Xacobe Iglesias: ‘Las raíces de la crueldad’

La naturaleza del mal.

La ventaja de estar lesionado, es el tiempo. La desventaja que en ese tiempo, careces de la libertad ambulatoria suficiente para poder hacer poco más que leer.  Acostumbrado como estoy a leer en transporte público, se me hace extraño dedicar más de una o dos horas a un texto, así que, como mosca, voy pasando de un lado a otro, o, como en este caso del Post Comunismo de Angela Davis, al anarquismo de Emma Goldman pasando por el humanismo de Arendt, y todo alternado con blogs, periódicos online y Redes Sociales.

Es desde esta última vía, que he llegado a un artículo de The New Yorker firmado por Paul Bloom, un artículo que sirve para reseñar tres libros que, obviamente, caerán antes o después. En concreto:

“Down Girl: The Logic of Misogyny” de la filósofa Kate Manne
Less than Human” del filósofo David Livingstone Smith,
Virtuous Violence: Hurting and Killing to Create, Sustain, End, and Honor Social Relationships” del antropólogo Alan Fiske y el spicólogo Tage Rai.

La deshumanización de la víctima como explicación

El artículo comienza con una descripción del uno de los episodios de la distopía “Black Mirror” que se emite actualmente en Netflix, en concreto en S3E5 que en Español se titula “la ciencia de matar”.  La tesis que se esconde en este episodio es que el agente ejecutor de la violencia no cuestiona matar a otros en tanto percibe de forma inducida que esos otros no son realmente humanos, sino que los ve como animales -cucarachas-. Es un fallo en el dispositivo que nubla su percepción y que le impide dejar de ver a los perseguidos como cucarachas lo que le hace cuestionarse moralmente los hechos. La teoría viene a decir que los genocidas actúan de esta manera porque no son capaces de apreciar la humanidad de los otros, es decir, los otros no son sus iguales sino que son subproductos.

Esta teoría se basa en escritos de los esclavistas, para quienes los Negros “a pesar de su aspecto pareciera humano, no eran verdaderamente hombres sino criaturas sin almas que debían ser clasificadas como bestias”, (y así Fray Bartolomé de las Casas – uno de los precursores del Derecho Humanitario- ya en el SXVI se empeñaba en reconocer “naturaleza humana” a los habitantes de las Indias,  en realidad “Less than Human” es sólo un eslabón más de una idea que tiene raíces antiguas).  Del mismo modo, para hablar de los horrores de los totalitarimos, Arendt describe el proceso de deshumanización, incluso tras la muerte, como un medio eficaz de evitar el pensamiento (reflexión moral) en favor del razonamiento (cálculo lógico o matemático). Como Levi-Strauss decía “La humanidad se acaba al borde de la tribu, del grupo lingüístico, incluso a veces del pueblo”.

¿Pero y si esto no fuera suficiente?

El problema surge cuando ampliamos la lupa y nos damos cuenta de que el proceso de Deshumanización es ubícuo. ¿cómo, si no, explicar el fenómeno hater en Redes Sociales?. Es cierto que la deshumanización, el considerar al otro como un animal o un producto subhumano, está en la retórica de los supremacistas blancos, o en la de los machistas más acérrimos, pero también en el otro lado, y en más lugares. En el artículo se mencionan ejemplos punzantes: “gente a las puertas del juzgado indignada llamando a los delicuentes animales, psicópatas que tratan a las víctimas como medio, pobres ridiculizados y agredidos, transeúntes que miran a las personas sin hogar como obstáculos….”

Lo verdaderamente relevante del artículo es que plantea que no todas las violencias pueden justificarse o tener origen en la deshumanización del otro. En ese sentido menciona las llamadas “Fiestas de la limpieza” que se producen en el 38 en Austria, y que constituyen humillación ritual en la que los cirujanos o abogados judíos eran obligados a barrer las calles. El escarnio público tiene una honda tradición en los sistemas punitivos – por cuanto se busca la aniquilación de la persona moral -. La cuestión es si los sometidos a este escarnio lo eran en base a su falta de emociones humanas, y se deduce que los judíos que no eran indiferentes a su trato reunían a multitudes que querían verles sufrir. De esto infiere el autor del texto que tratar a seres humanos como animales lleva implícito el reconocimiento de su humanidad, y, por tanto, no habría deshumanización.

