Testimonio en primera persona de una ex dirigente del PSOE con responsabilidades en la administración pública que sufrió acoso sexual y laboral y abuso de poder, y tuvo que cambiar de ciudad para seguir viviendo.
Entrevista inédita y realizada en 2021 que dialoga con las denuncias que hoy atraviesan a los dos grandes partidos españoles.
#Opinión
Alzar la voz cuando no respondemos al perfil de víctima de violencia de género, por Carmen Gregorio Gil (UGR)
La entrevista que sigue fue realizada en enero de 2021 y en aquel momento no llegó a publicarse en este formato (se hizo en otro) por razones que la audiencia será capaz de inferir sin tener que abundar en detalles. Recoge sólo un extracto (ya que la entrevista se alargó durante casi dos horas) del testimonio, en primera persona, de una mujer denunciante de violencia de género en el seno del PSOE. Se trata de una ex dirigente del partido, con una trayectoria política y cargos de responsabilidad desempeñados en la administración pública con anterioridad a los hechos denunciados, de los que acabaría saliendo como consecuencia de la situación que relata.
El testimonio se situó entonces en tiempo presente, cuando el procedimiento judicial estaba en curso y antes de que se produjeran resoluciones posteriores. En ese momento, y de forma inmediata a conocerse la denuncia, el alto cargo denunciado tomó la iniciativa en el espacio público, difundiendo un comunicado en el que presentó los hechos como parte de una supuesta conspiración política contra su persona y anunció la interposición de una querella por “denuncia falsa”. Aquella querella nunca llegó a formalizarse, pero su anuncio contribuyó a fijar desde el inicio un marco de descrédito sobre la víctima que acompañó al proceso. El partido por su parte, manifestó a los medios su “respaldo expreso” al presunto victimario, quien -aunque se vio obligado de todos sus cargos por esta causa- hoy continúa siendo un “querido” militante y “recordado” ex máximo dirigente de la formación en su provincia.
Durante el transcurso de la entrevista, La Mar de Onuba tuvo acceso al material probatorio incorporado a la causa, lo que permitió contrastar el relato de la denunciante con los elementos documentales existentes en ese momento del procedimiento.
Con posterioridad a la entrevista, la causa fue archivada de manera provisional, pero manteniendo la orden a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para que “extremen las medidas de protección y seguridad respecto de la denunciante, acordes al riesgo expresado en el Informe de Valoración Policial del Riesgo” (sic). Un archivo que no supuso una declaración judicial sobre la veracidad del testimonio y que, sin embargo, fue utilizado en el debate público como cierre definitivo de un proceso cuyas consecuencias personales y sociales persistían.
La decisión de publicar ahora esta entrevista se enmarca en un contexto más amplio, marcado por la sucesión de denuncias y testimonios relacionados con el acoso, la violencia de género y el abuso de poder en el ámbito político, conocidos en distintos partidos y territorios. Un escenario que trasciende siglas concretas y que permite leer este testimonio no como un episodio aislado, sino como parte de una problemática estructural que vuelve a aflorar, una y otra vez, allí donde concurren poder, silencio y falta de mecanismos efectivos de protección.

La Mar de Onuba.- Antes de entrar al detalle: ¿en qué punto estás hoy?
Víctima.- Hoy he ido al Decanato para preguntar si tengo interpuesta una querella, y no tengo interpuesta una querella. Y hoy… ¿a qué fecha estamos? Hoy, 21 de enero del 2021, me han devuelto el DNI sin papel por medio diciendo que conste nada contra mí, pero en el imaginario social mis amistades se han asustado pensando que tenía una querella. La gente me mira raro. Yo soy aquí la bicho raro, la que ha hecho una denuncia falsa, y eso es lo que más me está destrozando.
LAMDO.- ¿De dónde sale esa idea de “denuncia falsa” o de “querella”?
V.- De lo que se instala en el imaginario social. Lo que es falso es mencionar denuncia falsa. Y meterse en el terreno de la decisión del juzgado. Se ha instalado como un juicio paralelo social. Y eso te revienta la recuperación: en vez de avanzar, va para atrás. Porque tienes que contar la historia, volver a contarla, y la mente se te nubla.
