
Jueves, 31 de julio de 2025. Los incendios forestales siguen siendo el fantasma vivo que nos asalta durante los veranos en Huelva, que es una provincia catalogada íntegramente como zona de alto riesgo de incendios forestales. La Cuenca minera tiene la consideración, ganada históricamente, de campeona de los incendios forestales de la provincia. Pero no consiste en un mérito ni un orgullo, sino una circunstancia indeseada y difícil – si no imposible- de superar, donde ni siquiera el tiempo logra curarlo todo, como asegura el refrán. Un incendio forestal es para siempre.
Aparte de los conatos y pequeños incendios en el ámbito de Doñana, donde pierden más las personas que tienen sus hogares y pertenencias en los asentamientos esparcidos entre terrenos agrícolas y forestales, y alguno más en la provincia como el reciente de San Bartolomé de la Torre, de momento, y lo digo con los dedos cruzados y casi rezando, este año tenemos que lamentar un solo incendio en la Cuenca minera, en El Buitrón (Zalamea la Real), en junio, que ha quemado unas 280 hectáreas. Pero no hay que dormirse en lo laureles, porque el visor del INFOCA, ahora incluido en la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA), muestra que ha habido 99 incendios forestales en la provincia de Huelva en lo que va de año. Lástima que no he encontrado la información sobre las hectáreas en cada caso… será que no se informa de ello… éste es el enlace, por si se quiere leer de primera mano https://www.arcgis.com/
Huelva tuvo sus últimos grandes incendios, que son los de más de 500 hectáreas, en Almonaster la Real en agosto de 2020, que devastó 15.000 hectáreas, y en Las Peñuelas en Moguer, que en 2017 arrasó más de 10.340 hectáreas, afectando gravemente al Espacio Natural Doñana. Pero el gran incendio más devastador y que mejor nos muestra que el daño perdura de una forma infinita para el ser humano, cuya medida del tiempo es una vida media de 80 años, es el ocurrido en Huelva y Sevilla en 2004, que quemó unas 35.000 hectáreas. En nuestra provincia devastó casi 15.500 hectáreas y afectó a siete municipios, principalmente al de Berrocal, ubicado en la llamada zona cero junto con el vecino El Madroño de Sevilla.
Dos malas noticias…
Primera mala noticia: tras los incendios forestales siempre ocurre lo mismo: de momento parece que todos los resortes de ayuda y constitucionalidad de los Gobiernos diversos y la solidaridad se activan, pero pronto se desvanecen en el olvido. No hay recuperación de la zona ni de la economía local, no hay seguimiento real de la restauración y los problemas de sus habitantes. Las promesas ya no se encuentran ni en los medios de comunicación que las publicaron hace dos décadas quizá solo en la memoria colectiva recogida en los cuentos de las reuniones vecinales sentadas en las puertas a la fresca, como en el mencionado Berrocal.
Este fin de semana pasado se han cumplido 21 años de aquel incendio que destruyó la forma y medio de vida de Berrocal en 2004. La pérdida del alcornocal y dehesas de Berrocal por el incendio no solo fue el adiós al paisaje de sus vidas. La pérdida llegó al Congreso el año siguiente, cuando la entonces portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Fátima Báñez García, expuso que: «El impacto en los municipios afectados ha sido de una extraordinaria entidad, por cuanto el incendio se cebó especialmente en el monte de alcornocal, lo que constituía un aporte muy importante a la renta de los ciudadanos de esos municipios, cuando no de sustento de muchas familias —estamos hablando de más de 300 familias afectadas en la zona cero por esta tragedia—, todo ello sin perjuicio de la importante afectación que también ha sufrido el sector ganadero y de los valores medioambientales y paisajísticos de la zona». El pueblo, resiliente, se ha adaptado apesar de los incumplimientos de las promesas de reparación, financiación, restauración y seguimiento de las administraciones públicas, aunque no cesa de perder población y a duras penas levanta cabeza.
