Despedida al Ministro (inesperado) de Sanidad

De Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España, Attribution, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=88149836
por José Luis Pedreira Massa

Pues ha llegado el día de la despedida. Se marcha del Ministro de Sanidad, Salvador Illa. Llegó al Ministerio, de forma un tanto inesperada, hace un año. No tenía experiencia en gestión sanitaria y se marcha sin experiencia en gestión sanitaria, pero con un doctorado en gestión de una pandemia de magnitudes gigantes.

Llegó al Ministerio por sorpresa, más parecía la “cuota” al Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y muchos pensamos que podría haber tenido otro acomodo en el gabinete. Los hechos han sido con datos para una u otra valoración.

La pandemia ha sido un evento que ha trastocado todo en el ámbito de la gestión sanitaria y en el campo de la política en general. El ministro Salvador Illa ha tenido zonas de luces y de sombras en la gestión, tanto sanitaria como de la pandemia.

La pandemia ha sido una prueba demasiado dura y descarnada para cualquiera que lo padeciera. El carácter tranquilo y la forma de ser de puro “encajador” de Salvador Illa ha facilitado que, al final, los que le criticaban hayan quedado peor ante la opinión pública. Obviamente este ha sido su principal haber político. Como persona política, a pesar de la exposición pública, ha estado soberbio, incluso ocurrente, en algunas comparecencias y en otras ha causado sensación. En las primeras cuando dio las gracias a Ana Pastor (del PP) por crear el CAEES y a Ana Mato (del PP) por haber nombrado a Fernando Simón como su director. En el segundo apartado cuando les dio las gracias, uno por uno, a los portavoces de los diferentes partidos en la Comisión de Sanidad del Congreso de los diputados. Lo cierto es que fueron dos señalizaciones de habilidad política y de coger por sorpresa al adversario político. Estos dos hechos definen la “pasta” del Político Illa, una persona con “seny” y que trasmitía “bonhomía”.

Su forma de estar en el Congreso y en las Comisiones era mesurada y llena de tranquilidad. Se le veía sereno y de apariencia concentrada. Ni un insulto, ni una descalificación, ni una sola vez “entró al trapo” de tanta agresividad desmedida que le lanzaba una desabrida oposición llena de rabia.

Su traje oscuro y las gafas de pasta de negra le aportaban una sobriedad consistente y el flequillo le otorgaba un toque de travesura contenida. Su acento al hablar revelaba claramente su origen y su media sonrisa denotaba lo comedido de su carácter. Su tono de voz sereno y un tanto monocorde, resaltaba esa apariencia de hombre tranquilo.

Ha pasado un año y no se puede decir si en sus comparecencias públicas se encontraba en un ágora de la Grecia clásica o si su actitud transformaba el auditorio en un ágora. Siempre nos quedará la duda si era un filósofo devenido en ministro o bien era un ministro filosófico. Quizá se quedó en alguien que era un ministro pragmático, que repetía, con seguridad y un tanto machaconamente, el mensaje fundamental de sus intervenciones.

Se podría decir que Salvador Illa es el típico chico bueno al que se le perdonan los deslices como prueba de su humanidad. Respondiendo con seguridad aquello de “no voy a perder ni un minuto en discutir”, mientras se colocaba las gafas y se le escapaba un pequeño tic facial que contribuía, aún más si cabe, a humanizarlo.

La pandemia le había quitado el sueño, con sus contagios, sus ingresos en la Uci, sus muertos. Esos muertos que martilleaban de forma continua, diariamente, sin mesura, al conjunto de la población española. En alguna ocasión le vimos emocionarse, ligeramente, sin estridencias, como todo en él.

La pandemia ha ensombrecido todo, pero también ha facilitado concentrar las intervenciones y las críticas en un solo tema, con lo que el amplio campo de la gestión sanitaria se ha visto desdibujado y difuminado ya que críticas e insuficiencias se han manifestado en el campo reiterativo, un tanto monocorde, de la pandemia y su más que discutida y discutible política de información y comunicación pública.

De forma sorpresiva, como todo en Salvador Illa, tras negarlo, comprensiblemente, se le presenta como candidato del PSC para optar a ser el Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya. Pues tampoco se alteró, donde dijo no, ahora dice sí con ese tono monocorde y de voz pausada de siempre. Justifica su posición y, como siempre, “no voy a perder un minuto en estos temas”. Así que prou.

Desde todos los frentes le atacan y se declara un “todos contra Illa”, le otorgan una importancia relevante en las elecciones, se constituye el enemigo a batir.

Soy de los que piensa que su gestión en la pandemia debe ser analizada lentamente y con rigor. Su gestión en la sanidad en general, no ha lugar, analizar los vacíos es muy peligroso, al menos de entrada.

Desde aquí le deseamos todo lo mejor por Catalunya y por España, creo que con su carácter podrá bandear las procelosas aguas de la política catalana. Quizá nadie mejor que él para hacerlo, lejos de extremismos y dogmatismos que no llevan a ningún lado. Tengo confianza en que sepa suturar, sin desgarros, las heridas que el procés abrió y que hoy tiene una carga de pesimismo y dolor, en unos por el fracaso y en otros porque los otros fracasaron.

Pero… ¿cómo queda la sanidad con la marcha de Illa?

Pues no queda bien, bueno queda mal. El foco en la pandemia, casi como único objetivo, no creo que represente la mejor dirección política a pesar de las presiones de las otras formaciones políticas. En artículos precedentes hemos analizado lo que queda por hacer, el momento delicado por el que atraviesa el SNS. Decididamente hemos de hacer política sanitaria, hemos de desarrollar gestión sanitaria y ambas con decisión y rigor. Una primera opción de cambio: integrar la gestión de la pandemia en la gestión sanitaria, hacerlo supone un cambio fundamental.

Parece ser que el nombramiento ya está cantado. Mucho se arriesga de ser así. Si se confirma el nombramiento de los rumores, daría gran importancia a un cambio de rumbo. Es importante, muy importante revisar los nombramientos de segunda línea y remozarlos de forma decidida. Ser simpática o dócil, no implica que se sea buena gestora de algo tan complejo como es la sanidad y con las líneas que están abiertas, claro que para conocer las líneas abiertas se debe preguntar y analizar de forma conjunta con los responsables. Es urgente revisar esta actitud y rectificar.

Hay que buscar apoyos a las líneas gestoras, no confrontación y, desde luego, no hacer nada es dejarlas pudrir y los problemas seguirán, sin abordarlos y afrontar las dificultades, los problemas no se solucionan, se agravan y el SNS ya está tocado.


José Luis Pedreira Massa, Don Galimatías en La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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