Me derrumbé. Recuerdo estar sollozando y diciendo: “Estoy acojonada”. Cuando conté lo que me había pasado me dijeron “violencia de género” y yo los miraba… porque escuchar “víctima” es hundirte más. Yo no llegué a formular denuncia. Les conté lo que había pasado, di el nombre, tomaron datos, pero cuando pregunté los pasos y me dijeron algo así como “se firma la denuncia y se le detiene”, ahí me temblaban las piernas del miedo. Yo me veía indefensa: “David contra Goliat”. Y yo con piedrecitas.
LAMDO.- Vamos a ordenar. ¿Cuándo es la primera vez que intentas pedir ayuda o dar el paso?
V.- La primera vez que fui fue en agosto del 2019, el 19 de agosto del 2019. Fui sola. Cuando me pasó esto no supe a quién acudir. Entré en shock. Y además no estamos hablando de cualquier persona. Es una situación delicada con una persona de alto poder. No es fácil, y las personas a las que yo podía acudir lo conocían, igual que me conocían a mí. Es un estado de vergüenza muy duro.
LAMDO.- ¿Y antes de ir a comisaría ya habías preguntado si era denunciable?
V.- Sí. Lo que hice fue hacer una consulta por la web de la Policía Nacional, como hablando de una tercera persona, porque tenía miedo terrible después de la amenaza: “una amiga de una chica…”. Lo primero que pregunté fue si era denunciable. Yo estaba desorientada, perdí el norte. Y me dijeron que me dirigiera a comisaría, que preguntara por el equipo de investigación. Yo fui siguiendo los pasos.
LAMDO.- ¿Qué ocurre ese 19 de agosto en comisaría?
V.- Me derrumbé. Recuerdo estar sollozando y diciendo: “Estoy acojonada”. Cuando conté lo que me había pasado me dijeron “violencia de género” y yo los miraba… porque escuchar “víctima” es hundirte más. Yo no llegué a formular denuncia. Les conté lo que había pasado, di el nombre, tomaron datos, pero cuando pregunté los pasos y me dijeron algo así como “se firma la denuncia y se le detiene”, ahí me temblaban las piernas del miedo. Yo me veía indefensa: “David contra Goliat”. Y yo con piedrecitas.
LAMDO.- ¿Qué hace que se active el miedo así? ¿Qué amenaza pesa ahí?
V.- La amenaza. La idea de “crucificarme” si abría la boca o hablaba con cualquiera sobre lo que me pasaba. Es un término ambiguo, pero se te mete en el cuerpo el miedo a lo desconocido. ¿Dónde va a llegar esto? ¿Cómo va a ser?
LAMDO.- Ese día entra un letrado de oficio. ¿Qué pasa?
V.- Con todos mis respetos, pero mi caso no es cualquier caso. Insistían en saber de quién se trataba y yo no quería dar el nombre. Esa tarde no lo di al principio. Se veía la curiosidad, el cotilleo humano. Cuando dije que “es conocido” se le abrieron más los ojos y me insistió más, me incomodó. Llegué a decir: “Hay que ver cómo puede el cotilleo”. El policía reaccionó: “No quiero saberlo”. Pero el letrado insistió y al final dije “sí” por callar. Y fue como: “Ah, pues ya tenemos algo”. Eso, para mí, en ese momento, fue muy duro.
LAMDO.- No firmas denuncia entonces. ¿Qué haces después?
V.- Paso por el centro de la mujer. Yo tengo que agradecer a la psicóloga, tanto la terapia de grupo como la atención personal, porque cuando llegas rota te van recomponiendo. En ese trabajo estuve un año.
Amenazas para evitar que lo denunciara. Que hablara. Para que no contara nada. Que iban a buscar mis familiares estén donde estén. Y los van a encontrar….. “Los vamos a buscar y los vamos a encontrar”, y para “que sepan tu madre, tu hija, tu nieta, lo que hace su madre con esto, con lo otro…”. Esto, dicho fríamente, mirándome a la cara. Yo me quedé de piedra. Entré en shock. No sé cómo llegué a casa. Me senté en el sofá con la mirada perdida. Y yo, que soy fumadora, no cogí ni un cigarro
LAMDO.- Ese año… ¿qué es? ¿Miedo y silencio?