¿Y qué decir de la violencia? Existen teorías que explican la violación y el asesinato como acciones racionales que persiguen un beneficio para el que las ejecuta (por ejemplo en entornos tribales o violentos). En otras ocasiones el comportamiento violento es visto como una pérdida de control o la enajenación transitoria motivada por el consumo de sustancias, de forma tal que la gente que agrede muestra, también, bajo control de impulsos.

Pero la casuística es tan amplia que las motivaciones se multiplican. En “la Violencia de la Virtud”, Fiske y Rai   dicen que la violencia no es ni una solución racional a un problema ni una falta de inhibición de impulsos, sino que la moralidad -una moral degradada y repugnante -es una fuerza motivadora. “ la gente se encuentra impelida a la violencia cuando sienten que para regular ciertas relaciones sociales, el infringir sufrimiento o matar es legítimo, deseable natural, perdonable o incluso admirable”. Los ejemplos de esto irían desde los terroristas suicidas, la permisividad de la población a las torturas de los prisioneros (haya o no guerra: Guantánamo), y en algunos casos la violencia de género. El agresor se mueve por un “deseo de hacer lo correcto”, de exigir venganza o de enseñarle a alguien una lección. Pero trasladado al dilema inicial, y si esto es así, lo cierto es que tal castigo se infringe en tanto se ha producido una transgresión ética o moral. Es decir, esta agresión lleva el reconocimiento implícito de que la víctima es un ser humano con capacidad de acción.

¿Y si la humanidad de la víctima es el desencadenante?

En “Down Girl”, Kate Manne se niega a ver a los violadores como “no humanos”, y plantea que “las personas pueden saber muy bien que aquellos a quienes tratan de formas bruscas y degradantes, de forma inhumana, son seres humanos”. Para Manne, en la Misoginia se muestra que “a menudo no es la falta de humanidad, sino, precisamente su humanidad es el problema”.  Los hombres han llegado a esperar ciertas cosas de las mujeres: atención, admiración, simpatía, sexo y amor. La Misoginia es la mentalidad que controla e impone esos objetivos, es el marco del patriarcado: el castigo a las mujeres malas se basa en que no dan a los hombres lo que quieren, y por otro lado recompensar a las mujeres que se conforman y empatizan con los hombres que han hecho cosas terribles a mujeres (ella llama a este fenómeno Himpatía).  Manne muestra el caso de Elliot Rodger , autor de la masacre de Isla Vista, CA. Este asesino no objetivaba a las mujeres, simplemente estaba enfurecido y frustrado porque la capacidad de amar de las mujeres nunca se había extendido a él.  En una cita de vídeo, Rodger, explicó que “las mujeres le daban su afecto,sexo y amor a otros hombres pero nunca a mí” “Las castigaré por todo eso… disfrutaré muchísimo matándolas” . Para Manne estos episodios pueden verse como un ejemplo de manifestación extrema de la misoginia como marco, de lo que deduce que el foco de la lucha debería ser el marco ideológico.

El análisis de Manne puede verse como derivado de la observación de Margaret Atwood:  “los hombres temen que las mujeres se rían de ellos, y las mujeres temen que los hombres las maten”.

Pero si hay actos de crueldad no propulsados por el fenómeno de la deshumanización, también es cierto que no toda deshumanización lleva aparejada la crueldad. Manne por ejemplo refiere el caso de los médicos y cirujanos para decir que no tiene nada de malo que un cirujano vea sus pacientes como objetos cuando está en la mesa de operaciones, y de hecho,es importante.

