Testimonio 7: «Cuando más miedo sentí es cuando vi que el Guardia Civil que nos tomaba declaración era el mismo que estaba en la finca por la mañana»

«Amenazó con quitarnos los pasaportes y hacernos volver a nuestro país, ya que la policía que había en la puerta le pertenecía y iba hacer lo que él quisiese.»
«Íbamos a donde tiraban la basura y de allí cogíamos las naranjas. Las lavábamos y las exprimíamos. Respecto a las fresas, ellos no nos dejan llevarnos nada, ni para hacer una ensalada. Decían que no podíamos ni llevarnos ni siquiera una fresa».
«Sacó un billete de 50 euros y le pidió que le acompañase a su casa, que, según él, era muy bonita y tenía un baño precioso».
«Sentí mucha ilusión y esperanza al venir aquí, esperando un futuro mejor y encontrar trabajo, pero me arrepiento muchísimo de dejar a mi niño muy pequeño, y todos diciéndome que le abandoné. Me arrepiento muchísimo…».
«El jefe nos amenazó con no salir de nuestras casas, o sino él se iba encargar de hacérnoslo pasar muy mal».
El testimonio de las temporeras que los jueces no han escuchado

La Mar de Onuba reproduce hoy, íntegramente, el testimonio de tres de las diez trabajadoras marroquíes conocidas como Temporeras contra la esclavitud, que los abogados de la Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia (AUSAJ) que representan a las temporeras pretenden que escuchen los jueces Virginia Sesma y Carlos Serrano, titulares de los juzgados 1 y 3 de La Palma del Condado (Huelva).

Ambos jueces habían dictado sendos autos ordenando el «sobreseimiento provisional» de las causas abiertas contra el propietario de la empresa Doñana 1998 por presuntos delitos contra la libertad sexual y los Derechos de los Trabajadores, sin haber llegado a tomar declaración a las denunciantes. La decisión de los juzgados palmerinos fue considera entonces «un disparate jurídico» por la letrada de AUSAJ, quién recurrió los autos de Sesma y Serrano.

La semana pasada, la Audiencia Provincial de Huelva daba la razón a los abogados de las temporeras contra la esclavitud y ordenaba reabrir el caso. Y que el juez Carlos Serrano tome testimonio a las temporeras. Queda por resolver el recurso del sobreseimiento dictado también por la jueza Virginia Sesma, aunque los letrados de AUSAJ esperan que la Audiencia Provincial se pronuncie en el mismo sentido, al tratarse del mismo caso y las mismas denunciantes.

La Mar de Onuba reproduce también hoy el testimonio de Manuel Matos, propietario de la empresa Doñana 1998, ante el Juzgado de Primera instancia e Instrucción número 1 de La Palma del Condado.

Me puedes hablar de tu situación familiar. ¿Tienes hijos? ¿Cómo es tu situación en Marruecos? ¿Por qué razón has decido venir a trabajar aquí y cómo has llegado?

En Marruecos mi situación social es media, mi marido a veces trabaja y a veces no ya sabes cómo es la situación en Marruecos. Tengo tres hijos, dos hijas (Una de 3 años y otra de un año y medio), y un niño recién nacido, que al cumplir 40 días de su nacimiento me tuve que venir a España. El principal motivo o la razón que me trajo a España a trabajar es que, mi madre me prestó una casa donde alojarme con mi familia y he estado viviendo ahí pero tampoco quise ser una carga para ella y decidimos comprar un plano de casa y hemos estado luchando para llevar a cabo su construcción. Cuando me vino la oportunidad de trabajar y me dijeron otras mujeres que al trabajar 3 meses nos pagaban 3.000 euros, pensé que al menos así puedo alquilar una habitación y ser una carga menos para mi familia, ya que mi marido también piensa que hay que tener distancia y respeto con los suegros.

