De listos y listillos, de sabios y sabiondos, de politiqueros y políticos, de cienceros y científicos… o cómo descartar la tontuna de los listillos, sabiondos, politiqueros y cienceros

por José Luis Pedreira Massa

 

 

Va pasando el tiempo, la crisis hace mella en las personas y en las colectividades urbanas y rurales. La pandemia tiene varios frentes abiertos y el tiempo va situando a cada uno en su sitio frente a esa experiencia devastadora. Esta pandemia es muy diferente a las que nos han precedido en la historia y, además, representa una cura de humildad a la soberbia de creer que dominamos el mundo y que todo lo que hacemos como hombres y mujeres es por el bien general. Una cura de humildad ante tanta desfeita al medio ambiente, a nuestros vecinos y conciudadanos. Todo ello abre espitas de descontrol cuando la propia naturaleza nos dice que hay campos inexplorados y apartados de desconocimiento inmenso.

No, no es una pandemia de castigo divino o de fuerzas sobrenaturales. Es una pandemia de hechos humanos y soberbia dominante. Voy a intentar exponer algunas claves en las que he pensado, desde la salud pública y de inquietud intelectual. Posiblemente pueda ser complementada o completada por otras aportaciones, pero parto de reconocer el hecho que esta pandemia supone y precisa un análisis sistémico real que tienda a integrar las distintas opciones y, sobre todo, nos ayude a comprender lo que está aconteciendo. Quizá porque sabemos que en los momentos de crisis las personas inteligentes buscan soluciones, mientras los incompetentes buscan culpables y aquí se están buscando y aireando culpables, sino los han condenado ya.

Los planteamientos de salud pública son un acercamiento metodológico a una realidad que afecta a la salud de la ciudadanía en general, donde el caso a caso se integra en esa dinámica sistémica. Como tal acercamiento metodológico adolece de ciertas inconcreciones, por otro lado similar a la de cualquier otra ciencia, dado que existen un buen número de factores que no se controlan. Además se determinan factores, pero su acción no es predecible directamente, ya que interactúan entre sí, por lo que el factor tiempo determina la importancia de uno u otro grupo de factores en ese momento dado. No olvidemos que cuando en epidemiología y salud pública se describe alguna situación concreta, los más prestigiosos profesionales del sector hacen una pregunta que puede resultar demoledora: ¿en relación a qué? La respuesta a esta pregunta contextualiza toda la comprensión de la situación, pero también condiciona la intervención posterior.

Por lo tanto hablar de epidemiología y/o de salud pública comporta tener una formación precisa. Medicina es el grado más largo de todos y no implica directamente tener el grado y poder ejercer, sino que se precisa una formación de postgrado de forma reglada que se conoce como la etapa MIR. Ya llevamos diez años de formación y experiencia profesional, para iniciar la trayectoria y ejercicio profesionales en este campo. Para lo que tendrás que superar una oposición pública y desde donde se desarrollarán competencias científico-técnicas más específicas y aplicadas. En esta especialidad hemos señalado la convergencia de la medicina con la sociología, con la microbiología, con el medio ambiente, con la estadística, con la filosofía, con la metodología científica, con todo lo tocante con la salud mental poblacional, de grupos, de instituciones y de las personas, con la justicia y la ley, con la política… De todos estos campos, al menos, se nutre la epidemiología y salud pública. No es un recuento de casos y/o cosas, sino que depende todo del comportamiento de los diferentes factores en sí mismos y en la interacción mutua entre ellos. No, no es fácil y se precisa de formación, de experiencia, de serenidad, de templanza, de capacidad de análisis, de trabajo en equipo.

Con todo lo anterior aparecen los sabiondos y listillos que hablan de temas pontificando desde su lugar de supina ignorancia. Estos sabiondos y listillos pretenden saber lo que pasa y cómo se deben hacer las cosas, por encima de lo que profesionales y científicos del tema aportan. Una cosa es aportar con sensatez las variables a determinar y estudiar y otra, muy diferente, es que ese análisis se cumpla en idénticas circunstancias a las que se han hipotetizado. En general la epidemiología y salud pública aporta un método de análisis pero, en su interior, tiene una gran incertidumbre en cuanto al resultado final por la cantidad de variables actuantes que, en determinados momentos poco favorables como en el caso de esta pandemia, nos acerca a un contexto en los límites de la teoría del caos, tal y como lo planteara el Premio Nobel Ylia Prigogine.

En este orden de cosas estos listillos y sabiondos hablan desde un hipotético lugar de saber que les descubre como cienceros, pero lo ignoran todo. En primer lugar ignoran que, desde la teoría general de la ciencia, Wagensberg nos pone sobreaviso, como dilecto alumno de Popper, que la ciencia es mentirosa, mejor dicho conoce que su saber es finito pues está dedicada a demostrar que todos sus descubrimientos son mentira, dado que los investigadores siguientes están juramentados para demostrar que la premisa inicial debe ser superada. Esta es una actitud crítica del pensamiento científico, tan alejada de las verdades absolutas de los cienceros.

