El coronavirus reduce drásticamente los costes en el comercio internacional

por Francisco Villanueva

 

La Covid-19 ha acelerado exponencialmente la integración del capitalismo en el siglo XXI: el tráfico global de Internet se ha duplicado entre 2019 y 2020, y pasó de crecer 20% anual en octubre del año pasado a 40% anual en igual mes de este año, con un incremento de 48% entre febrero y abril, según señala el Índice Global de Conectividad DHL en su informe de 2020. Esto ocurrió cuando la movilidad personal, número de viajeros a países extranjeros, prácticamente ha desaparecido; con una caída de más de 70% en los primeros 8 meses del año, acompañada por la virtual eliminación del turismo internacional.

El intercambio de petróleo se hundió 32% en 2020, y lo mismo sucedió con el comercio global de “commodities”, con la notable y muy reveladora excepción de los agroalimentos, que por el contrario se expandieron más de 30% entre enero y junio de este año, el momento más álgido de la crisis del coronavirus.

En el primer trimestre del año la economía china, la segunda del mundo (15% del PIB global) se hundió 6.8%; y en EE.UU., la primera economía del mundo (25% del PIB global) la economía cayó 33,4% anual en el segundo trimestre del año.

Lo que sí hubo es un crecimiento excepcional del comercio por Internet (“e-commerce”), que trepó 53% anual en el segundo trimestre del año, en nítida contraposición con la caída experimentada por el intercambio interno de las cadenas globales de valor, en las que tramita más de 80% del comercio internacional, y que ha disminuido más de 50% en 2020, encabezada por el virtual derrumbe de la inversión extranjera directa (IED), que se ha hundido más de 40% este año.

Desde la década del ’90 hasta 2008 (crisis financiera internacional) la regla en la globalización fue que el intercambio global crecía el doble del producto en el mundo, en tanto que la inversión directa extranjera se multiplicaba por tres. Esta inversión ha dejado de ser primordialmente inversión en activos fijos (plantas industriales, infraestructura, etc.), y se ha convertido en flujos intensivos de “capital intelectual”, que se ha multiplicado por cinco en relación al PIB global desde 1990.

Por eso hay un alza extraordinaria del gasto de las compañías transnacionales en “propiedad intelectual”; y esto significa que el comercio internacional sigue ahora el rumbo establecido por la inversión doméstica en los países avanzados, que en más de 80% se ha volcado a las patentes, marcas, y en general al capital intensivo en conocimiento, que es el rasgo fundamental de la Cuarta Revolución Industrial donde el insumo decisivo no es más el capital, sino el conocimiento, transformado en “Inteligencia colectiva”.

El propio sistema transnacional de producción, constituido por 88.000 empresas transnacionales con más de 600.000 asociadas o afiliadas en el mundo entero, ha disminuido más de 10 puntos en la última década (pasó de 31% del PIB global en 2008 a 15% en 2019); y la causa esencial de esta abreviación es que China, la primera exportadora mundial (2,4 billones en 2019), ha incorporado más de 25% de sus cadenas de valor a su mercado doméstico.

Lo que ha ocurrido con la República Popular es que más de 80% de la inversión extranjera (IED) que recibió en los últimos 10 años se dirige ahora a satisfacer su demanda doméstica, y no más a producir allí para exportar al mundo.

El posicionamiento internacional de China surge en este momento del extraordinario crecimiento de su demanda doméstica, sustentada en el consumo individual, y no más de su potencia exportadora, a pesar de que ella representa 17% del total de las exportaciones mundiales (era 15% hace 2 años).

El cambio fundamental experimentado por la economía global en 2020 debido al salto tecnológico provocado por la pandemia del coronavirus, que se ha expresado esencialmente a través de la expansión del teletrabajo y del alza excepcional del comercio por Internet, es que ha habido un recorte notable de los costos de transacción, que puede estimarse en 40%/50% del total.

Esto implica que esta reducción ocurrida en los últimos seis meses tiene un significado equivalente a lo que exigía en la etapa prepandemia 6/8 años de plazo. Este es el significado esencial en términos económicos del salto tecnológico al que ha obligado el coronavirus.

Lo que ha hecho la pandemia es abreviar drásticamente el tiempo histórico de la globalización, acercándolo a su vocación más profunda, que es el logro de la instantaneidad. Es el momento en que el tiempo le gana en forma definitiva su carrera al espacio, y la distancia desaparece como realidad histórica y factor económico.

El mundo con su pandemia global ha reducido notablemente los costes de producción y circulación de la economía global. Ha hecho más barato producir y vender en el sistema global, y de esa manera ha intensificado el ritmo de la globalización.

Una vez más, el sistema capitalista ha mostrado que su forma predilecta de enfrentar las crisis es huir hacia adelante. Es posible asegurar que cuando el capitalismo se siente amenazado existencialmente se vuelca hacia el futuro, e inclusive lo inventa.


Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero.

@FranciscoVill87

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