Vox habla de España pero no de democracia: un análisis de los programas electorales ante el 10-N

Alexandru Nika / Shutterstock
por Juan de Lucio

 

El programa electoral de un partido político debería reflejar la estrategia para un país. Es el contrato de los partidos con sus electores y la ciudadanía.

 

Ante la elecciones generales del 10 de noviembre en España, los principales partidos vienen publicando sus programas (Podemos, PSOE, PP; los 10 Acuerdos de Ciudadanos; los programas Verde, Económico y de Cuidados de Más País; y las 100 medidas de Vox, recicladas de comicios anteriores).

Un programa electoral debería ser como los planos de un arquitecto: detallado y con fundamento. El programa constituye la base del desarrollo de un proyecto político.

A pesar de la importancia de los programas electorales, nos encontramos con documentos, en muchos casos, mediocres. Siguiendo con el símil arquitectónico; habitualmente los programas electorales solo se encargan de la decoración y se despreocupan de si el propietario puede permitirse el coste del proyecto, no detallan la prioridad de los distintos elementos y se abstraen de explicar las motivaciones subyacentes, el proceso de ejecución o de si el diseño aguantará el paso de los años.

La evolución de los programas en 40 años de democracia

En más de cuarenta años de democracia se han celebrado 14 procesos electorales. Entre el PP y el PSOE se han escrito más de dos millones de palabras. Los gráficos de la figura 1 ilustran, para los principales partidos políticos (con más votos, tradición y estabilidad), la evolución del tamaño de los programas electorales (medido por el número páginas, frases y de palabras). Se observan varios elementos:

  1. El PP elaboraba programas algo más extensos, en páginas, que el PSOE. Quizás como consecuencia de la mayor utilización de elementos gráficos o de diseños menos compactos. Esta circunstancia cambió en la segunda década de este siglo.
  2. Hasta la primera década del siglo se observa un aumento en el tamaño de los programas. Más recientemente los programas tienden a reducirse en extensión. Para el 10N el PSOE ha presentado un programa con 54 páginas (las doce primeras de índice).
  3. En la repetición de los procesos electorales (2015-2016) hubo poca renovación. Los programas son prácticamente los mismos. Lo que permite concluir que a pesar del fracaso que supone no formar gobierno estable, los partidos políticos no siente la necesidad de cambiar sus programas. Para el 10N Vox no ha cambiado ni una coma del programa. Este progama será el que más votos ha recida por palabra.

Figura 1: Evolución del tamaño de los programas electorales: páginas, frases y palabras.

 

 

El análisis automático del texto facilita el conteo de la aparición de determinados términos. En la figura 2 se ilustra el número de veces que aparecen algunos conceptos económicos por cada 1 000 palabras para los dos principales partidos. Se observan sensibilidades similares en los dos partidos políticos. Este ejercicio, por ejemplo, permite identificar los periodos de crisis económicas con bastante claridad o que el empleo siempre ha sido un tema prioritario en la economía española.

 

Figura 2: Evolución de la aparición de determinados términos en los programas electorales de los principales partidos políticos.

Sobre las pasadas elecciones del 28 de abril

Este mismo ejercicio de conteo de palabras específicas se ha realizado con los programas de aquellos partidos que se presentaron en todo el territorio nacional y obtuvieron representación parlamentaria el pasado 28 de abril.

La figura 3 ilustra la frecuencia (por palabra) con la que aparecen determinadas raíces como “democra” (incluiría palabras como democracia, democrático, demócrata, etc), “españ” (incluiría España, españolas, españolización, etc).

Se observa que los programas de derechas tienen una mayor frecuencia de la palabras con raíz “españ”. Podemos e IU se ven menos preocupados que el resto por los asuntos de terrorismo e internacionales. Mientras que en el programa de Vox no hay ni una referencia a la palabra “democracia”

Figura 3: Presencia de los términos en los programas electorales de las elecciones generales del 28 de abril 2019.

Finalmente, el tratamiento de texto permite también analizar la legibilidad de los textos facilitados por los partidos políticos.

La figura 4 muestra los niveles de legibilidad para los programas políticos de los partidos. Indicadores más altos corresponden con mayor legibilidad. Los niveles que presenta ambos indicadores se asocian con textos difíciles de leer. Los programas más sencillos de leer fueron los de los partidos situados en los extremos ideológicos (Podemos y Vox) seguidos por IU y Ciudadanos. Los más difíciles fueron los de los partidos más votados (PSOE y PP), en teoría más leídos.

Figura 4: Legibilidad de los programas electorales de las elecciones generales del 28 de abril de 2019.

Se han utilizado dos indicadores generales de legibilidad que alcanzan niveles mayores cuanto mayor es la legibilidad. FEHU es indicador de Fernández Huerta, 1959, y MU es el indicador Muñoz, 2006.

 

 

Los programas electorales éstan para ser leídos y analizados por los votantes. Son un contrato con la sociedad y en este sentido se les reclama calidad y rigor. Existen herramientas que permiten su análisis riguroso. La calidad de la democracia depende de manera fundamental en esta pieza a la que los partidos no parecen prestar especial atención.

Mejoremos los programas electorales

Por ello, finalizamos con algunos elementos que ayudan a mejorar la calidad de los programas. El programa electoral debería ser capaz de explicar:

  1. El proceso de elaboración, preferiblemente con la participación de afiliados, simpatizantes, expertos independientes y, en general, de la sociedad.
  2. Principios y valores sobre los que se sustenta el proyecto político.
  3. Diagnóstico de la situación actual.
  4. Propuestas con una evaluación del impacto de las mismas, lo que daría credibilidad y realismo. Impacto no solo económico sino legislativo, medioambiental o social (igualdad, distribución de costes y beneficios).
  5. Finalmente, es necesarios un sistema de seguimiento y evaluación. Es imprescindible la redición de cuentas y la evaluación a posteriori de lo comprometido con la sociedad. Ya se apuntaban algunas ideas en un artículo anterior.

Mientras tanto, ¡cuidado con los programas electorales! Generalmente, constituyen una colección de medidas sin solución de continuidad, argumentación, diagnóstico o reflexión sobre las posibilidades de ponerse en marcha.

La relación de propuestas más se parece a unas tablas de la ley descendidas de los cielos que a un proceso de reflexión sustentado y argumentado debidamente.

Los partidos políticos no parecen querer quedar reflejados en un programa y rendir cuentas sobre el mismo. Si no, cómo podemos explicar que los partidos pretendan que los ciudadanos dediquen, en el transcurso de diez días, 30 horas a la lectura de los programas (estimaciones realizada en función del contenido de los programas de las elecciones del 28A para los partidos que se presentaron en todo el territorio nacional y obtuvieron representación).

En definitiva, es deseable mayor concienciación y seguimiento del contrato público que adquieren los partidos en cada proceso electoral.


Juan de Lucio, Investigador Economista, Universidad de Alcalá

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