De nuevos y viejos pactos o la paradoja del límite imposible

«Deseo tener confianza personal en Pedro Sánchez y Adriana Lastra. Pero si no se logra y tenemos que volver a votar, la situación será muy complicada y ya no se puede continuar con el mismo cartel».
por José Luis Pedreira Massa

En estas segundas elecciones hubo un mantra repetido sin parar: estas elecciones se deben al fracaso del PSOE en la capacidad de pactar y a la gran ambición del Presidente de Gobierno en funciones. El resultado fue durísimo: menos participación con gran incidencia en los votantes de la izquierda, bajada del voto socialista y de UP, desplome electoral de naranjitos, subida de la derecha en su conjunto y peligroso ascenso de la extrema derecha extrema de los voxiferantes y, por fin, subida de posiciones nacionalistas y regionalistas de diverso pelaje.

El panorama es complejo, muy complejo y precisa de análisis serenos.

En un golpe de mano PSOE y UP firman un acuerdo para gobernar desde posiciones de progreso, con el liderazgo del PSOE y la activa participación en el gobierno de UP. Los militantes de ambas formaciones deciden votar a favor de esta coalición a pesar de la activa oposición de algunos sectores “acomodados” de dirigentes socialistas que, por cierto, tuvieron todas las posibilidades de expresión en contra de los acuerdos y se les difundió por todos los medios de comunicación ampliamente.

Un goteo de pequeños partidos han ido sumándose a la posibilidad de apoyar el gobierno, no sin reticencias, pero… aún así es insuficiente de forma muy justa.

Vuelta a pensar: dos posibilidades restan. Sumar a los nacionalismos independentistas o sumar a la derecha, que se (auto)denomina constitucionalista.

Desgranemos análisis…

El pacto “constitucionalista” con la derecha:

En esta ocasión sería un pacto, tipo gran coalición, con un pp en ascenso dubitativo y c’s en liquidación, de tal suerte que la oposición sería ejercida por los voxiferantes de la extrema-derecha-extrema, quedando un pataleo tremendo de la izquierda menguante y de los independentistas cabreados.

Opción difícil. Históricamente se sabe y con pruebas actuales se confirma: cada vez que la izquierda socialdemócrata hace un gobierno de gran coalición con la derecha, el gran perdedor es la izquierda socialdemócrata. Así ha acontecido en Alemania, donde el histórico, poderoso y mítico partido Socialdemócrata alemán está en torno al 14-17% de voto y puede pasar a ser poco más que testimonial. En Italia el partido socialista es ya historia, ha desaparecido. En Francia el partido socialista está a la baja y no encuentra camino ni rumbo ni ná de ná.

En España la derecha no tiene ninguna categoría intelectual, ni trayectoria claramente democrática (tiene demasiadas veleidades con tiempos pretéritos y sus condicionantes), ni solvencia política. No es comparable con otros partidos populares o demócrata-cristianos del continente europeo. Pactar con esta derecha llevaría a tomar decisiones presionados por los medios de comunicación más derechosos y filofascistoides o padres de las fake-news. Sería un gobierno en manos de las iniciativas de los poderes económicos y podría encaminarse a una progresiva liquidación de los pilares del Estado de bienestar, siguiendo las conocidas pautas de la “racionalidad” de los poderosos.

Sería muy difícil de justificar que se pacta con pp y c’s a nivel estatal cuando en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos estos partidos se mantienen en el poder con el sostén ineludible de la extrema-derecha-extrema de los voxiferantes o favorecen que este grupo se incluya en la mesa del Congreso de los Diputados. No es una postura asumible, salvo que comportara un cambio de los pactos a nivel autonómico y municipal que la derecha no va a estar en disposición de realizar.

Existen puntos de muy difícil encaje: la sanidad pública, las relaciones entre la educación pública y la educación concertada, la posición frente a las pensiones públicas, la ley de dependencia, las políticas de violencia contra las mujeres y la actitud frente al feminismo, las opciones de abordaje de la diversidad con los colectivos LGBTI, la modificación de la reforma laboral, la pujanza de los nacionalismos periféricos, la actitud frente a los colectivos y la ley de la memoria histórica, la imperiosa necesidad de la modificación en profundidad de la Constitución de 1978, la política fiscal y financiera, la forma de abordar de forma urgente el cambio climático, la transición energética, las nuevas tecnologías y las acciones frente a la España “vaciada”, las políticas frente a la inmigración y los refugiados, las políticas de infancia, anular la influencia de la iglesia católica. Estas son políticas activas en las que las posturas entre la derecha y la izquierda política son opuestas. Con un pacto del tipo de gran coalición en España la cesión estaría del lado de la izquierda, lo que comportaría una debacle política incuestionable.

Un ejemplo de nuestra propia historia: la crisis de finales de los años setenta del siglo pasado, originó un gran acuerdo político denominado: Los Pactos de la Moncloa. En ellos se pidió sacrificio a los trabajadores y, con mucho trabajo político y sindical, se consiguió aceptar con la moneda de cambio de crear un “salario social” que eran los pilares básicos del Estado de Bienestar (sanidad y educación fundamentalmente), el trascurso del tiempo ha evidenciado que la derecha lo firmó para aprovecharse de ello y así constituyen, en ambos sistemas, la “concertada” e incrementan una tendencia masiva hacia la privatización de los servicios públicos. No son fiables. Hundirían al partido socialista.