V.- Sí. miedo, pánico, tratamiento para superar el diagnóstico de Reacción Aguda al Estrés 43.0. Y encima, búsqueda de recursos económicos para afrontar los gastos que genere la denuncia (letrada y psicólogo forense)”. Y además con un problema práctico: recursos. Económicamente yo no tenía trabajo. Y para mí una abogada era clave. Porque luego son procesos: ahora un escrito, ahora esto… Y un letrado de oficio tiene cincuenta mil frentes. Yo necesitaba recursos para acceder a los servicios de profesionales que no sean susceptibles de contaminación por los tentáculos del poder del denunciado
LAMDO.- Y vuelves a intentarlo en 2020.
V.- Sí. En agosto del 2020. Mi abogada me ayudó a estructurar la denuncia, porque cuando entraba en los detalles me perdía. El desorden mental es terrible. Fui a comisaría a interponer la denuncia, pero no me sentí entendida. Era una mujer. Cuando vio mensajes de WhatsApp me hizo un comentario y yo me sentí juzgada, como si interpretara en mi contra. Y yo le dije: “Aquí lo que estamos hablando es que hay un día en que yo digo ‘basta’ y el acoso continúa”.
LAMDO.- En ese tramo sitúas amenazas. ¿Cuándo y cómo?
V.- Las amenazas fueron el 9 de agosto del 2019. Y mi abogada me decía: “Hay que intentar hacerlo antes, al plazo de un año, por si hay prescripciones…”. Yo intenté ir el 9 de agosto del 2020, no pude, fui el 10. Era fin de semana y no estaba el equipo. Volvimos, me acompañó una amiga del grupo de terapia. Y ahí ya ves lo que significa: una compañía. Y también la vergüenza, porque yo quería estar lejos.
LAMDO.- Has contado que en 2019 te fuiste de la ciudad.
V.- Sí. Durante todo ese año, por miedo, ya me habían dicho: “cambia, vete”. Y me fui. Me dolió porque he pasado 19 aquí años de mi vida. Me fui a un pueblo, que fue el único sitio donde pude conseguir alquilar sin tener contrato de trabajo.
LAMDO.- ¿Y cómo consigues pagar abogada y psicólogo?
V.- Gracias, qué cosas, a un accidente de coche que sufrí obtuve una indemnización y con ese dinero pude pagar la abogada y el psicólogo. Necesitaba terapia aparte de la del centro de la mujer, y un informe pericial psicológico. Y además tuve que buscar recursos en otra provincia por miedo. En esta he formado parte de la esfera y hay contacto con todo el mundo. Aquí corre el boca-oreja. Por miedo no busqué aquí ni abogada ni psicóloga. Mis recursos están fuera.
LAMDO.- Vamos a la parte más dura. Has relatado una escena de amenazas directas. ¿Qué detonó eso?
V.- Cuando yo dije “basta” y busqué tratamiento. Tratamiento implica contar la historia. Yo tenía vergüenza de ir al centro de la mujer. Tenía referencia de otro buen equipo en la misma provincia. Llamé para pedir una cita, pero yo quería estar lejos. No voy a explicar cómo, aunque lo sé, pero se enteró de que había contactado con el centro. A raíz de ahí me saltó a la yugular.
LAMDO.- ¿Qué tipo de amenazas?
V.- Amenazas para evitar que lo denunciara. Que hablara. Para que no contara nada. Que iban a buscar mis familiares estén donde estén. Y los van a encontrar….. “Los vamos a buscar y los vamos a encontrar”, y para “que sepan tu madre, tu hija, tu nieta, lo que hace su madre con esto, con lo otro…”. Esto, dicho fríamente, mirándome a la cara. Yo me quedé de piedra. Entré en shock. No sé cómo llegué a casa. Me senté en el sofá con la mirada perdida. Y yo, que soy fumadora, no cogí ni un cigarro.
Máximo poder institucional y orgánico. No estamos hablando de moco de pavo. Basta con leer la nota de prensa y el artículo: “una ex militante”. Como si fuera sólo una militante de base. De ahí el rumor: “una fulana que cuando se ha hartado ha ido a denunciarlo”. Eso me hunde. Y además hay ciertos calificativos que circulan…
LAMDO.- ¿Eso quedó por escrito?