Esta pandemia vuelve a situarse como docente excelente para las curas de humildad, aunque en el campo científico-técnico debiéramos denominar como “duelo de omnipotencia”. Los profesionales sanitarios lo están dando todo y el conjunto de la población se lo reconoce. El problema no es la actitud de dedicación y entrega, ni siquiera de las capacidades y competencias profesionales, sino de los determinantes a dos niveles: el nivel de los conocimientos científico-técnicos específicos sobre el corona-virus covid-19 y, en segundo lugar, el posicionamiento subjetivo de cada profesional ante el conjunto de la situación.

En cuanto al estado del conocimiento acerca del virus y de la evolución clínica y de los tratamientos a desarrollar hemos de saber que se ha ido construyendo, de forma empírica, en el caso a caso. Los miles de casos en China han posibilitado varias publicaciones en revistas de suficiente  IF o Impact-factor. El ansia por el conocimiento, la novedad, la explosión de casos por doquier y la presión asistencial, han sido factores complementarios que han empujado a las lecturas críticas y a la búsqueda de evidencias y pruebas científicas. Sobre la biología del virus se han descrito cosas muy interesantes que todos los equipos esperan ayuden a la obtención de una vacuna, una vacuna en la que investigan equipos de renombre incluido algún equipo español. Una vacuna que se investiga de cuatro formas diferentes: virus atenuados, virus con alteración genética de los componentes, factores genéticos que determinen la capacidad antigénica del virus o las proteínas definitorias de la antigenicidad. Cuatro posibilidades que van a desarrollar una vacuna por ese conocimiento de la propia biología del virus.

La evolución clínica ha originado un río de controversias, era o no era un cuadro clínico leve y en qué medida. Parece un cuadro leve, pero con factores de riesgo (edad, patologías intercurrentes cardio-pulmonares, afecciones crónicas, tratamientos agresivos) puede evolucionar a procesos de suma gravedad como las neumonitis y neumonías intersticiales de suma gravedad, en estas circunstancias un cuadro leve evoluciona hacia un cuadro complicado y de suma gravedad por la evolución del propio proceso viral, por el agravamiento de los procesos patológicos intercurrentes y por la capacidad del organismos agotado y cansado por la edad y los procesos previos. Y aparece la muerte, el final de la vida, algo que conmociona sobremanera, una presencia dura y fría como en la Dama del Alba de Alejandro Casona.

Entre las complicaciones y los factores de riesgo se sitúa la importancia de los recursos sanitarios, aún no hemos llegado al personal, sino de los recursos materiales los famosos EPI inexistentes porque, salvo en situaciones muy concretas, no había porqué disponer de ellos. Una vez que se valoraron como importantes hubo que ir al mercado, famoso regulador liberal, y llegaban a solicitarlos muchos, demasiados a lo largo y ancho del planeta tierra. Todos querían más y de forma simultánea, pero la producción es limitada. Pero ¿qué pasaba en la realidad? Desde hacía unos decenios, al menos en España, los productores textiles se habían deslocalizado con la globalización. La globalización había tomado un camino neoliberal hacia la ganancia económica pura y dura, se había marchado de España a lugares del extremo oriente donde la producción se abarataba por el exceso de mano de obra a muy bajo precio. La consecuencia la hemos vivido ahora: los lugares de producción textil e industrial (química y de instrumental médico) no estaban en España, estaban en China y había que comprar o unas pocas unidades o líneas enteras de producción, en España ya no había la rica y variada industria textil, estaba deslocalizada o reubicada a decenas de miles de kilómetros que ahora se nos hacían inmensas distancias, lejanías inconmensurables. De nuevo una cura de soberbia ante el amasamiento económico de algunos que engordaban la cartera con una mano de obra barata y lejana, luego su culpa les hacía “regalar” y “donar” lo que de aquí habían deslocalizado. Ahora todo es gritar y buscar culpables, pero falta el de la deslocalización que, de forma ufana se pone enhiesto con sus “regalos” y “donaciones”. El segundo elemento hace referencia a que en los mercados orientales hay que llegar con dinero contante y sonante, no con mercado de deuda. Así es el mundo neoliberal.