Pero, volviendo al tema, ¿y si fuese precisamente la humanidad el detonante de la violencia?. Cuando tratamos con semejantes no podemos evitar actitudes como la admiración, la gratitud, el sentimiento o la culpa, cosa que no sentimos generalmente por los objetos. Reconocer la humanidad del otro tiene riesgos y Manne los resume cuidadosamente “ ver a alguien como una persona hace posible que esa persona sea un verdadero amigo, o un compañero, pero también que esa persona sea un rival, un enemigo, un traidor” más aún “al ser capaces de racionalidad, de acción autonomía y juicio, la otra persona es alguien que podría coaccionarte, manipularte, humillarte o avergonzarte. Al ser capaz del razonamiento abstracto y emociones morales congruentes, son capaces de pensar mal de ti, de mirarte mal. Al ser capaces de formar deseos e intenciones complejos, son capaces de albergar malicia y conspirar, al ser capaces de valorar, pueden valorar aquello que te disgusta y aborrecer lo que te gusta. Por tanto al ser humanas pueden ser una amenaza”.

En otro libro, “One Long Night” de Andrea Pitzer, hace un relatorio exhaustivo sobre los campos de concentración. Un campo de concentración existe cuando un gobierno mantiene  a un grupo de civiles fuera del amparo de la ley, en una situación de limbo. Hay, incluso, campos de concentración que empiezan con intenciones nobles, como los campos de refugiados, pero que se vuelven purgatorios permanentes. Lo relevante es que la descripción de Pitzer contiene tantos ejemplos de crueldad o degradación que es imposible verlos como una mera falta de reconocimiento de la humanidad de las víctimas.

En resumen

Lo que me queda claro después de todo este viaje es que la violencia ejercida por y entre seres humanos tiene una causalidad múltiple. Me resulta simplista intentar encontrar una causa única a la violencia en general, y responde a una concepción de la ciencia social como si fuera matemática (tal y como señalaba en el post de la mentira en la política).

Al contrario que el autor, no descarto el hecho de que la deshumanización esté en la base de la violencia. Ya desde la antigüedad, en referencia al ilícito, aparece como motivo para no desearlo desde un punto de vista ético, entre otras cuestiones, el cambio que supone la acción en el mundo y en la persona que la ejecuta: el ciudadano virtuoso, en tanto no conoce de la agresión vive ajeno a ella sin concebir siquiera su posibilidad;  pero el que ejerce la violencia, aun sin castigo, se enfrenta a dos resultados destacables entre otros: en primer lugar es consciente de la transgresión (su vida se hará diferente) y en segundo lugar, y dado que es consciente de esa agresión, se le revela la posibilidad de ser objeto de agresión, es decir la mirada a sus semejantes nunca volverá a ser la misma. No obstante, en muchos de los casos de violencia explicados, no se ajustan a este esquema: el agresor machista, el nazi, el agresor virtuoso, no ven alterado su mundo sino que, por contra, pretenden restituirlo, porque es esa alteración provocada por la capacidad de la víctima de alterar su mundo, la que desencadena el hecho y por tanto, justifica al agresor, que entiende justificada la violencia.Sus relaciones con su entorno no se verán alteradas porque en realidad lo que viene esta violencia virtuosa a realizar es precisamente la restauración del orden que el agresor creía perturbado.

Por tanto, si bien no se trataría de una objetivización per se , tampoco está claro que el agresor vea al ser humano agredido como un ser humano “a su altura” (un ser humano sin derecho a tener -ciertos- derechos, tal y como refiere Arendt.

Es decir, no es, estríctamente un proceso de deshumanización completo el que lleva a estos agresores, sino, más bien, una choque en la situación jerárquica imaginada por el agresor (blancos, negros, gays), y la violencia, una reacción “racional”.

¿Hasta que punto sería pues aplicable un atenuante de enajenación transitoria? Esto es especialmente relevante en los delitos de Odio, o en la Violencia de Género.

El esquema de Humanos de primera clase y Humanos de segunda o tercera clase, sostenido por toda la constelación de ideologías (nacionalismo, machismo, racismo, etc) estaría en el cóctel de fenómenos que dan lugar a la violencia, y por tanto la erradicación de estos fenómenos lleva necesariamente a la lucha contra este tipo de ideologías -tal y como señala Manne-.

Y digo cóctel de fenómenos, porque lo cierto es que los fenómenos humanos nunca tienen una ley común o una causa única, sino que son producto de la conjunción de miles de “alas de mariposa“, de ahí que el  esfuerzo debería centrarse en comprender.

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