V.- Hay amenazas por escrito. Y hay cosas que son mi relato y punto.
LAMDO.- Y pese a todo, la denuncia finalmente llega. ¿Cuándo?
V.- El 22 de octubre, que es cuando se desata la tormenta. Yo había calendarizado con mi abogada. Me ofreció dos posibilidades: el 19 o el 22. Y yo dije: “como esto es gordo… mejor el 22, porque pilla al lado del fin de semana y se muere ahí”. Y así lo puse el día 22.
LAMDO.- ¿Qué pasa a partir de esa denuncia?
V.- La consecuencia es que al día siguiente te personan en el juzgado. Te ofrecen un abanico de recursos: asistencia social, psicológica, jurídica. Me ofrecieron también cursar una orden de alejamiento. Yo decía: “es un personaje público, no va a venir”, pero me dijeron que es mi derecho y al final dije “venga, ponla, más vale”. Y se puso.
LAMDO.- Luego eso se cuenta fuera como si hubieras pedido “muchas medidas”.
V.- Exacto. El juzgado no aprobó la orden de alejamiento. Y eso se contó en una nota de prensa en plan “todas las medidas que solicitó la denunciante han sido rechazadas…”. Pero yo no solicité nada: a mí se me ofreció un recurso y dije “ponlo”. Fue una sola medida. No cincuenta mil medidas; eso es falso.
LAMDO.- ¿Cómo fue el día de declaraciones?
V.- Fuimos citados el día 23 por la mañana. Yo estaba citada a las 10 y salimos a las 5:15 de la tarde. Muchísimos casos. Declaré yo primero. Vino el equipo de Policía para entrevistarme y ofrecerme servicios de protección. Y lo subrayo: el equipo fue maravilloso, al nivel del trato que tuve con el inspector por la web. Esa cercanía, esa calidez, un “venga, un abrazo”, y tú sientes el abrazo. En esa fase estás frágil.
LAMDO.- En el proceso, ¿en qué situación dices que estás?
V.- Estamos en diligencias previas. Yo estoy como víctima de violencia de género. Tengo que pasar por la valoración de la unidad de valoración integral de violencia de género, y él también. Y se investiga lo que yo he señalado. Yo he aportado pruebas documentales.
LAMDO.- ¿Y él qué aporta, según lo que has visto del procedimiento?
V.- Él ha aportado imágenes en las que ha incluido fotografías íntimas de otras mujeres, haciéndolas pasar por mí (eso es lo que he visto en lo que ha aportado). Y todo eso lo veo porque el juzgado me manda copia.
LAMDO.- Una parte clave: la nota de prensa. ¿Cuándo aparece y qué te provoca?
V.- A los dos días de las declaraciones, cuando mi abogada me manda la nota de prensa, con eso de “una ex militante…” y lo de “denuncia falsa” y “querella”… el pánico que tenía antes se me triplicó. No por la denuncia falsa, porque la integralidad de mi denuncia no tiene ni una coma de falsedad, sino porque ahí empieza lo otro. Y además hay muchísimos detalles que no constan porque tuve que resumir. Muchas cosas quedaron por el camino, me entró terror.
LAMDO.- ¿Tú habías hablado con la Policía de que este asunto no saliera a prensa?
V.- Sí. Cuando puse la denuncia, el jefe de policía me dijo: “por nuestra parte no va a salir a prensa, por la otra parte tampoco; si sale, eres tú”, y me señaló. Y yo llorando: “¿tú te crees que esto es para exponer? Esto es una vergüenza para mí”. Cuando sale la nota de prensa yo llamo al propio policía llorando: “usted me ha dicho… vea usted como yo cumplo mi palabra: por mí no ha salido; ha sido de él”. Y rectifica: “yo me refería al día del Juzgado, a que no se presentara la prensa el 23”. Si me lo hubiera especificado así, me hubiera reído, pero en su momento no lo entendí así. Y duele, porque no se miden esas cosas.
