De resultados, (pseudo)análisis y complacencias sin fin

Bueno, ya han pasado estos meses de vértigo creciente e interés menguante. Cuatro convocatorias electorales han terminado por agotar al personal. La ebullición inicial ha llevado a un desinflado: “el final era este”. Hay grupos satisfechos con lo acontecido, pero otros grupos están cariacontecidos, incrédulos. Unos dan la cara, otros permanecen agazapados. Retornan las frases hechas que dominan la escena, ausente de presencias con altura de miras y sin criterio alguno. Si en las campañas predominaron los perfiles planos en la exposición de los resultados…eran perfiles decrecientes. No se pretende que acontezcan exposiciones de profundis, pero sí que tengan algo…algo de enjundia.

Los resultados se reducen a meras repeticiones cuantitativas o, como mucho, porcentuales. Los análisis son reiteración de obviedades y frases hechas: agradecemos a los electores, militantes y demás familia, hay quien vino y quien se quedó en casa, esperábamos más pero habló el pueblo, hemos hecho lo que se debía y, por fin, la perla: seguiremos luchando para conseguirlo .

Hoy, el día después, aparecen las lágrimas de cocodrilo, los lamentos de plañidera de pronto-pago, las justificaciones de cáscara vacía, los junta-palabras sin sentido plenos de bla-bla-bla, las solemnizaciones de lo obvio, las fáciles generalizaciones como justificantes de la sin razón, los compromisos de pacotilla labrados en mantequilla, las reuniones de dirigentes sin liderazgo, los oficiales de mando en plaza sin tropa que dirigir, los rotos y descosidos sin nadie con habilidad para coserlos, orinar hacia barlovento.

Algunos “filosofaban” sobre la bonanza de votar, sobre el hecho de votar ¿para qué? La simplificación y el redeuccionismo de estos razonamientos hacen bueno el decir de J.F. Kennedy cuando decía que “la ignorancia de un votante en una democracia perjudica a todos”.

En estas elecciones si se quería escuchar alguna elaboración seria y con argumentos rigurosos y consistentes había solamente dos candidatos con sentido: Josep Borrell y Ángel Gabilondo. No decían tonterías ni obviedades, se dirigían a la razón con un máximo de respeto tanto hacia el oponente político como hacia el que acudía a escucharles, no insultaban ni descalificaban, desgranaban razonamientos bien hilados y con secuencia llena de lógica formal, para luego realizar una exposición dialéctica, sin estridencias, sin gritos, su compromiso se dirigía a la inteligencia de quienes escuchaban que pasaban al registro de lo humano y abandonaban el rebaño aborregado por especial acción de la palabra construida como un discurso labrado por la cultura, el arte, el respeto y el saber decir lo que se quiere trasmitir y compartir. Ambos se salían mucho de la media, jugaban en una liga de otro nivel. En los mítines la gente tenía la sensación de aprender y de haber recibido un masaje balsámico del pensamiento, nadie se sentía incómodo con sus exposiciones ni con su discurso fuera cual fuere el origen social o educativo de los asistentes. En los debates de candidatos la diferencia era abismal entre ellos y el resto, no había color, intervenían con argumentos de calado, rebatieron las ideas de los otros candidatos con elegancia y clase y el minuto de oro era una delicia, así, sin más.

En la siguiente liga estaba una persona paradigma de la resiliencia, que el tiempo ha pulido. Sin duda ha sabido labrar un hueco de liderazgo serio, riguroso y que se va haciendo consistente y, sobre todo, respetado. Ha sabido manejar los datos y hacerlo de forma fluida, quizá un poco reiterativa, pero directa al corazón y la mente de la ciudadanía. Sin lugar a duda ha sido un pilar sobre el que pivotar las cuatro victorias obtenidas por el partido socialista. Pedro Sánchez, ese es su nombre, no se ha escondido, ha dado la cara y se ha fajado en más de cien batallas sabiendo argumentar y hacer frente a los insultos con gallardía, a las noticias falsas o fake news con datos reales, a la cobardía agazapada con la gallarda presencia, a los retos barriobajeros con reflexiones pausadas. Ha sido, como el orbayu asturiano, una lluvia fina y constante que empapa sin sentirlo apenas.