Bueno yo me arriesgué y les marqué pensando que pudiera ir al menos cuando naciera mi hijo, como por ejemplo el año que viene, pero al marcarles me llamaron a los quince días de nacer mi hijo y me dijeron que he sido aceptada para este trabajo y que tenía que reunir todos los papeles necesarios para solicitar el puesto para esta temporada y que me iba con las que se van en abril. Yo me sorprendí y fui a la oficina para ver si podía aplazarlo, y me dijeron que si en este año no iba el año que viene es difícil que te acepten, ya que últimamente la mayoría de las mujeres se escapan una vez que estén ahí, y a demás el dueño se le va a desperdiciar la mercancía. Resumiendo, me dijo que la única oportunidad es esta de ir con las mujeres que iban en abril. Yo decidí ir, el día que mi hijo culpe 40 días yo estaba en el barco exactamente, y vine con la intención de trabajar, traje mis botas, mi ropa para la lluvia, traje dinero con el que pudiera comprarme lo que necesite y cuando llegue me encontré con las demás chicas. Estuvimos 6 chicas en la habitación, y una de ellas estaba conmigo en la lista, ella estaba enfrente mía, junto con su hermana también y nos conocimos ahí.

Estuvimos 10 días sin trabajar, acabamos toda la comida que traíamos con nosotras, el dinero que trajimos se acabó, habíamos cambiado de dírhams a euros unos 40 euros.

Me llamaron a los quince días de nacer mi hijo. Yo me sorprendí y fui a la oficina para ver si podía aplazarlo. Me dijeron que si este año no iba, el año que viene es difícil que te acepten.
Nos sentíamos que todo iba al revés y nos reunimos todas a hablar y les dijimos que quién es el jefe o responsable de esto, ya que no lo conocemos. Vino un tal y nos dijo “hola, qué pasa, qué pasa,”. Le comunicaron que estas mujeres quieren trabajar, y él respondió con la pregunta de “¿Queréis trabajar?¿ Por qué queréis trabajar?, si tenéis casa, dormís bien, comida bien, mucho bien”, mientras decía esto se tocada las caderas, y partes de su cuerpo haciendo referencia a que ellas tenían solo que estar cuidándose para mantener buen aspecto físico. Nosotras nos sorprendimos de las palabras que dijo ese señor, ya que es el jefe y nosotras le hablamos con mucho respeto y el nos responde de ese modo y con esas palabras. A partir de ese día, dos días después comenzamos a trabajar. El primer día fue muy complicado, ya que no teníamos experiencia de nada y teníamos que sacar la mercancía y nos decían que hay que sacar la raya y nosotras no sabíamos ni que significa. El segundo día estuvo mejor, y el tercero ya empezamos bien. A partir de ese día ya madrugamos, trabajamos hasta las dos, y así sucesivamente, y nos ponían rumanos en las filas que nos decían todo el rato, “friqui friqui”, y nosotras no sabíamos ni qué significaba.

Antes de llegar a esto de «friqui friqui». Esos diez días que no cobraste, es decir, donde no trabajaste, ¿os dieron un anticipo o de qué habéis estado comiendo?

Nosotras trajimos comida de Marruecos, hemos traído garbanzos, mortadela, atún… Yo personalmente mi marido cogió la comida en la tienda y tuvo que pagarlo en 15 días, ya que no tenía ese dinero. Yo vine con la intención de trabajar en España, con intención de comprarme un móvil…

¿Y cuando se te acabó esa comida que trajiste?

Pues cuando se nos acabó la comida, estuvimos en la habitación como el gato y el ratón, sin nada que comer, y la que tenía comida comía, la que no veía la tele o salía, y nosotras viendo en la tele a otras mujeres el primer día que llegamos, nos sorprendimos mucho.

¿Cogiste las naranjas de las que hablan las chicas?

Sí, me llevé muchas

Cuéntame sobre eso

Íbamos a donde tiraban la basura y de allí cogíamos las naranjas. Nos las llevábamos a casa, las lavábamos y las exprimíamos. Cogíamos la botella de agua, le quitábamos la tapadera y las exprimíamos con la boquilla de la botella. Después metíamos el zumo en la nevera para que se enfríe un poco y nos lo bebíamos. Y respecto a las fresas, ellos no nos dejan llevarnos nada, ni para hacer una ensalada. Decían que no podíamos ni llevarnos ni siquiera una fresa.

Vale, ahora volvemos al tema de antes, a lo de “friqui, friqui”.

Al principio cuando nos decían “friqui, friqui…” pensábamos que ahí hay autoridad, es decir, que es algo del trabajo. Pero nos dimos cuenta que nos hacían gestos, los rumanos nos hacían gestos con los dedos, como haciendo referencia que nos fuéramos con ellos.

¿Gestos con los dedos?

