy a lo largo de doce mil hectáreas, al norte del Parque de Doñana, bebiendo de las mismas aguas subterráneas que nutren las lagunas y el resto de ecosistemas de esta reserva natural. Mientras los regadíos, una buena parte de ellos ilegales, dejan el acuífero de Doñana al borde del colapso, varios centenares de temporeros malviven en los 44 núcleos chabolistas de la comarca, a la espera de ganarse algún jornal trabajando en la cosecha.

Las imágenes que de tanto en tanto salpican periódicos y telediarios hablando de incendios y abusos en las tierras onubenses no son casos aislados de un puñado de empresarios amorales, sino fogonazos que iluminan todo un sistema depredador. Lo que sucede en Huelva es mucho más que un drama humano y ecológico en un rincón periférico de Europa: es el impacto de un modelo de explotación agraria que, a la par que genera exportaciones por valor de más de mil millones de euros, succiona y empobrece la salvia misma que le da vida ‒la tierra, el agua y las energías de las jornaleras y jornaleros. Bienvenides a la huerta de Europa.

Sistema de esclusas
Ropa tendida en el asentamiento de Palos de la Frontera. Fotografía de Isabel Cadenas Cañón

Los sistemas de esclusas permiten pasar entre diferentes compartimentos estancos con niveles diferenciales de presión. Así es el sistema de trabajo en los campos de Huelva, solo que no cualquiera pasa de un compartimento a otro ni el coste de estos tránsitos es igual para todos. Las esclusas están ahí, de hecho, para determinar quién pasa, con qué derechos y a cambio de qué.

El grueso de las 100.000 personas contratadas cada año para las campañas del fruto rojo son personas con nacionalidad española o extranjeras con residencia regular. Al trabajo expuesto a las inclemencias del tiempo y al calor bajo los plásticos, en cuclillas en el caso de la fresa, se suman salarios por debajo del mínimo interprofesional, todo tipo de irregularidades en el recuento de las peonadas, diferentes formas de “castigo laboral” y un subsidio agrario irrisorio para los tiempos entre campaña y campaña. El trabajo a destajo, que sigue siendo una práctica extendida, se convierte en un chantaje que obliga a elegir entre salario o descanso. A ello se suman las listas de productividad: mediante un chip que paga la propia trabajadora, se miden los kilos de fruta que recoge cada día. No es raro que estos datos de productividad se hagan públicos para incentivar la competencia, ni tampoco coaccionar o sancionar de maneras más explícitas o encubiertas a las trabajadoras que menos kilos cogen.

El siguiente “compartimento” laboral lo ocupan las 20.000 jornaleras inmigrantes estacionales que vienen a través del procedimiento de contratación en origen. Desde 2008, esta contratación se realiza principalmente en Marruecos e introduce criterios de selección particulares: deben ser mujeres casadas y con hijos, de zonas rurales. Se ha hablado mucho de lo discriminatorio de este procedimiento, pero no tanto del grado de indefensión impuesta a estas mujeres, que firman su contrato en un idioma que no conocen, viven en las mismas fincas en las que trabajan, a kilómetros de la primera zona habitada y no tienen acceso a ningún tipo de asistencia legal, sanitaria ni social. Durante el tiempo en el que permanecen en España, su vida está a expensas de los encargados y del patrón fresero. Pagan más que nadie: por el visado y por el billete para venir a España, por un seguro médico que nadie sabe qué servicios presta, por el equipo de trabajo, por la vivienda en la que se alojan durante su estancia, por los suministros y un largo etcétera. Lo que reciben es poco: salarios escasos, ninguna prestación y pocas garantías.

Algunas de las trabajadoras llegadas con los contingentes de contratación en origen deciden quedarse: porque su situación en Marruecos es demasiado crítica o porque tienen el suficiente coraje para soñar una vida mejor, no tanto para sí mismas, como para los suyos. Pasan a engrosar el grupo de sin papeles, en su mayoría africanos, que malviven junto a los cultivos. Construyen chabolas con palés, cartones y plásticos que les venden las mismas empresas freseras para las que trabajan en los picos de la cosecha. Son, en el sentido más literal, la mano de obra de reserva, que los camiones van a buscar cuando hacen falta refuerzos de última hora para las labores agrícolas. Muchos de ellos, en particular los hombres, siguen la ruta del temporero, que terminada la cosecha de la fresa, les lleva dirección norte: primero al sur de Huesca y Lleida, para trabajar en la recolección del melocotón, el albaricoque o la nectarina, más tarde, a los campos de manzanos y perales, en comarcas como el Urgell o la Noguera, y, ya en los inicios del otoño, hacia las vendimias de Castilla-La Mancha y la cosecha de la oliva en Jaén. Las que se quedan en Huelva, en particular las mujeres, sobreviven entre campaña y campaña combinando trabajos de limpieza, cuidados en el hogar y prostitución de supervivencia. También les toca pagar mucho y cuando no pueden pagar con dinero, lo hacen en especies: limpiar el coche del jefe a cambio de una fanta, visitarle por la noche a cambio de un empadronamiento con el que poder solicitar el permiso de residencia.