Luego estaban el resto de los candidatos, a una gran distancia, tanta que apenas se les distinguía con nitidez, eran una sombra, una mancha en la lejanía. Se sabía de su presencia por el griterío, por las palabras altisonantes, por los insultos proferidos, a veces con rapidez electrizante de un insulto cada dos segundos, por la ausencia de consistencia argumental que confirma lo que decía Sócrates: “Cuando el debate está perdido, la calumnia es el debate del perdedor”, su profusión en realizar este mecanismo pueril y primario les hacía situarse en el plano de la caricatura política, sus propuestas eran tan antiguas que su manoseo recordaba a épocas felizmente superadas. Su rigidez era de tal calibre que estaban muy cerca del cristal: duros pero muy frágiles; sus constructos -vean que no utilizo discurso para no rebajar el concepto- eran tan débiles que dejaban al aire las incoherencias y las contradicciones de forma patente; su insensibilidad social tenía tal calibre que aireaban sus ansias de desproteger a los más débiles, en negar la pobreza y la gran desigualdad que propugnaban, contenidos que pasaban desapercibidos entre el griterío proferido y el barro que lanzaban, edran/son tan mediocres que ni sustancia mostraron ni antes, ni durante, ni después. Eran sujetos que hablaban sin decir, gesticulaban sin acariciar al viento, andaban sin hacer camino.

En la Comunidad de Madrid puede acontecer, si no se remedia, que pueda gobernar alguien sin sustancia, sin formación contrastada, que se ha hecho famosa por frases llenas de un sin sentido preocupante, más simple que la radiografía de un pelo, no asistía a los debates para que no se pusiera en evidencia su gran ignorancia y falta de argumentación, si aceptaba una invitación para intervenir ponía como condición que no preguntara la prensa. Vamos de vergüenza ajena, si los dioses del Olimpo no lo impiden, nos representará a los que en esta comunidad vivimos para nuestro escarnio. La gente de ese partido nos ha gobernado durante 24 años y en el último año nos han regalado cuatro presidentes que se sucedían mientras caían por imputación/investigación y comisión de actos contra la ética y/o delictivos en relación con el ejercicio de sus responsabilidades de gobierno. Así que tras la delincuencia, nos regala la ignorancia y la ciudadanía que en Madrid habita debe sufrir la ignominia. Es cierto que se pudo evitar, pero los “puros” se quedaron en casa y así nos ha ido a la gran mayoría. En el año 1924 D. Ramón María del Valle Inclán estrenaba “Luces de bohemia” donde el más conspicuo de sus personajes decía: “España es una deformación grotesca de la civilización europea, en España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero. En España el mérito no se premia, se premia el robar y el ser sinvergüenza”. Ácidas ideas expresadas de forma un tanto grotesca, con más rudeza que complacencia dando cuerpo a sus personajes esperpénticos, parece que hoy reproducidos en esta realidad que comentamos.

La gran cuestión por resolver está en las razones y fundamentos que interactúan para que acontezcan estas situaciones, más allá de la ignorancia se sitúa la aparente dejadez con el compromiso político, Antonio Machado ya nos recomendaba “haced política, porque si no la hacéis alguien la hará por vosotros y, probablemente, contra vosotros”.

Ahora no valen las lamentaciones o los llantos de planillera barata, esos actos son excusas y no razones políticas. Luego emerge la culpa y su correlato chapuza de la reparación, así razonar en oscilaciones de culpa-reparación como forma de querer sin poder o haber podido sin haber querido. Ni las lamentaciones ni el sentimiento de culpa son bases suficientes ni razonables para la comprensión política, porque si no vas a luchar por lo que amas, luego no llores por lo que pierdes.

Jacinto Benavente decía algo muy pertinente para el resultado de las elecciones en Madrid: “Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados”. Es evidente la dureza en las expresiones del autor de “Los intereses creados”, pero algo de eso debe haber en lo acontecido: tener de largo al mejor candidato y dejarlo pasar y estar a punto de poner al frente de la Comunidad de Madrid a merced de una persona simple, sin experiencia gestora, sin formación suficiente y que no puede contrastarse en debates. Triste panorama.

No, no es suficiente que existan lamentos o se exterioricen sentimientos de culpa. Debemos exigir que, respetando a la ciudadanía, tengamos el Presidente que más preparación y consistencia tiene porque ha ganado las elecciones. No nos valen los llantos, hay que luchar y retomar la iniciativa. No debemos olvidar que podemos salir a la calle a solicitar lo que queremos con valentía y decisión.


José Luis Pedreira Massa, colaborador de La Mar de Onuba, es psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Profesor de Psicopatología, Grado de Criminología, UNED)

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