El engaño

…Y no estaba acostumbrada al engaño. Miraba siempre a los ojos para escuchar la verdad, como hacía consigo misma, frente al espejo. Lo mismo esperaba de los demás.

Pero fue una noche fría, tal vez enero o febrero, cuando un viento que venía de lejos le atravesó. Sus pequeñas alitas que apenas habían saboreado el placer de volar, se fueron quedando rígidas e inmóviles, como la hoja que  queda atrapada en un charco cuando el otoño la arrastra.

Y así se quedó, sin saber dónde mirar. Sin saber a quién mirar. Fue un chasquido seco lo que partió su alma en dos. Luego, la imagen de los recuerdos en su mente nubló sus ojos mientras sus ojitos se llenaron de lágrimas. Qué extraña sensación de haber perdido sin saber que estaba luchando, desandar un camino que ya nunca sabría hacia dónde conducía.

Fue entonces, se acurrucó (quién lo diría, acurrucándose). Sí, muy triste, pero esta vez el chasquido fue fulminante… mil trocitos de cristal saltaron por los aires y ya no quedó nada de sus alas, de sus latidos, de sus lágrimas…

Y si algún día volviese el engaño a curarle las heridas, bien sabe que se dejaría acariciar. A pesar de ser ya sólo un despojo de plumas que perdieron la ilusión de volar.

MARI ÁNGELES SOLÍS 

@mangelessolis1 

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