Los recursos sanitarios que se han demostrado útiles y eficaces en la asistencia de esta pandemia han sido los recursos de la sanidad pública. Una sanidad pública que había visto como en 2012 se le recortaban 10.000 millones de euros y que en las Comunidades Autónomas de Madrid, Castilla León, Castilla La Mancha (2012-2015) y Galiza sufrían unos recortes fundamentales, de hecho en Madrid llega a tal punto que en el año 2018 se sitúa en la penúltima Comunidad en gasto por habitante en sanidad. La desaparición de más de 3.000 puestos de profesionales sanitarios es otra realidad. En este estado de precariedad aparece la pandemia y arrasa con las carencias provocadas hace años y que ahora se ponen en evidencia entre lamentos y voces de culpabilidad proyectada. Nadie quiere asumir los recortes que acontecieron entre 2012 y 2016 y que aún no se han recuperado. España gastaba en torno al 6,5% del PIB en sanidad hasta 2011, desde 2012 inicia un descenso hasta el 5,6% del año 2018. Hay que volver a recuperar el gasto… pero llegó la pandemia. Hemos de recordar con fuerza y rabia que los recortes en sanidad e investigación matan, esa fórmula de la derecha económica es demoledora cuando vienen mal dadas, como en esta ocasión. Los que han venido negando sus propios actos no son políticos, sino politiqueros y éstos son peligrosos, muy peligrosos.

En la asistencia tenemos como factor de riesgo la deslocalización asistencial. La gran mayoría de los casos son leves, entonces se debería haber primado la asistencia desde la Atención Primaria de Salud, para la atención ambulatoria y domiciliaria. Al potenciar una intervención hospitalocéntrica se ha congestionado todo el sistema y se ha bloqueado la respuesta asistencial.

Muy importante es que la gravedad del proceso, la acción de los factores  y de la población de riesgo tiene un impacto sobre la mente de las personas. Aparece la respuesta mental en forma de ansiedad, miedo, pánico y sus formas de presentación variada, incluyendo los trastornos de conducta y adaptación.

A la vivencia de la enfermedad hemos de añadir y contemplar la acción mental del confinamiento, de la norma del alejamiento social. Al principio parece que se va a retomar todo lo que se tiene pendiente. Nada más lejos de la realidad, el confinamiento se hace pesado y duro. La calidad emocional se resiente. Debemos planificar el día, hacer ejercicio en casa, leer, hacer las cosas de la casa… ¡qué fácil es decirlo! Son cosas que se saben, son racionales, pero es que no estamos en una situación normal ni es racional. Son las 20h, debemos salir a los balcones.

Ya toca abordar el posicionamiento subjetivo de los profesionales sanitarios. Unos profesionales que han hecho una entrega personal y profesional de forma muy intensa. Esa entrega la han hecho después de años de sufrir los recortes de forma acumulada, unos recortes que han tocado no solo el aspecto laboral, sino también la pérdida de poder adquisitivo que de forma progresiva han tenido estos profesionales.

Aún así, estos profesionales lo están dando todo, pero… se inicia el impacto vivencial, emocional y relacional. Primero por el cansancio, segundo por el miedo a ser contagiados, tercero a la ausencia de EPI, cuarto la sensación y vivencia de la demanda por encima de las posibilidades reales, quinto la tensión de los comentarios de la población y de algunos politiqueros, sexto la impotencia ante tanta fake-news que se difunde por las redes y algunos medios de comunicación absolutamente irresponsables. En medio de todo existe una persona que siente y padece, que reacciona ante estos estímulos y la pujanza de la demanda y el poder de las cifras de nuevos contaminados, de muertes… Todo ello incrementa la exigencia y la autoexigencia de los profesionales, lo que hace incrementar sus propios temores y la intensidad de las emociones. Los profesionales sanitarios no son responsables, pero son los que dan la cara. Estoy cansado, muy cansado…

La administración sanitaria, la propia OMS han avisado de la incertidumbre de la situación y de la necesidad de poner en marcha dos conductas preventivas: el alejamiento social y el lavado de las manos. Durante mucho tiempo en España muchos colectivos y medios de comunicación han descalificado estas acciones, las han ridiculizado y hasta han hecho chistes. Pues es lo que hay, son las dos acciones que se muestran eficaces y que es necesario llevarlas a cabo por toda la ciudadanía.

Las voces chillonas de la derecha-extrema y de la extrema-derecha-extrema son disonantes e impertinentes, desleales e inducen a la confusión al emitir mensajes muy contradictorios. No, no arriman el hombro, sino que son destructivos. Será contado en otra ocasión, como decía Michael Ende en La historia Interminable

En épocas de crisis, en épocas difíciles, los inteligentes buscan soluciones, los incompetentes buscan culpables.


José Luis Pedreira Massa, Don Galimatías en La Mar de Onuba, es Vocal del Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Psiquiatra y psicoterapeuta de infancia y adolescencia. Prof. de Psicopatología, Grado de Criminología (UNED).

1 Comentario

  1. Felicitaciones por De listos y listillos,
    de sabios y sabiondos, de politiqueros y políticos, de
    cienceros y científicos… o cómo descartar la tontuna de los listillos, sabiondos,
    politiqueros y cienceros – artículo, es muy bueno.
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