El primer veto digital: EEUU bloquea la exportación de un modelo de inteligencia artificial de uso masivo

Washington convierte el conocimiento en arma de guerra y abre una nueva era de control tecnológico sin reglas claras.

Una orden ejecutada en 90 minutos deja a España sin acceso a la única herramienta capaz de detectar las vulnerabilidades de sus infraestructuras críticas.

Martes, 16 de junio de 2026. El viernes 12 de junio, a las 17:21 hora del este de Estados Unidos, el secretario de Comercio Howard Lutnick firmó una carta dirigida a Dario Amodei, CEO de Anthropic. La orden era breve y sin motivación técnica detallada: suspensión inmediata del acceso a Fable 5 y Mythos 5 para cualquier ciudadano extranjero, dentro o fuera del territorio estadounidense, incluidos los propios empleados de Anthropic. Anthropic, incapaz de distinguir en tiempo real entre ciudadanos estadounidenses y extranjeros entre sus cientos de millones de usuarios, hizo lo único que podía hacer: cortó el acceso a ambos modelos para todo el mundo.

Era la primera vez en la historia que el Gobierno de Estados Unidos aplicaba un control de exportación a un modelo de inteligencia artificial de uso masivo. No a chips. No a máquinas para fabricarlos. A software. A conocimiento. Y no dirigido solo a China, sino al planeta entero, incluidos los aliados. La guerra fría digital, que llevaba meses siendo una metáfora, dejó de serlo el 12 de junio.

Lo que eso significa para los ciudadanos españoles no es abstracto. Los bancos donde operan sus cuentas, las empresas que gestionan su red eléctrica, sus telecomunicaciones, su suministro de agua y sus sistemas sanitarios llevaban meses esperando acceso a la única herramienta capaz de encontrar en sus sistemas las vulnerabilidades que los atacantes también pueden encontrar. España había presionado durante semanas para que sus infraestructuras críticas pudieran entrar en el Proyecto Glasswing, el programa restringido de Anthropic basado en Mythos. Lo consiguió el 2 de junio. Lo perdió el 12. Una decisión tomada en Washington, sin consulta y sin preaviso, bastó para dejar expuestas durante un tiempo indefinido las grietas de los sistemas de los que depende la vida cotidiana de millones de personas. El Ministerio para la Transformación Digital, preguntado por el estado de ese acceso, respondió con cuatro palabras: «Está por ver qué sucederá.»

Esa frase resume con precisión involuntaria la condición de Europa en la guerra fría digital: espectadora de decisiones que la afectan directamente y sobre las que no tiene ni voz ni capacidad de respuesta. Durante meses, bancos, supervisores y grandes empresas no estadounidenses habían presionado para acceder a Mythos o al menos para recibir información sobre los fallos que el modelo detectaba en sistemas similares a los suyos. La inquietud tenía una dimensión técnica y otra estratégica: Europa ya depende de tecnología estadounidense para almacenar datos, operar servicios en la nube y sostener buena parte de su infraestructura digital. Mythos añadía una capa nueva a esa dependencia, al situar también fuera del continente la herramienta clave para localizar las grietas de sus propios sistemas. Cuando por fin obtuvo acceso, duró diez días.

El detonante del veto tiene nombre y apellido, y añade una capa de complejidad que va más allá de la geopolítica. Andy Jassy, CEO de Amazon, llamó personalmente el jueves 12 al secretario del Tesoro Scott Bessent para comunicarle que investigadores de Amazon habían conseguido usar Fable 5 para obtener información útil para ciberataques. La técnica era concreta: pedir al modelo que leyera un código fuente y corrigiera sus fallos de seguridad. Al menos otras cinco empresas contactaron esa misma noche y la mañana del viernes a distintos funcionarios con preocupaciones similares. A mediodía del 12, el Gobierno llamó a Anthropic: tenía 90 minutos para desconectar los modelos. La paradoja que define el episodio es que Amazon ha invertido 13.000 millones de dólares en Anthropic, es su proveedor de infraestructura en la nube y tiene representación en su consejo de administración. El mayor valedor financiero de Anthropic fue quien activó el cierre de su producto estrella.