Actualmente, los ingresos por la recolección de corcho local, que alcanzaba los 12.000 Qc anuales en Berrocal (1 Quintal castellano=46 kilogramos), quedó drásticamente reducida a la décima parte. Ello ha diezmado desde hace más de una década la importante actividad de la Cooperativa Corchera San José que era el centro económico de Berrocal. Era la única entidad cooperativa andaluza dedicada exclusivamente a la manipulación del corcho en todas sus fases y su comercialización. Ahora por cuestión de rentabilidad no realizan, por ejemplo, el cocido del corcho, sino que lo recepcionan, pesan, clasifican y comercializan en bruto, como hace la otra cooperativa que existe en Andalucía que, aunque dedicada de forma más general a productos agrícolas y forestales, incluye el corcho, que es Coforest SCA, de Córdoba. Y la situación empeora con el tiempo: este año se han recogido en Berrocal en lo que va de campaña, que dura hasta el 1 de septiembre, tan solo 550 Qc, el 4% de aquellos 12.000.
Segunda mala noticia: como sabemos, la tendencia de salvaguardar los espacios forestales y pueblos que viven conservándolos está invertida desde hace unos años. La política forestal vacila y difiere mucho de lo que tanto la inteligencia natural como el conocimiento científico recomiendan, que se puede resumir en: por una parte, incrementar durante las estaciones de bajo riesgo los trabajos e inversiones para la gestión de los montes y preparación de las zonas forestales, creando masas mixtas de especies arbóreas y arbustivas autóctonas, con limpieza de cunetas y zonas de tránsito humano (nuestra huella de basura es general y nadie escapa de este pecado, por desgracia) y, por otro lado, afianzar la estructura, preparación, seguridad y derechos del equipo humano encargado de ello.
Pero, retomando el INFOCA, aunque la Junta de Andalucía se jacta de tener el mejor INFOCA de todos los tiempos… creo que la humildad no debiera dejar lugar a ostentar y presumir. En el fondo sabemos, tanto la ciudadanía como la clase política y, por supuesto, el personal que trabaja en el INFOCA, que de momento no ha habido en 2025 muchos días de condiciones extremas simultáneas, esas que llevan a hablar de incendios de sexta generación -porque no sabemos cómo afrontar tamaña devastación-. También sabemos que el INFOCA se ha visto deteriorado en el último lustro, tanto en partida presupuestaria, como en medios humanos. Sabemos que un dispositivo útil, eficiente y bien organizado necesita personal para prevención en primavera e invierno y extinción en el «veroño» y resto del año; y es necesario un personal feliz con su sueldo, sus vacaciones y sus condiciones laborales en general. Por ello, es difícil en su mermada situación actual en lo relativo a recursos de todo tipo, evaluar cuál sería la posible eficiencia del equipo actual del INFOCA ante un gran incendio forestal de condiciones adversas.
…y una buena noticia
Por acabar con una buena noticia, si bien no hallo una relacionada con los incendios forestales, he de romper una lanza por los únicos incombustibles en las zonas rurales, que son las gentes de los pueblos forestales, las asociaciones civiles de defensa de los espacios naturales y los trabajadores y trabajadoras del dispositivo andaluz de prevención y extinción de incendios forestales. Quienes viven en los montes y los cuidan plantando y gestionándolos para su recuperación e instando a las administraciones a que los protejan. También quienes solidaria y desinteresadamente ocupan su tiempo libre (o no tan libre) en actividades asociacionistas que buscan la justicia ecosocial y proporcionar a la sociedad beneficios ecoambientales. Además, quienes auxilian a esos pueblos y esos montes, protegiendo viviendas, huertos y personas, saneando las masas y salvando a los animales y la vegetación con sus medios disponibles de la devastación de las llamas, exponiendo sus vidas por protegerlos. Vaya mi agradecimiento, en especial, para quienes habitan las zonas rurales forestales de la Cuenca minera, por las asociaciones locales como Fuegos nunca más y por el INFOCA -ampliado a todos los cuerpos oficiales de apoyo en la extinción- de los Centros de Defensa Forestal (CEDEFO) de Los Cabezudos, Galaroza y Valverde del Camino.
A quienes, a pesar de todo, afrontáis durante todo el año y sin titubeos los incendios forestales: gracias.
Rosa Fernández Díaz es periodista

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