
Sábado, 13 de diciembre de 2025. Trump y Xi Jinping apuestan a la integración mutua entre China y EE.UU. El presidente estadounidense sabe que la Inteligencia artificial tiene un carácter intrínsecamente cooperativo y que, a mayor integración con China, mayor es la capacidad competitiva de Estados Unidos.
Siempre he creído que el desarrollo de China debe ir de la mano con su visión de hacer grande a Estados Unidos otra vez/MAGA”, le dijo Xi Jinping a Donald Trump al abrir la conferencia entre los dos líderes de las superpotencias que se realizó en Busan, Corea del Sur. Agregó, el heredero de Mao Tse Tung y de Deng Xiaoping, que esta visión era coherente con las ambiciones de China de “restaurar sus Glorias del Pasado, en el gran rejuvenecimiento de la Nación China”, la reinstauración del Imperio del Medio en el siglo XXI.
La República Popular se ha convertido en la segunda economía del mundo (18.6 billones de dólares/ 20% del PIB global) y en la única capaz de competir con Estados Unidos por el dominio de las tecnologías de avanzada de la Revolución Industrial que vivimos y en primer lugar la decisiva, que es la Inteligencia artificial.
China experimenta al mismo tiempo una profunda crisis interna, en la que se combina una honda depresión doméstica deflacionaria con una notable expansión de sus exportaciones manufactureras, que le han otorgado un superávit comercial de 1,4 billones, fundado en un superávit de cuenta corriente de 13% del producto, de lejos el mayor del mundo. De ahí que China domine en este momento más de la mitad del comercio internacional y casi 80% del intercambio manufacturero. Esta paradoja es el resultado de la creación de una formidable máquina de producción manufacturera, a la que ha destinado una inversión de más de 6 puntos del producto por año en las últimas dos décadas y que al mismo tiempo muestra señales nítidas de agotamiento, con una aguda sobreproducción que tiene lugar con un consumo doméstico históricamente bajo, de sólo 38% del PIB, el menor entre las grandes economías del mundo.
Por eso, el objetivo central de China hoy es duplicar el consumo doméstico en los próximos 5 años y de esa manera reducir a la mitad la masa de inversiones que orienta a la expansión del sector manufacturero. Este auge sistemático del consumo doméstico requiere un aumento en gran escala de las exportaciones estadounidenses, multiplicándolas por 3 o 4 en el mismo periodo.
Esto, precisamente, es lo que Trump quiere acentuar levantando todas las restricciones para las ventas a China de los semiconductores o chips de última generación, comenzando por los de la empresa Nvidia, que acaba de cotizar en Wall Street a 5 billones, la cifra más elevada de toda la historia bursátil norteamericana.
Trump ha incentivado al titular de Nvidia, Jensen Huang, a colocar en el mercado chino sus chips más avanzados, incluyendo los blackwell de última generación. Lo hace sin ningún tipo de preocupación por la denominadas exigencias de “seguridad nacional”, con lo que significa esta actitud para los hondos resquemores que ha provocado en el Capitolio y las filas del Pentágono.
Huang le ha señalado repetidas veces a Trump que la competencia en materia de chips entre Estados Unidos y China ya no es por quien los tiene más avanzados, sino que ahora ha alcanzado un plano superior: quien fija los estándares de su aplicación en el mundo entero. En este aspecto decisivo, absolutamente crucial en este momento, EE.UU. ha establecido su hegemonía a través de los productos de Nvidia.
De ahí que, cuanto más se utilizan los productos de Nvidia en el mercado chino – el mayor del mundo, que importa todos los años 400.000 millones de dólares de chips avanzados -, más se afirman los estándares de aplicación originados en el mercado norteamericano.
Todo esto sobre la premisa de que la tecnología de la Inteligencia artificial es intrínsecamente cooperativa y no antagónica.
En síntesis Trump sabe, guiado por su instinto de hombre de negocios, no sólo que la Inteligencia artificial tiene un carácter intrínsecamente cooperativo sino que, a mayor integración con China, mayor es la capacidad competitiva de Estados Unidos. Por eso se ha puesto en marcha este proceso de continua fusión entre las dos superpotencias en el universo compartido de las altas tecnologías.
Xi Jinping, en suma, quiere acelerar la convergencia entre China y Estados Unidos y le señala a Trump que la agenda entre MAGA norteamericano y el sueño del rejuvenecimiento de la Gran Nación China para volver a colocar al gran Imperio del Medio en el corazón del siglo XXI no sólo son compatibles, sino mutuamente necesarios. Hasta el punto de fijar para las dos superpotencias “un destino común de prosperidad compartida”.
Todo se funda en los chips de Nvidia, la gran empresa high tech de EE.UU y del mundo, propiedad de Huang, cuyos padres nacieron en la Isla de Taiwán, respecto a la que Donald Trump sabe que “China es una sola, y Taiwán es parte de ella”, como establecieron de una vez para siempre Richard Nixon y Zhou Enlai en el “Comunicado de Shanghai” de 1972.
Francisco Villanueva Navas, analista de La Mar de Onuba, es economista y periodista financiero. @FranciscoVill87

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