Sobre la distancia social que construye este sistema de esclusas, se rompen las solidaridades que en otro tiempo fundaron las luchas en el campo. Las compañeras aparecen como “otras”, diferentes, ajenas, una amenaza para el propio bienestar. En este páramo de la trama social lo que parece crecer bien es la ultraderecha. No por casualidad, en las elecciones de 2019, Vox fue primera fuerza en algunos de los principales municipios freseros: Lepe, Lucena del Puerto y Cartaya; también ganó en Isla Cristina.

Cultivar la proximidad

En las superficies comerciales de la ciudad de Madrid abundan las fresas envasadas durante toda la primavera. Los 600 kilómetros que separan la capital de los campos de Lepe, Cartaya o Palos de la Frontera los recorre un camión en una mañana larga. Pero la distancia real es mucho mayor. Es sensible y subjetiva además de física. Está hecha de racismo y de clasismo, de ese tipo de indiferencia que hace que los abusos sexuales sufridos por un grupo de jornaleras marroquíes no interpelen igual a las madrileñas que los que sufre una joven estudiante de ciudad. Desmontar este tipo de distancias, para hacer un feminismo de todas y todes, requiere de acciones concretas y de una artesanía del vínculo y de la solidaridad, conocedora de las fronteras y dispuesta a agujerearlas.

La Brigada de Investigación Feminista durante la visita de tres días realzada a los campos de Huelva el pasado mes de mayo

Un grupo de juristas, periodistas y realizadoras feministas formamos en mayo de 2021 una brigada feminista de observación a los campos de Huelva en un esfuerzo por cultivar la proximidad. Bajo el lema ¡Abramos las cancelas! recorrimos durante tres intensos días las zonas de cultivo del fruto rojo. Nuestras guías fueron las Abogadas Sociedad Cooperativa y las integrantes de la Asociación de Jornaleras de Huelva en Lucha, un grupo de jornaleras muy heterogéneo, en generación y en orígenes, que lleva desde 2018 recorriendo los tajos, denunciando abusos y tejiendo trama organizativa.

De su mano, con la confianza que han compuesto a partir de su trabajo en el terreno, pudimos hablar con muchas jornaleras. Con todas ellas nos tuvimos que encontrar de manera clandestina, en chabolas, aparcamientos, pinares alejados: era la condición que ellas ponían para sentarse a conversar, porque el miedo regula sus días y sus noches. Miedo a que al día siguiente no te lleven al tajo, miedo a que el próximo año no vuelvan a traerte en el contingente, miedo a incendios provocados y a la violencia directa. En todos los relatos, el abuso, el aislamiento, el chantaje y la amenaza eran la norma. También la presión para maximizar la productividad y los mil mecanismos para hacer rivalizar a unas jornaleras con otras.

En estas condiciones, a golpe de pateo y de teléfono, Jornaleras de Huelva en Lucha está reinventando la acción sindical con sensibilidad, compromiso y sentido del humor. Una poderosa intuición antirracista atraviesa todo lo que hacen. Saben que el sistema de esclusas (y por ende la ley de extranjería sobre la que se sostiene) es lo que permite a la patronal mantenerlas a todas, autóctonas y extranjeras, chantajeadas. Y que el tejido de solidaridades, de la finca a la chabola y de la chabola al pueblo fresero, es el mejor antídoto frente al auge de la ultraderecha. Todas las brigadistas volvemos con muchos compromisos asumidos, pero sobre todo con la certeza de que cultivando este tipo de proximidades nutrimos la tierra del feminismo en el que creemos.

La Laboratoria.
Nodo Madrid.
Junio de 2021


Acerca de La Mar de Onuba 5103 Artículos
Revista onubense de actualidad, cultura y debate, editada por AC LAMDO, entidad sin ánimo de lucro inscrita en el Registro de Asociaciones de Andalucía con el número 4318 de la Sección 1. - Director: Perico Echevarría - © Copyright LAMDO 2017 / ISSN 2603-817X

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