
Domingo, 28 de junio de 2026. La noche del 26 de junio de 2026 quedará como una fecha histórica para el K-pop en España. BTS ofreció en el Riyadh Air Metropolitano el primero de sus dos conciertos en Madrid y el inicio de su gira europea Arirang, ante cerca de 75.000 espectadores con las entradas agotadas. El sábado volvió a ocurrir se colgó el cartel “sold out” un total de 150.000 fans de la ARMY de BTS.
El ambiente comenzó a sentirse desde primeras horas de la tarde, con miles de seguidores, muchos llegados de otros países, como vengo observando en todos y cada uno de los conciertos en el país que acumula el mayor número de ellos solo por detrás de EEUU; llenando los alrededores del estadio. La organización abrió las puertas a las 17:00 para facilitar una entrada escalonada antes del inicio del espectáculo a las 20:00. La organización del ayuntamiento de Madrid en la gestión del tráfico es de un suspenso enorme y no se como no se habla más de ese caos siempre que hay concierto en el Metropolitano.
En lo artístico, el concierto marcó el regreso de los siete integrantes tras el paréntesis motivado por el servicio militar obligatorio en Corea del Sur. El espectáculo combinó canciones del nuevo álbum Arirang con algunos de los mayores éxitos de la banda, como “FAKE LOVE”, “Dynamite” y “Butter”. La producción destacó por un escenario de 360 grados, un amplio despliegue audiovisual y referencias a la cultura tradicional coreana mediante escenografía, danza y elementos visuales.
La reacción del público fue constante durante las más de tres horas de actuación. El denominado ARMY convirtió el estadio en un mosaico de luces gracias a los light sticks sincronizados y acompañó prácticamente todo el repertorio cantando al unísono, reforzando el carácter de acontecimiento colectivo que caracteriza a los conciertos del grupo.
Son muy buenos BTS. Esa es la afirmación que sobrevuela al grupo surcoreano, que este viernes y sábado, ha aterrizado en el Riyadh Air Metropolitano para reunir a más de 150.000 personas. Ha sido a las 20.20 cuando el misterio ha comenzado a desvelarse. Los protagonistas son un septeto convertido en la boy band más exitosa del mundo, siete artistas perfectamente entrenados para ser cantantes, raperos, bailarines y modelos. La ambición del espectáculo es más que evidente y lo que se espera de unos jóvenes que han sido entrenados para ello.
Un recinto 360 grados con luces y visión total. Ya lejos quedan ya las pulseras con luces parpadeantes de Taylor Swift o Coldplay o las cámaras con luz que repartió el puertorriqueño hace cuestión de dos semanas. En Corea se llevan los lightsticks. Así, a las 20.19 horas, con casi 20 minutos de retraso, una marabunta de army bombs, un bastón-bombilla de mano, que costaba 70 euros en el merchandising, estaba alzada al cielo acompañados por un sinfin de chillidos y un recinto de 360 grados que se preparaba para recibir a los siete artistas. Medio centenar de bailarines irrumpió desde las esquinas entre bengalas de humo rojo, inaugurando un espectáculo concebido para ofrecer una visión privilegiada desde cualquier punto del estadio. Y para ello, unas gigantescas pantallas con las que no perderse nada de su idol favorito. Eso sí, lejos de convertir las tablas en un parque de atracciones temático, solo en el centro se colocó una pequeña plataforma negra, que subía y bajaba a petición de la puesta en escena. Los bailarines, los protagonistas y el despliegue técnico, cuando se requería, hacían el resto.
Por esto mismo, durante determinados puntos del concierto se sintió levemente irregular. Dividido en tres actos y acompañado por un griterío constante que no abandonó el estadio ni un solo minuto del espectáculo, el concierto alcanzó su punto álgido en el segundo tramo. Fire, Body to Body o, sobre todo, Idol, convirtieron el escenario en una exhibición de músculo escénico. Alrededor de medio centenar de bailarines irrumpieron sobre las tablas —en algunos números caracterizados como guerreros con largas espadas luminosas un poco al estilo Star Wars— hasta que, en el clímax de Idol, recorrieron su perímetro entre banderas con el logo de BTS. Es entonces cuando la producción deja de impresionar para convertirse en un espectáculo descomunal.
Mientras algunos medios elogiaron el nivel técnico del espectáculo y la ambición visual del regreso de la banda, otros consideraron que la puesta en escena resultó demasiado programada y echó en falta una mayor interacción espontánea con el público y una presencia más marcada de la identidad musical que propone el álbum Arirang.
Entre las anécdotas de la segunda noche destacó la aparición de Suga con la nueva camiseta del Atlético de Madrid, que aún no había sido presentada oficialmente y terminó convirtiéndose en una inesperada plataforma de lanzamiento para la equipación del club.
Más allá del repertorio y la producción, el concierto confirmó el enorme alcance de BTS en España. Tras años de espera y una gira cancelada durante la pandemia, el grupo debutó finalmente en el país con un lleno absoluto y un evento que situó a Madrid como punto de partida de su nueva etapa internacional. España es referente en el mundo también en conciertos y los llenos están garantizados por montones de fan de muchos países; precios bajos y más asequibles que en otros focos musicales del planeta.
En resumen y desde mi punto de vista de fan y con membresía ARMY, resumo la experiencia BTS como vida pura, talento a chorros, juventud, alegria, valores, buenos chicos y buena música hecha para ser vitamina de vida. Un enorme placer poder asistir a un evento de estas dimensiones….no tengo palabras, el futuro está aquí y de sopetón y me gusta mucho el mundo de esta juventud talentosa. Adelante K Pop, adelante BTS.
Francisco Villanueva Navas es redactor de La Mar de Onuba

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