Dr. Manuel Garrido Fernández

por Nico Ferrando

 

El 21 de abril de 2020, el Ilustre Colegio de Médicos de Madrid daba la noticia mediante un comunicado la trágica noticia. El Doctor Manuel Garrido Fernández, médico de familia de del Centro de Salud de Alameda en el barrio de Las Letras de la capital. “El Colegio de Médicos de Madrid confirma un nuevo fallecimiento de un facultativo en la comunidad en las últimas horas. Se trata del Dr. Manuel Garrido Fernández de 47 años del Centro de Salud Alameda, que murió ayer 21 de abril debido a las complicaciones del virus SARS-Cov-2. Una noticia que nos sume a todo el colectivo de médicos de Madrid, especialmente a sus compañeros de Atención Primaria, en un inmenso dolor”, rezaba textualmente dicho comunicado.

Hace unos días, en una consulta médica telemática, pregunté por él. No supieron decirme nada pero pude percibir que algo no iba bien. Su compañera, facultativa también, no me dio ningún dato pero su gesto la delató. Tuve un mal presagio que me invadió todo el cuerpo y que hoy confirmo para mi pesar. Me costará no volverle a ver porque me acompañó en momentos que mi salud se tambaleó. Y eso no se olvida fácilmente.

Reconozco que su estela había dejado huella ya en mí, tanto para iniciar un relato novelado de lo que me ocurrió en ese tiempo que tampoco tenía claro si alguna vez iba a publicar ya que mi historia clínica es algo muy privado, también protegido por nuestro sistema legal. Solo voy a desvelar cómo le conocí después de esperarle algo más de media hora.

Escribí lo siguiente:

“Pensé, sinceramente, en irme en dos ocasiones pero ya que estaba, esperé resignado hasta que el Doctor Garrido me llamó amablemente por mi nombre y entré a su consulta:

-“Buenas tardes” -me dijo mirándome fijamente, tanto que baje la mirada un instante con signos de incomodidad- “¿Que le ocurre?” -me preguntó con un tono profesional pero a la vez afectivo que nunca podré olvidar puesto que dicen que la primera impresión es la que cuenta y esa impresión fue una extraña mezcla o fusión de seguridad y cariño que siempre es buena en un instante tan traumático, marcado por la inseguridad-  “Lo que usted tenga lo va a superar y yo le voy a ayudar, para eso estoy aquí”-apostilló-”

Es solo un retazo de mi relación con él. Y sí, me curo. Me llamó, incluso, cuando estuve ingresado en la Fundación Jiménez Díaz, algo que excedía a lo que era su trabajo. También, en un par de ocasiones, me llamó entre las ocho y las nueve de noche para verificar que el tratamiento que me había impuesto había dado resultado o evolucionaba favorablemente. Me sentía protegido por su labor.

Este fue lo que escribí sobre su llamada cuando estuve ingresado:

Una media hora más tarde mi teléfono comenzó a sonar pero no atendí algunas llamadas. Solo le cogí a un número de Madrid, que no sabía quién era. Para mi sorpresa, era el Doctor Garrido que comenzó la breve conversación que tuvimos confirmando que era conocedor de mi ingreso hospitalario y de mi estado de salud.

-“He revisado su expediente y voy a estar pendiente de todas las pruebas que le hagan. No se preocupe por la baja médica, yo se la voy a dejar en un sobre a su atención en la recepción por si tiene que hacer los trámites ante la Mutua. ¿Tiene a alguien que la pueda venir a buscar?” -me preguntó queriendo resolver esta cuestión-

-“No lo sé, no le puedo decir. Ya veré” -fue mi vaga respuesta-

-“¿Se encuentra bien?” -insistió el Doctor Garrido-

-“La verdad que no, para qué nos vamos a engañar” -respondí sinceramente-

-“Haga todo lo que digan los médicos y yo le quiero ver inmediatamente que le den el alta, por lo que por favor pida cita conmigo. De todos modos yo voy a estar pendiente y antes de iniciar mi consulta voy a ver su evolución” -me recomendó con buen criterio-

-“Le agradezco su interés y que me haya llamado, Doctor…” -expresé de manera enérgica, no recordando cómo se llamaba-

-“Doctor Manuel Garrido Fernández. No deje de pedir cita conmigo cuando le den el alta” -se despidió deseándome una pronta mejoría-

La verdad que para mí significó un poco de tranquilidad entre tanta vacilación y tanta perplejidad. Para él, que es un excelente médico, seguramente, se trataba de una llamada rutinaria porque después, con el tiempo, pude ver que hace un seguimiento exhaustivo de todos sus pacientes, entre los que me encuentro con orgullo”.

Me cuesta articular palabras para explicar lo mucho que le extrañaré y el vacío que hoy me atormenta al saber que ya no podré contar con él. Ni siquiera me he podido despedir y agradecerle lo bien que se portó conmigo.

¡Cuánto dolor! ¡Cuánto desdén!

No obstante, hoy me he prometido dos cosas:

1-Voy a terminar ese relato que, hoy por hoy, está inconcluso.

2-Voy a luchar porque la plaza sin nombre que está cerca del Centro de Salud Alameda, donde se cruzan las calles Alameda, Verónica y Gobernador se llame Dr. Manuel Garrido González.

D.E.P. un médico excepcional, mi médico.

2 Comentarios

  1. Hola Nico, soy Andrés y Manuel también era mi médico de cabecera. Por desgracia, me han tratado muchos médicos pero ninguno como el doctor Garrido, convertía mis preocupaciones en sus preocupaciones y me hacía sentir cuidado y seguro. Hoy me he enterado de la noticia y estoy realmente destrozado. Cuando una medica de este centro me ha dicho “no te has enterado” al instante me quedé helado y no necesité saber el resto de la historia. Nunca olvidare a Manuel, estoy eternamente agradecido por todo lo que ha hecho por mí.

    • Hola Andrés: La verdad que ha sido terrible. El Doctor Manuel Garrido fue un médico excepcional y en eso hay unanimidad en todos sus pacientes. La familia ha habilitado una web para que sus hijos pequeños sepan lo maravilloso que fue su padre cuando se hagan mayores. Es http://www.manuelgarrido.org

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