Cataluña: tensar la cuerda como si fuera una estaca

Retransmisión en directo del juicio al Procés, en el que nueve miembros del antiguo Govern de la Generalitat de Cataluña, la expresidenta del Parlament y dos líderes de organizaciones independentistas se sientan en el banquillo del Tribunal Supremo. En la pantalla, Javier Zaragoza, fiscal del Tribunal Supremo. MarcoPachiega / Shutterstock
por José Luis Ibáñez Salas

Cuando leí al escritor y periodista catalán Jordi Corominas que “la reconciliación en Cataluña es imposible” supe el alcance abismal de todo lo que viene ocurriendo en los últimos tres lustros en Cataluña.

Y lo que pasa en Cataluña creo que es esto:

Hay allí partidos nacionalistas gobernando como si gobernaran un estado federado, con la capacidad suficiente para terminar de crear un país a su antojo y así lograr un Estado. Primero por las buenas, nacionalizando la enseñanza y la televisión pública. Y, como por las buenas es imposible, porque en los sitios siempre hay (mucha) gente a la que los cuentos se las traen sin cuidado, porque ya tienen los suyos propios, entonces… Ocurre lo que viene ocurriendo desde 2008, porque una coyuntura lo permite: la coyuntura de una crisis económica mundial. Una crisis usada por los verdaderos nacionalistas como excusa, y a caballo de la cual consiguen acólitos despistados, aturdidos, aparentemente idiotizados. Acólitos, pero no una mayoría indiscutible de ciudadanos que quieran crear una república independiente en la Europa de nuestros días.

Hace un par de años escribí en algún sitio que Cataluña nos roba… el sueño. Y la realidad.

También varios poemas, como este que desversifico para seguir siendo lo más prosaico posible:

Cataluña y carne, catalanes arrojados, con arrojo y con exilio, estos son tiempos sin relojes, un instante de abismo, nada es más historia que el trauma, nada más efímero que la voluntad, que la dicha inventada, cuántos nombres olvidados, cuántos construidos con las almas vecinas y los cuerpos de los demás y la sangre de otros, mirad bien este presente, no volverá a tener lugar, igual que los días que fueron ocurrieron sin saber que al final siempre está el final.

Catalanes de Cataluña, yo os daría la paz si supiera; ojalá un poema le venza al rebuzno y detenga la flecha: nunca antes pudo, habrá que aprender a rezar.

Ser muchos no es nada del otro mundo. Ni casi de este. Para fracturar la realidad, para hacerla añicos, para pretender un futuro soñado hace falta mucho más que ser muchos, porque normalmente te encuentras con que hay muchos muchos que no son tus muchos. Los grandes acuerdos se hacen con muchos muchos, no sólo con un muchos.

La democracia no es llenar una ciudad de gente. La democracia es no necesitar llenar de gente las calles de una ciudad repleta de gente.

Ahora existen muchos muchos dentro de la sociedad civil que vive en Cataluña. Demasiados muchos muy alejados de la necesaria reconciliación tras la convivencia rota después de tanto tensar la cuerda.

Tanto tensar la cuerda.

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