Clara Aldaya, una adolescente, se evapora sin dejar rastro y su cuerpo sin vida se cruza en el camino de Francisco Castelar, un agente de la brigada judicial que vive sus días más oscuros, para el que le hallazgo supone una nueva oportunidad. Todas las mentiras del Caso Aldaya, la segunda novela del joven periodista y escritor onubense Antonio J. Sánchez (Huelva, 1981), nos atrapa en una intrigante historia policíaca poco habitual. Su adictivo punto de partida, recuerda, lamentablemente, al caso de la joven Laura Luelmo, asesinada hace unos días en nuestra provincia.
“Por desgracia hay muchas Claras Aldaya en la vida real. El caso más reciente lo hemos vivido en estos días atrás con el crimen de Laura Luelmo”, nos cuenta Antonio desde este otro lado de la pantalla en la que solemos ubicarlo, ya que nuestro autor es, además de un novelista de éxito, uno de los rostros más populares de la televisión onubense. Salvando las distancias, «y siendo muy respetuoso», para Antonio el fatal desenlace de la desaparición de la joven profesora zamorana ha sido como revivir la confección de este último trabajo, que comenzó hace tres años, pero con una profundidad mucho mayor.
Hasta que no ocurre en la vida real no te das cuenta de la trascendencia que, para mí mismo, como autor, puede llegar a tener una ficción inventada, algo que tú has escrito. Porque ahí está la investigación policial, el morbo de qué y cómo ocurrió, la alarma social, la vorágine informativa, el sensacionalismo… Y todo es mientras una familia sufre. Ha sido como experimentar una nueva metalectura como autor, la de la empatía en el sufrimiento, el dolor y el acompañamiento. Creo que este nuevo libro me ha humanizado y sensibilizado mucho más en ese sentido”.
Una historia triste con todos esos paralelismos con casos reales y de actualidad, que nada tiene que ver con El rastro de su voz¸ tu anterior trabajo, que a pesar de ser también «una intriga de luces y sombras ambientada en el espejismo de una Huelva olvidada», era una historia más bonita. o agradable, si quieres, que esta última. ¿Por qué ese cambio de registro?
Entonces, ¿eres de los que no empiezan una historia sin tener bien atado el final? ¿Es de los que empiezan a escribir del final al principio?
Volviendo a lo del cambio de registro, me consta este libro no formaba parte de tus planes, y que tu intención era continuar la senda de El rastro de su voz,
Voy a tener que empezar a preocuparme un poco después de esa pregunta (risas). No recuerdo ahora mismo haberlo hablado con nadie o al menos con alguien cercano, de modo que en cuanto llegue a casa voy a tapar la cam del portátil y a mirar debajo de las mesas y detrás de los jarrones (risas). Pero sí, es cierto. Lo confieso. Mi idea siempre fue crear una especie de saga en torno a los personajes del primer libro y a otros que un tiempo atrás pudieran haber tenido relación con ellos, directa o indirectamente, confluyendo con los hechos que se narran en El rastro de su voz. De hecho tenía esbozado ya un primer capítulo, pero eso significaba enfangarme de nuevo en algo tan complicado como lo que hice con el primer libro. Estoy seguro de que algún día verá la luz, no me cabe la menor duda. Pero una obra de ese calibre, el que yo quiero que tenga, muy ambiciosa, necesita de muchos recursos y una dedicación que en estos momentos no tengo ni entonces tenía. Me explico: mi primera novela me dejó totalmente fundido. Me vacié con ella y en ella. Totalmente. Yo quería la mejor carta de presentación posible que pudiera tener un autor novel y eso suponía extralimitarse. Así ocurrió. Luego necesité recuperarme, no es broma. Eso que dicen que una parte de ti se queda para siempre en los libros que escribes, es verdad. Y yo quizás me pasé de la raya. Recobrar fuerzas pasaba entonces por desconectar totalmente. Eso sí, el resultado está ahí, un libro que ha encantado a todos, una historia muy universal a pesar de de tener un escenario muy local que ha cruzado el mundo de este a oeste. Por darte un dato, hasta en Japón lo han comprado.
Madre mía, tendrás que estar contento, a pesar de esa factura que te pasó. Pero si Todas la mentiras… no formaba parte de tus planes, ¿se trata de un hijo ‘no deseado’?
(Risas) No, nada de eso. Haciendo analogía a aquello que Gandalf decía de que un mago nunca llega tarde, llega cuando llega, con Todas las mentiras del Caso Aldaya ocurre igual. Se presentó cuando le tocó. Y lo hizo para rescatarme de la desidia. Ocurrió así: un amigo (él tiene la culpa de todo esto) me dijo que Casa del Libro acababa de convocar una nueva edición de su Premio Tagus de libros digitales. Yo no tenía ni idea. Había que presentar dos capítulos de una obra inédita y que serían votados en sucesivas fases por los internautas hasta llegar a una final con jurado y todo. Creo que fui el único que tuvo la osadía de presentarse sin un libro y me limité a esbozar dos capítulos. Y nada más. A la gente le gustó tanto que llegué a la final. En la Casa del Libro me dijeron que no podían darme ningún premio porque no tenía la obra acabada. Lo que no sabían es que no tenía obra. Pero a pesar de no cumplir siquiera las bases del concurso, les gustó la idea y querían publicarla. Yo les fui dando largas, y poco a poco construí una historia de la que estoy muy orgulloso y satisfecho, pues a pesar de ser un cambio de registro frente al anterior ha sido igualmente reconocida o más por esos lectores que me gané y otros nuevos que se han sumado al carro.
