¿Y por qué no desescalar pensando también en los grupos de edad?

por Javier Cebolleda

 

 

Si la meta es recuperar la economía, además de controlar la pandemia, quizás la edad, y no solo la geografía, debería haber sido un factor a tomar en cuenta en el plan de desescalada que acaba de comenzar.

Paula y Rubén tienen 32 y 35 años respectivamente y son padres de dos niños de 6 y 4 años. Ninguno de los cuatro tiene ninguna enfermedad conocida. Paula teletrabaja en una empresa de informática, pero Rubén ha sufrido un ERTE en el restaurante en el que trabajaba.

Los padres de Rubén, Josefa y Ramón, de 82 y 85 años, tienen varios hijos y nietos y viven solos, aunque en el mismo barrio que su hijo. Josefa tiene diabetes y Ramón una insuficiencia respiratoria grave. Desde que se decretó el estado de alarma no han salido de casa ni han tenido contacto físico con nadie, incluso tras la relajación de las medidas.

Sus hijos les hacen la compra por internet en un supermercado y ellos por teléfono a una frutería cercana. Les dejan los pedidos en la puerta de casa y luego ellos la desinfectan con cuidado. Un vecino les saca la basura.

¿Son tan similares las circunstancias de ambas familias como para que unos y otros deban tener un idéntico calendario de desconfinamiento? ¿Deben Paula, Rubén y sus hijos mantenerse confinados, sin consumir ni producir lo suficiente, pese a su bajo riesgo de hospitalización y a las malas previsiones económicas para España en los dos próximos años?

Todos sabemos que este es un tema sensible, que debe ser tratado con cuidado y que tiene implicaciones sociales, éticas y jurídicas, además de sanitarias y económicas, pero quizás valga la pena debatirlo.

Las estadísticas de la pandemia

Según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la probabilidad de hospitalización por la COVID-19 aumenta claramente con la edad.

Mientras que en personas de entre 0 y 4, 5 y 17, y 18 y 49 años, las probabilidades son del 0,3, 0,1 y 2,5 por ciento respectivamente, para personas de entre 65 y 74, 75 y 84, y mayores de 84, las probabilidades suben al 12,2, 15,8 y 17,2 por ciento. Los adultos de entre 50 y 64 años tienen una probabilidad del 7,4% de ser hospitalizados.

La probabilidad de enfermar gravemente aumenta si se tienen dolencias previas, situación a la que son más proclives las personas de edad avanzada. Aunque también hay personas mayores con un buen estado de salud y menor probabilidad de requerir hospitalización de la que corresponde a su edad.

En cualquier caso, y salvo excepciones, la edad es un buen predictor de la probabilidad de requerir hospitalización por la COVID-19.

Desconfinamiento por horas

El plan de desconfinamiento en varias fases diseñado por el Gobierno contempla ciertas asimetrías en el avance hacia la nueva normalidad. Pero esas asimetrías son sobre todo geográficas, de manera que unas provincias o zonas sanitarias podrán avanzar más rápido que otras. Sin embargo, apenas incluye pequeñas diferencias según la edad, como distintas franjas horarias para salir a pasear.

Es posible, como ha anunciado el Gobierno y se ha visto en otros países, que en ese avance hacia la “nueva normalidad” se vayan dando dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Así, si en algún momento hay un repunte del brote vírico, podrían endurecerse de nuevo las medidas de confinamiento.

Desescalar, producir y consumir

Si queremos comenzar a recuperar la economía, además de controlar la pandemia, la edad, además de la geografía, debería ser un factor importante a la hora de diseñar la desescalada.

De este modo, los hogares formados por personas jóvenes podrían avanzar más rápido, pues, aunque adquieran la enfermedad, tienen una baja probabilidad de que ésta se manifieste de forma grave.

Los hogares formados por personas con bajo riesgo de contagio por edad representan la principal fuerza productiva. Además, son mayoría respecto a los segmentos de mayor riesgo de hospitalización y consumen más, sobre todo fuera del hogar (transporte, vestido y calzado, ocio, espectáculos y cultura, hoteles, cafés, restaurantes).

Si se permite que estos segmentos de población lleven una vida cercana a la normal, aunque con las medidas lógicas de distanciamiento social, podrían recuperarse más rápido la producción y el consumo y, por tanto, la economía, con un bajo riesgo de colapso en los recursos hospitalarios.

Obviamente, los expertos son los que mejor pueden establecer cuáles son las medidas más adecuadas para cada grupo de edad y cómo evitar el contagio de los jóvenes a los mayores.

Pero cabe la discusión de si las medidas de desconfinamiento podrían, y deberían, ser diferentes para personas de bajo y alto riesgo, si lo que queremos es ayudar a minimizar el impacto de la COVID-19 sobre la economía española, sin comprometer el control de la pandemia.


Javier Cebollada es profesor de Marketing, Universidad Pública de Navarra.
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