El Techo, por Federico Relimpio

por Federico Relimpio


Artículo 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.”

Portada de eldiario.es hace unos días. Prioridades (¿fijadas por quién?) para el gobierno Sánchez: exhumar a Franco, devoluciones en caliente y Ley Mordaza. Al poco, un nuevo asalto a la verja de Ceuta con materiales cáusticos. Dentro de nada, el mes más catalán de todos los del año – si se nos permite hablar de ese modo -, Diada y Mercé, reforzadas por el aniversario de los acontecimientos que pusieron al Estado de Derecho entre la espada y la pared.

Y aquí abajo, la vida inalterada o, peor, un día a día que, en lo esencial, parece contar poco o nada para gobiernos de uno u otro cuño. Pero uno sigue atento en aspectos probablemente más relacionados con el bienestar de los ciudadanos. Al grano, pues.

Artículo 47 de una Carta Magna que unos consideran obsoleta porque no la votaron, y otros creen inamovible porque protege unos derechos que, en lo elemental, nunca fueron una realidad. Hoy traigo a colación lo que debería ser una prioridad para un nuevo gobierno progresista, en lugar de humos variopintos o problemas de impacto cuestionable en la vida del ciudadano.

Artículo 47, que comienza de un modo elemental: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.” Justo lo que acaba de decir el okupa chipionero a la procuradora que, al entrar en su apartamento de la zona de Regla, se la encontró okupada con el hombre y su familia dentro. El susodicho «amenazó con meterle fuego a la casa con todos dentro, si me echáis a la calle».

Comida, techo, médico, maestro y policía. De un modo simplón, así podría enumerarse la base social del Estado. Añadan esto o lo otro. O maticen lo de más allá. Pero no pongan en precario elemento alguno de lo enumerado o tendrán un estallido. Bastante se está viendo con los recortes sanitarios y las ingenierías hospitalarias del Servicio Andaluz de Salud – un poné-. Pero hoy tratamos del techo que nos cubre al dormir, a poder ser sin goteras en invierno.

Que el día que por fin consigas un curro, antes que tú, se lo cobre el banco, céntimo a céntimo, día a día, hasta la extinción total de la deuda, costas e intereses. Ello se ha calificado atinadamente como”asesinato civil”

Dicen los listos de este país acerca de nuestra obsesiva tendencia a comprar vivienda. A estos listos podría preguntárseles si son propietarios o no del techo que les cobija antes de ponerse a filosofar. La respuesta es fácil: compramos por pobres que somos, pobres de solemnidad. Aunque siempre los hay más pobres, desde luego.

Y me explico: sueldo bajo – en comparación con Europa -, y pensión más chica aun. Imagínense, los listos, envejecer con mil euritos al mes – los afortunados –, y que en un alquiler baratito se te vayan seiscientos treinta y dos, si no más. Eso, si a tu casero no le da por largarte a los setenta y dos para albergar a su hija. Busca casa cuando ya no tienes poder adquisitivo y te tienes que largar a una periferia en la que no tienes referentes ni amigos.

No, señor listo, usted que tiene dos o tres pisos, ser propietario en España es más que racionalidadEs purita supervivencia. La derivada de que, en esta vida, uno envejece o se muere. Eso del domicilio no es que sea sagrado, es que es el paraíso terrenal de uno. Hay que comprar. La otra opción es difícil, sobre todo cuando uno va para mayor. Y ello nos lleva a la siguiente: un país rehén de la banca, gobiernen tirios o troyanos.

Ley Hipotecaria. Bueno, no se llama exactamente así, pero nos vale. Tiene cien años, más o menos. Le vale al banco para garantizarse que usted pagará íntegramente el préstamo que se le otorga para adquirir su vivienda que, como acabo de explicar, es casi supervivencia en este país. El aval del préstamo es la propia vivienda. El banco tiene, pues, la seguridad del pago del préstamo. Claro que las circunstancias de la promulgación de la ley y la normativa correspondiente no fueron las mismas que las de su ejecución actual, muchas décadas después.

Al problema se le supone una relación con un pico de suicidalidad que no pudo demostrarse. Probablemente, porque nuestro país carece de registros fiables de suicidio.