Anthropic acató la orden y la impugnó al mismo tiempo. En un comunicado publicado la noche del viernes, la empresa sostuvo que la vulnerabilidad detectada es estrecha y no universal, que está presente en otros modelos públicos incluido GPT-5.5 de OpenAI, y que los responsables de seguridad informática la utilizan a diario. Tras revisar el informe en que el Gobierno basó la directiva, Anthropic no encontró el jailbreak que se le describía. «Creemos que esto es un malentendido y estamos trabajando para restaurar el acceso lo antes posible», escribió. Fue más lejos: si este criterio se aplicara a toda la industria, afirmó, paralizaría prácticamente todos los lanzamientos de modelos de vanguardia de cualquier proveedor. David Sacks, ex zar de la IA de Trump y actual copresidente del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología de la presidencia, publicó en X que la administración había pedido a Amodei retirar el modelo o corregir el fallo, y que Amodei se había negado.

Para entender por qué Mythos concentra tanta tensión, hay que volver al 7 de abril, el día de su presentación restringida a los primeros socios del Proyecto Glasswing. Ese mismo día, Bessent y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, convocaron una reunión de emergencia en Washington con los consejeros delegados de los bancos más grandes del país: Goldman Sachs, Citigroup, Morgan Stanley, Bank of America y Wells Fargo. Jamie Dimon, de JP Morgan, fue convocado pero no pudo asistir. El mensaje era claro: un modelo capaz de detectar vulnerabilidades de software que los mejores especialistas humanos han pasado por alto representa una amenaza sistémica para el sistema financiero. Desde su lanzamiento, los socios del Proyecto Glasswing habían identificado más de 10.000 vulnerabilidades de severidad alta o crítica en sistemas que afectan colectivamente a más de 100 millones de personas. Un modelo así, en las manos equivocadas, no es un problema de ciberseguridad. Es un problema de estabilidad.

El veto del 12 de junio no llegó, sin embargo, de un Gobierno que hubiera construido un marco coherente para regular la inteligencia artificial. En mayo, la Casa Blanca preparó una orden ejecutiva que incluía una moratoria obligatoria de 90 días para que el Gobierno revisara cada nuevo modelo antes de su lanzamiento. El 21 de mayo, con los ejecutivos tecnológicos ya invitados a la ceremonia de firma en el Despacho Oval, Trump canceló el acto. La noche anterior, Elon Musk, Mark Zuckerberg y David Sacks habían hablado con el presidente. «No me gustaron ciertos aspectos. Creo que se interpone en el camino de que estamos liderando a China, estamos liderando a todos», explicó Trump ese día. La orden ejecutiva que finalmente firmó el 2 de junio reducía la moratoria a 30 días y la convertía en voluntaria. Incluía además un párrafo explícito que prohibía al Gobierno exigir licencias previas para lanzar modelos de IA. Silicon Valley parecía haber ganado. Diez días después llegó el veto.

Lo que convierte al veto del 12 de junio en un hecho de otra naturaleza es precisamente esa contradicción. La orden ejecutiva del 2 de junio prohibía al Gobierno crear requisitos de autorización previa para modelos de IA. La directiva del 12 de junio obligó a Anthropic a desconectar globalmente dos modelos sin motivación técnica documentada, sin proceso transparente y en 90 minutos. Hasta ahora, los controles tecnológicos de Estados Unidos sobre adversarios como China se habían centrado en hardware: chips avanzados, máquinas de litografía, componentes físicos con cuellos de botella identificables. El 12 de junio, ese control saltó al software desplegado globalmente, desarrollado por una empresa americana, usado por cientos de millones de personas en países aliados. La diferencia no es de grado. Es de naturaleza. Controlar un chip es controlar una fábrica. Controlar un modelo es controlar lo que otros pueden saber, detectar y defenderse. Es el inicio de una guerra en la que las armas son invisibles y las bajas, por ahora, también.

Fuentes: Comunicado oficial de Anthropic del 12 de junio de 2026, Axios, The Wall Street Journal, CNBC, Bloomberg, TechCrunch, The Washington Times, Agencia EFE
Acerca de La Mar de Onuba 6810 Artículos
Revista onubense de actualidad, cultura y debate, editada y dirigida por Perico Echevarría - © Copyright LAMDO 2017 / ISSN 2603-817X

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