‘Segunda estrella’, por Nico Ferrando

España se corona como campeona del Mundial por segunda vez en su historia

por Nico Ferrando

Lunes, 20 de julio de 2026. Escribo estas líneas desde Argentina, y confieso que no es sencillo hacerlo. Cuando uno ha nacido en un país y ha elegido vivir en otro, aprende a convivir con ciertas contradicciones. Hay días en los que el corazón parece dividirse en dos mitades irreconciliables. El 19 de julio de 2026 ha sido uno de esos días.

España es campeona del mundo. Tiene ya su segunda estrella y la ha conquistado con absoluto merecimiento.

Lo digo con la serenidad que proporciona el paso de las horas y con la honestidad de quien ha seguido el partido rodeado de amigos y familiares argentinos. Nadie podrá afirmar que esta final dejó lugar a la duda. España fue mejor. Tuvo más posesión, más claridad de ideas y una personalidad admirable para afrontar el encuentro más importante que existe en el fútbol.

Argentina llegó a la final como vigente campeona del mundo y con el orgullo de un país que ha hecho de este deporte una de sus principales señas de identidad. Alcanzar dos finales consecutivas es una hazaña reservada únicamente a las grandes selecciones. Sin embargo, enfrente se encontró con un equipo que parece destinado a marcar una época.

España ganó porque jugó mejor.

Hace apenas dieciséis años, en Sudáfrica, una generación irrepetible conquistó la primera estrella. Muchos pensamos entonces que tardaríamos décadas en volver a vivir algo semejante. El fútbol es caprichoso. A veces concede una alegría y después obliga a esperar una vida entera. Pero esta selección ha demostrado que los milagros deportivos pueden repetirse cuando existe un proyecto sólido detrás.

No ha sido una victoria casual. España ha ido creciendo a lo largo del torneo hasta convertirse en el equipo más reconocible del campeonato. Eliminó a Portugal, dejó en el camino a Bélgica y derrotó con autoridad a Francia antes de imponerse a Argentina en la final. No hay campeón más legítimo que aquel que vence a algunos de los mejores equipos del mundo.

Además, esta selección representa muchas cosas.

Representa a una España plural, moderna y diversa. Una España que a menudo parece empeñada en discutir sobre sí misma, pero que cada cierto tiempo encuentra en el deporte un motivo para reencontrarse. Durante unas horas desaparecieron las diferencias y millones de personas celebraron al unísono una victoria que pertenece a todos.

Resulta imposible no emocionarse al contemplar las imágenes de plazas abarrotadas, de familias abrazándose y de niños que, quizá sin ser plenamente conscientes, acaban de descubrir lo que significa ser campeón del mundo. Habrá una generación entera que crecerá pensando que ver a España levantar una Copa del Mundo es algo posible. Quienes vivimos el largo período comprendido entre 2010 y 2026 sabemos que no lo es.

Desde Argentina, además, esta final adquiere un significado especial. Son demasiados los vínculos que unen a ambos países como para vivir este partido con indiferencia. Millones de argentinos tienen familiares en España y millones de españoles guardan una historia familiar que comenzó al otro lado del Atlántico. Compartimos una lengua, una parte importante de nuestra cultura y hasta una forma parecida de entender la amistad, la sobremesa y la pasión por el fútbol.

Por eso esta derrota argentina no debería interpretarse como un fracaso. Los campeones también pierden. La albiceleste ha firmado un torneo extraordinario y ha demostrado, una vez más, que pertenece a la élite del fútbol mundial. Pocas selecciones pueden presumir de disputar dos finales consecutivas y hacerlo manteniendo intacta su identidad.

Hubo tiempo, incluso, para una pequeña polémica que rozó el absurdo: la inicial intención de limitar el uso del español en determinados actos oficiales organizados por la FIFA. Afortunadamente, la decisión fue rectificada. Habría sido una ironía imperdonable que una final disputada entre España y Argentina no pudiera expresarse en la lengua que hablan más de seiscientos millones de personas en el mundo.

Al final, el fútbol siempre encuentra la manera de imponerse a todo lo demás.

España tiene ya su segunda estrella. Dieciséis años después, vuelve a ocupar el lugar más alto del fútbol mundial. Y aunque escribirlo desde Argentina se torna difícil, sería injusto no reconocer una evidencia: esta vez no ganó la suerte, ni un detalle aislado, ni una decisión arbitral.

Ganó el mejor.

Y cuando eso sucede, incluso un corazón partido termina poniéndose de pie para aplaudir.

J. Nicolás Ferrando es fundador y director de Artelibro, una editorial que ha publicado un total de 85 libros y cuyo lema es la recuperación de lugares y personajes singulares. En su catálogo destaca la colección «21 distritos, 21 libros» en la que se puede encontrar un libro por cada uno de los distritos de Madrid. Colabora habitualmente en medios como La Mar de Onuba, El Mundo Financiero o ElConstitucional.es.

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