Segunda década del siglo XXI, donde estamos. Desinfle de una terrible burbuja inmobiliaria, como hemos visto. Crisis económica galopante y desempleo a cifras no vistas en décadas. Familias enteras a la ruina, atadas a hipotecones de dos y tres décadas. Una vida. Entran en juego los mecanismos de la ley, como acabo de enunciar en el párrafo anterior. Te embargo la vivienda hipotecada. Sale a subasta.

Pero las circunstancias son nuevas. Una vivienda adquirida – otroponé– por 300.000€ se logra subastar por 180.000€, y con suerte. Pero el banco, a tu pareja y a ti os dio en su día la primera cantidad, no la segunda. Y, ya se sabe, los primeros años del crédito hipotecario se están pagando intereses, no amortizando capital. Tras el embargo, estando sin casa y sin trabajo, aún le debes al banco unos 100.000€ más costas procesales e intereses de demora que se te imputarán de rentas o propiedades – si las tienes, donde las tengas – presentes o futuras. Sin prescripción posible.

Que el día que por fin consigas un curro, antes que tú, se lo cobra el banco, céntimo a céntimo, día a día, hasta la extinción total de la deuda, sus costas e intereses. Ello se ha calificado atinadamente como asesinato civil. Eres perseguible hasta en el extranjero. Única solución: vivir en casa de tu madre hasta que puedas vivir en casa de tu hija haciendo trabajos en negro y sin nada a tu nombre. Ni un automóvil. Ni una cuenta corriente. Nada. No existes.

Las ejecuciones hipotecarias, embargos y desahucios fueron una fiebre en la primera mitad de la segunda década de este siglo. El problema continúa hoy. En buena medida, estuvieron en el origen de plataformas ciudadanas como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, liderada por la archiconocida Ada Colau, que no se ha vuelto a interesar mucho por el tema – que sepamos -. Al problema se le supone una relación con un pico de suicidalidad que no pudo demostrarse. Probablemente, porque nuestro país carece de registros fiables de suicidio.

Termino. Techo, comprado o alquilado. Ahora, burbuja de alquileres. Los más jóvenes, forzados a alquilar, para regocijo de los listos, que ven en ello que nos aproximamos a prácticas europeas, mientras pretenden ignorar que nuestros mercado laboral y poder adquisitivo no podrán llamarse europeos durante una generación o más.

No, nuestros jóvenes alquilan a la fuerza, por pobres y por precarios, que algo de eso comenté en lo de “Muerte Social Programada”. No es ajeno lo del techo, que hoy nos ocupa: no se forma familia – monoparental, tradicional o en colmena – sin garantías de habitabilidad digna.

Que el buen gobierno que de esto se ocupe alguna vez – y vuelvo al primer párrafo – tendrá a bien resolver lo de la momia del dictador, por simbólico, lo de la Ley Mordaza, porque con las libertades no se juega, y las devoluciones en caliente, por ser cuestión de Derechos Humanos, pero haría mejor en priorizar aspectos de los que depende el día a día de la vida de millones de ciudadanos.

Federico Relimpio

Nacido en Sevilla en 1965. Estudia Medicina en la Facultad de la misma ciudad. Se especializa en Endocrinología y Nutrición en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, también de Sevilla. Desarrolla un currículum científico internacional en el área de la diabetes mellitus. A fecha de hoy, ejerce su especialidad en el hospital donde se formó, a tiempo completo y en dedicación exclusiva. En 2013, publica su primera novela, K.O.L. Líder de Opinión, en la que recoge y analiza críticamente vivencias profesionales, y de la que destacados referentes en su campo han subrayado que «debería ser lectura obligatoria para médicos residentes y estudiantes de Medicina». En 2015, publica su segunda novela, Bajo su Piel Tatuada, de la que el narrador y poeta venezolano Alberto Hernández acaba de escribir: «a través de una larga respiración nos relata la vida y los sinsabores de quienes viven y tienen en la ausencia los límites para poder afirmar o negar que tienen conciencia de ella». Su tercera novela, Ladridos en la Noche, de recientísimo lanzamiento, invita al lector a sumergirse en las amenazas del poder local a través de una trama de intriga y misterio.


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