Cuando recibí amenazas, yo tenía dos alternativas: o morirme o denunciar. Matarme no era solución, por lo que opté por denunciarlo cueste lo que cueste. Yo no podía vivir con eso. Lo que quiero es distanciamiento. Yo ahora estoy en que se haga justicia y confío en la imparcialidad del Juez. Lo que no puedo es vivir con el juicio paralelo socia
LAMDO.- ¿Cómo se traduce esa nota de prensa en tu vida diaria?
V.- Empiezo a recibir mensajes. Una amiga que trabaja en donde yo lo hacía… Yo me levanto por la mañana (estoy tomando ansiolíticos fuertes para dormir) y me encuentro dos mensajes borrados y el tercero: “Illaaaa”, como llamándome a voz. Me asusté, la llamé: “¿qué pasa?”. Y me dice: “me han dicho que tú has denunciado a fulanito, que dicen que fulanita…”. Y yo: “sí”. Y empecé a llorar.
LAMDO.- ¿Cómo saben que eres tú, si pediste que no salieran tus datos?
V.- Porque mi nombre ya estaba sonando. Yo especifiqué que no se dieran mis datos y se supone que mi nombre no tiene que salir. Por mí no ha salido: si no, lo hubiera publicado yo. ¿Por dónde va a salir? ¿Quién sabe que he denunciado? Mi abogada no es de aquí, mi psicólogo no es de aquí, en el centro de la mujer… ¿por dónde va a salir? O su abogado o él. ¿Quién si no? Es sota, caballo, rey.
LAMDO.- Has insistido en un punto: cómo te describen como “ex militante”.
V.- Sí. Máximo poder institucional y orgánico. No estamos hablando de moco de pavo. Basta con leer la nota de prensa y el artículo: “una ex militante”. Como si fuera una sólo militante de base. De ahí el rumor: “una fulana que cuando se ha hartado ha ido a denunciarlo”. Eso me hunde. Y además hay ciertos calificativos que circulan… Él me tenía en el contacto con mi nombre y un adjetivo, y coincide con lo que se dice.
LAMDO.- Esa etiqueta se usa para qué, según tu percepción.
V.- Para quitarme entidad como denunciante y para desacreditarme. Y la gente se lo está creyendo. Por eso he ido hoy al Decanato, para saber si hay querella, porque se ha instalado como si yo tuviera una querella por denuncia falsa. Y no.
LAMDO.- También ha circulado un WhatsApp sobre dinero.
V.- Sí. Un mensaje en el que se afirma que me han ofrecido dinero para presentar una denuncia contra él, incluso que yo lo habría reconocido delante del Juez. Eso no es así. En absoluto. ¿En qué cabeza cabe que alguien vaya a un juzgado a denunciar y diga “vengo a denunciar pero es que me van a dar 30000”? Y que además se abran diligencias previas. Eso se instala para desacreditarme, para tirar mi reputación por los suelos.
LAMDO.- En todo esto, ¿qué decisión vital dices que te ha tocado tomar?
V.- Cuando recibí amenazas, yo tenía dos alternativas: o morirme o denunciar. Matarme no era solución, por lo que opté por denunciarlo cueste lo que cueste. Yo no podía vivir con eso. Lo que quiero es distanciamiento. Yo ahora estoy en que se haga justicia y confío en la imparcialidad del Juez. Lo que no puedo es vivir con el juicio paralelo social.
LAMDO.- Has dicho una cosa importante sobre la orden de alejamiento: que no responde al tipo de miedo principal.
V.- Claro. Yo no he tenido miedo de que él me persiga por la calle. Mi miedo era a “otros”: a lo que él decía de que “otros me crucificarían”. Y la medida cautelar no es contra otros. Está pensada para casos concretos, para violencia física. La violencia psicológica es más sutil, pasa desapercibida, y el daño… el daño puede ser peor.
LAMDO.- Para cerrar: ¿qué te pasa cuando te das cuenta de que solo circula una versión?
V.- Que esto lo único que te he contado a la delantera en todo esto es él. La única versión que está circulando es la suya. Y yo estoy intentando vivir. Tenga el pico que tenga esto, yo estoy luchando por vivir.
Huelva, 21 de enero de 2021.


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