Una historia sobre una cacería en toda regla, la que este inspector Francisco Castelar realiza en busca de un asesino, y que prácticamente pone patas arriba media ciudad de Huelva. Suponemos que te habrá sido más fácil recrear la ciudad de nuestros días que la de los años 40 y 50, aún manteniendo esa óptica lúgubre y sombría, casi gótica, que tanto te pone.
La verdad es que sí, aunque ese tratamiento oscuro que le doy tiene su trabajo. Pero al poco me vengo arriba y enseguida lo veo con claridad. Es inercia pura: veo cómo debe ser una fábrica abandonada del polo químico que te ponga los pelos de punta, imagino una misteriosa casona de corte indiano en mitad del campo, a las afueras de la ciudad, las calles del centro de la ciudad bajo una mañana plomiza y lluviosa, la morgue de un hospital envuelto en la bruma… Ese es el toque que a mí personalmente me gusta darle a las historias que estoy construyendo, trasladándolo a escenarios reales, que existen y conocemos quienes aquí vivimos, pero que igualmente experimentará el lector de fuera, sea de donde sea. Quizás esa pretensión personal que tengo por retratar mi ciudad a la altura de otras ciudades y escenarios que podríamos decir «de cine» colocó la anterior novela durante tres años seguidos en una ruta literaria por España representando a la provincia de Huelva. Hay un lector que me dijo que El rastro de su voz era “la novela que Huelva por fin se merecía”. Espero que opine lo mismo al respecto de esta nueva.
¿Y qué diferencia esta nueva novela de otras de género negro? ¿Por qué no es otro libro más?
Venga, véndenos tu libro.
La verdad y la mentira son extraños e incómodos compañeros de viaje en nuestra vida, pero tenemos que vivir con ellos. Houdini dijo una vez que lo que los ojos ven y los oídos oyen, la mente lo cree. Con las mentiras ocurre lo mismo. Y si buscas la verdad, corres el riesgo de encontrarla. Si quieres que te cuente algo que no sepas, este es tu libro.
Guau. Bien vendido. Nos lo pedimos. Bueno, vamos terminando, que tus espectadores te esperan ¿Alguna novedad para este nuevo año que empieza?
Pues sí, porque con el nuevo año vamos a estrenar nueva página web. De modo que en los primeros días de 2019 ya pondremos a disposición de todo el mundo la oportunidad de conocer un poco más mi obra. O de poder comenzar a conocerla. Será en la misma dirección, www.antoniojsanchez.com, un sitio al que le hemos dado un lavado de cara y la posibilidad de empezar a leer el nuevo libro. Y no sólo eso: aparte de los capítulos de cortesía como reclamo para engancharse a esta nueva aventura, todo el que lo desee podrá descargar igualmente y de manera gratuita mis relatos cortos. Así que el nuevo año empezará literariamente con buen pie. Y en cuanto acaben las navidades y esta nueva campaña podré remangarme por fin y reanudar la escritura de mi tercer libro.
Vamos, que te vemos enfangado otra vez. Se ve que no aprendes.
(Risas) Sí, por supuesto, uno que es muy cabezón. Pero, claro, con matices, escribo lo que me dejan. Al cabo del día entre el trabajo, la familia y demás compromisos, lo que le queda a uno son migajas de tiempo. Y claro, también hay que holgazanear un poco (risas). Pero, sí, ahí seguimos y por supuesto con el reto de complicarlo todo un poco más, a una potencia mayor, para que el juego de escribir siga resultándome interesante a nivel personal.
Ampliando retos.
Si no hay reto, no hay placer de superarse. Ahora manejo otro tipo de elementos, siempre encajado en el noir o el hardboiled como dicen los americanos, cambiando el registro y el tono de la historia, pero novela negra de nuevo, trabajando conflictos diferentes e intentando aportar algo más novedoso.
Antonio J. Sánchez es periodista y presentador de televisión en Huelva, lugar desde el que se asomó al mundo en abril de 1981. Hoy día, y tras haber pasado por varios medios de comunicación, es uno de los rostros habituales de la pequeña pantalla en su ciudad natal. No obstante, desde mucho antes de todo eso, siempre supo que sus pasos llevaban otro rumbo.
Durante años ha colaborado en diversos programas de divulgación literaria y cinematográfica. Este hecho le llevó a conseguir en 2011, junto a su amigo y colaborador Alfonso Merelo, el Premio Ignotus a la Mejor Producción Audiovisual que concede la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, por el programa A través del espejo de UniRadio.
Ahora en 2014, y tras de dos años y medio de arduo trabajo, inicia una prometedora carrera literaria con, una aventura gótica a medio gas entre la moderna novela de misterio y el hard boiled americano que amenaza con no ser la última. El cine, los cómics y la literatura de género han sido una constante en su vida a la hora de probar suerte en el terreno de la ficción y acabar cumpliendo uno de sus sueños: escribir. . Para conseguirlo cuenta con un bagaje de influencias amplio y variado: desde viejas películas de la Hammer Films a la novela policiaca de Raymond Chandler, pasando por el minimalismo musical del pianista Erik Satie o las ruinas góticas y los atardeceres romanticistas de Friedrich.
Por supuesto, como habitante de la costa, las ensoñaciones vaporosas de Sorolla junto a la orilla son fuente fundamental de inspiración. Pero también lo son los delirios atávicos de Edgar Allan Poe de los que siempre se nutrió, los horrores cósmicos de H.P. Lovecraft a los que regresa de vez en cuando, sin olvidar las fábulas detectivescas de Eduardo Mendoza y los duelos verbales y filosofescos de Valle Inclán con los que siempre ha disfrutado.
Mención especial le merecen el cine primerizo de Polanski, el expresionismo en sus distintas manifestaciones artísticas y las fábulas de Mike Mignola y su chico del infierno que a día de hoy le siguen sorprendiendo tanto como el primer día.
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