Luego están los apoyos a la gran coalición: los poderosos de la economía, la gran  patronal, los medios de comunicación más conservadores y de la caverna mediática, las familias de postín, la Iglesia y, en general, aquellos que no permiten el progreso social. Basta que estos sectores sociales estuvieran contentos y satisfechos, sería razón suficiente para sospechar y ser conscientes que es una mala opción para el conjunto de la ciudadanía.

El pacto constitucionalista con la izquierda y otros apoyos:

Es importante señalar que sería un pacto constitucionalista, todos los partidos están incluidos en la Constitución, aunque se comporten de forma diversa. Ya es hora de impedir la patrimonialización de los símbolos del Estado por parte de la derecha. Lecciones de ellos en este campo, ni una.

El pacto con la izquierda comporta un programa básico de políticas sociales y, por lo tanto, económicas, donde prima el interés básico de los que han sufrido el impacto más duro de la crisis. Esto es lo que los militantes de los partidos de izquierda apoyaron.

Otra cosa es la lealtad esperada y deseada por parte de UP. A la primera de cambio ya ha sido desleal. Es un camino difícil, pero hay que ser coherentes, ha sido desleal porque su postura y actitud consisten en nadar y guardar la ropa, tirar la piedra y esconder la mano… Esta posibilidad de repetir las deslealtades es lo que fundamenta las alteraciones del sueño de muchos militantes socialistas, no otras cosas, sino las actitudes desleales disfrazadas de ampulosas palabras que bordean la demagogia, cuando no la insensatez o la irresponsabilidad política.

No obstante, la historia reciente afirma que la alianza entre los partidos de izquierda no le ha ido mal al partido socialista, ni en España ni en otros países. En Portugal la alianza de toda la izquierda ha posibilitado una salida de la crisis alternativa y transformar a la sociedad portuguesa hacia una sociedad de progreso, lo que ha hecho que el voto popular a la izquierda se haya incrementado de forma patente. Dinamarca, Suecia y Finlandia son otros ejemplos relevantes de estos pactos de izquierda con resultados satisfactorios en lo social y posibilidades de mantenimiento electoral o de crecimiento en lo político. Bien es cierto que en todos estos países eran gobiernos socialistas apoyados desde fuera por las otras opciones de izquierda.

En España hemos de recordar las elecciones municipales y autonómicas cuyos pactos de izquierda permitieron avanzar al partido socialista, desde las municipales de 1979 hasta la actualidad, por ejemplo en Extremadura o Castilla la Mancha o repetir resultados como en Aragón Comunidad Valenciana o Illes Balears. Todo ello pese a la presión potente de la derecha y sus asociados económicos y mediáticos.

Otra cosa es ERC, siempre fue un partido serio y cumplidor, pero desde hace algunos años es, cuanto menos, “peculiar”. En esta ocasión se le debe pedir coherencia y responsabilidad: o apoya al partido socialista o habrá unas terceras elecciones. Es decir o prima su pertenencia a la izquierda o prima el independentismo. El miedo fundamental es a ser llamado “botifler”, ese insulto catalán con tanto tinte despectivo. Se encuentra muy presionado por la presencia de las CUP en el Parlamento español y por la inconsistencia intelectual y política de JperCat. Siente el vértigo de la responsabilidad política, pero se encuentra indeciso, muy indeciso. Pesa el “botifler” que le lanzó a Puigdemont en su momento y ahora… ahora pesa recibir ellos el “botifler”. Pero esta no deja de ser una actitud defensiva, que no coherente. Por votar al gobierno PSOE-UP no pierde su particularidad, simplemente posibilita un escenario diferente y unas relaciones con el Estado de diálogo, pero en el marco de la legalidad vigente, no puede ni debe ser de otro modo.

En estos momentos ERC se posiciona del lado de un President de la Generalitat que es la personalización de la ineficacia, de la ineficiencia, de la inefectividad, de la inconsistencia y que desarrolla políticas de odio y exclusión con estímulo (soterrado) de actitudes violentas. Todo ello desde una representatividad que puede situarse en torno al 46% de la población. Ese porcentaje no posibilita nada salvo el diálogo hacia políticas de progreso.

Los socialistas tampoco tienen fácil acordar con ERC, también van a ser llamados “botifler”, pero en el resto del Estado. La pedagogía política debe ser muy potente, muy continuada, muy clara… solo puede ser posible superar la situación de Catalunya desde una posición de diálogo permanente, sincero y decidido. Es cierto que en y con Catalunya hay un problema de convivencia, de convivencia entre la ciudadanía de Catalunya. Pero también hay que reconocer la existencia de un problema de conflicto político subyacente y de lustros, de decenios, de centenares de años de evolución e incomprensión mutua.

Cómo manifestar, con rotundidad y sensatez, que el diálogo y el trabajo conjunto de ERC y los socialistas no es de ser “botifler”, sino que muy al contrario representa un ejercicio de lealtad con la ciudadanía, de coherencia política y que tiende a superar los pérfidos dualismos descartianos de buenos y malos. La responsabilidad consiste en asumir los límites y saber obrar en consecuencia, pero con una firme convicción: hemos de superar y solucionar esta desfeita.

Este es, sin duda, el panorama al que se enfrenta el PSOE y el Presidente del Gobierno en funciones. Tengo, quiero, deseo tener confianza personal en Pedro Sánchez y Adriana Lastra. Pero si no se logra y tenemos que volver a votar, la situación será muy complicada y ya no se puede continuar con el mismo cartel, me duele mucho decirlo pero la repetición es un síntoma semiológico y no solamente semántico.


José Luis Pedreira Massa, "Don Galimatías" en La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

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