Cinema Paradiso en el Sáhara

por Javier Polo Brazo
Hasta cuatro planos de la inocente película “Campeones” fueron eliminados en la versión que se pudo ver en el Festival de Cine FiSahara 2019; de “El Olivo” se eliminó una escena completa. Todos los planos de besos o donde la proximidad entre el hombre y la mujer llegaba a reducirse por debajo de los veinte centímetros, desaparecían. No lo hacían a las bravas, previamente eran “anunciados” estos saltos por el acechante cursor del ordenador que chivateaba con antelación la intención del proyectista de ejecutar la sentencia.

Esos planos cercenados, el constante entrar y salir de personas en los lugares de proyección -sin ahorrar en saludos- o el persistente trasiego de niños, más interesados en los foráneos que allí estábamos que en las películas proyectadas, me hizo recordar esa obra maestra del cineasta italiano Giuseppe Tornatore: Cinema Paradiso.

Debo confesar que estaba incómodo al principio. Luego comprendí que no dejaba de ser un milagro llevar la magia del cine a uno de los lugares más inhóspitos y abandonados a su suerte del planeta. El FiSahara, que este año ha celebrado su decimoquinta edición, consigue sentar a todo un pueblo delante de una pantalla durante los escasos días que dura el festival. Y como allí está todo un pueblo, incluidos niños y ancianos, hay que cuidar que los contenidos estén alineados con la moral y las costumbres.

El FiSahara nació con la intención de colaborar en la difusión de la causa saharaui a través de los artistas y cineastas que cada año participan en él. Después de quince ediciones no sólo ha conseguido este objetivo inicial, sino que ha logrado sembrar la semilla del cine en tan árido territorio. Semilla que ha germinado en la forma de escuela de cine y que ya ha empezado a dar sus frutos en forma de jóvenes cineastas que han mostrado sus primeros trabajos en una sección propia del Festival. Ahora trabajan en un proyecto de cine itinerante, con la ayuda de la española Fundación Chus Gabeiras, por todas las poblaciones y barrios de los campos de Tinduf.

Néstor Suleiman ganador del premio #fisahara2019 en la categoría de película internacional de temática saharaui, con Javier Polo, autor de este artículo.

El Festival en sí también es itinerante, cada año se realiza en un poblado, que allí se denominan wilayas; este año tocaba la de Auserd. Conceden tres premios, uno por cada sección del Festival: Mejor película extranjera, mejor película de temática saharaui y mejor película de realización saharaui.

El premio a la mejor película extranjera se lo llevó la española “Campeones” de Javier Fesser. Los actores Jesús Lago y Alberto Nieto recogieron el premio y la ovación de los asistentes, convirtiendo la cinta en la gran triunfadora de la noche.

Los otros dos premios son más políticos. No sé si he utilizado la palabra adecuada, en cualquier caso, son los dos premios/secciones que tienen que ver con la causa saharaui.

El polifacético argentino Néstor Antonio Suleiman con su “Diáspora en el Sáhara” nos hace un recorrido por lo que él mismo llama la ruta de la emancipación, en un trabajo muy elaborado y completo -que se puede ver libremente en su propio canal de youtube. Largas conversaciones he podido tener con él sobre el mundo árabe en general, el saharaui en particular y sobre el cine comprometido. Me anima a escribir y filmar sobre el Sáhara y sus gentes, a pesar de saber que tengo un perfil muy alejado del suyo de cineasta militante, como a él mismo le gusta definirse. Quizás algún día, cuando descubra qué hacer con los besos que no puedo mostrar en esas latitudes, me decida a rodar allí; por supuesto si él me acompaña en la aventura.

Por último, Equipe Media se hizo con el galardón de mejor película de realización saharaui con su obra de animación “Heridas abiertas”, que versa sobre la situación en la que viven los saharauis en el territorio ocupado por Marruecos. Una descarnada obra de cine político que no deja indiferente a nadie.

No faltaron actividades paralelas al Festival: Talleres con mujeres, de fotografía, conferencias sobre la situación política, recepciones, discursos… El broche final fue un concierto de Rozalén, con Beatriz Romero y Piltra, acompañadas por Nacho Taboada, del Colectivo Panamera.

¿Cómo puedo resumir FiSahara? Aún no he tenido suficiente tiempo como para madurar lo vivido y lo sentido estos días. Días que han sido de cine bajo esas estrellas que ya no podemos ver en nuestras contaminadas ciudades. Días de un cine que intenta mostrar la dureza de un pueblo abandonado a su suerte, pero que se escandaliza con un furtivo beso en la pantalla. Días de cine militante, comprometido y sin paños calientes. Pero también días de ese cine más transversal, más social, más ameno o de ese primerizo cine de los realizadores locales formados en la escuela nacida del propio festival. En definitiva, días de ver ese cine en mayúsculas que tan ausente de nuestras ibéricas pantallas está, como si el Sáhara Occidental no tuviera nada que ver con España.

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