Te juro que traíamos patatas podridas y la cocinábamos en casa y encima nos peleábamos por ellas. Te juro que no teníamos nada de pan que comer, y es algo que viví personalmente.
Sí. Nos sorprendimos por la situación. Yo personalmente me quedé sorprendida, y no compre un móvil para hablar con mi familia, pero las otras niñas hablaban con sus familias y les comunicaban su situación, otras temían contarles cómo es su trabajo, y sus familiares preguntaban cómo es España y el trabajo, y daba vergüenza hasta decirles lo que hay en realidad. Me daba vergüenza decirles que me prestaran un móvil, ya que cada una tenía sus propios problemas. Siempre me quedaba pensativa. A veces le mandaba un audio a mi familia, y me mandaron fotos de mis hijos para poder verlos, y me decía a mi misma que tenía que aguantar y que Dios es el que quiso que esto pasara. Nos quedamos trabajando como normalmente hacemos hasta ese día, en el que nos dijeron que se descansaba, es decir, ese día solo nos fuéramos a dormir. Al día siguiente solo trabajamos algunas horas y nos dijeron de nuevo de irnos a dormir. Nos dieron unos 50 euros de varios días de trabajo para que pudiéramos mantenernos, pero al acabar esos 50 euros ya no teníamos con qué.

Has ido de compras… ¿Cómo has ido a comprar?

Hicimos autostop.

En ese autoestop, ¿Os trataban mal o se sobrepasaron con vosotras?

Obviamente sí, siempre con el que te montabas. Nosotras escuchábamos Almonte pero no sabíamos dónde estaba y no había nadie que nos llevara. Solo al subirte a un coche te preguntan si estas casada, de dónde eres y, al responderles que estas casada, te dejaban a medio camino y se iban. Uno nos preguntó que si queríamos salir con él y al contestarle que estábamos casadas nos dejó a medio camino y se fue.

 ¿Que hicisteis al dejaros a medio camino?

Pues al dejarnos esperamos otro autoestop.

Sigue contando. ¿Os pararon de trabajar y qué más?

Pues nos quejamos de que no trabajamos y que no nos daban dinero para mantenernos, ni tampoco para mandarles a nuestros hijos, y nosotras sin trabajar. Les dijimos que nos dejaran ir a otros sitios para echar más horas de trabajo, en otras fincas, ya que algunas mujeres lo hicieron. Nos han dicho que no, no nos dejaron echar más horas, nosotras con el Ramadán y sin nada de comer. Te juro que traíamos patatas podridas y la cocinábamos en casa y encima nos peleábamos por ellas. Te juro que no teníamos nada de pan que comer, y es algo que viví personalmente. Es duro volver a contárselo a todos los periodistas y a veces deseo escapar y no volver a contarlo. Estoy destrozada, al igual que el resto de las chicas que vivieron esto conmigo. Sentí mucha ilusión y esperanza al venir aquí, esperando un futuro mejor y encontrar trabajo, pero me arrepiento muchísimo de venir aquí y dejar a mi niño muy pequeño, y todos diciéndome que abandone a mi hijo muy pequeño y me arrepiento muchísimo…

Sigue contándome todo lo sucedido.

A todo esto yo seguía aguantando y dejándolo en manos de Dios. Mientras tanto el jefe seguía entrando en las habitaciones de las empleadas sin permiso.

¿Entraba a las habitaciones?

Sí, entraba sin permiso siempre que él quería. Un día dejó su coche y vino directamente a nuestra casa, quería ver a XXX, estaba claro, ya que en el trabajo siempre la acosaba, vino mientras ellas salía de la ducha estaba envuelta en la toalla y él le empezó a meter mano y pidiéndole que se marche con él para su casa. Mientras tanto ella nos llamaba a gritos. Nosotras nos encontrábamos en la cocina y al escuchar los gritos acudimos a ver que pasaba, al verlo, le preguntamos qué estaba sucediendo. Nos respondió que no era nuestro problema que era cosa de ellos.

XXX ya ha contado su situación, ahora cuéntanos tú la tuya.

Sacó un billete de 50 euros, y le pidió que le acompañase a su casa que, según él, era muy bonita y tenía un baño precioso. Yo me quedé sorprendida. Se giró a mí y me empezó a mirar de arriba a abajo y me dijo: “quieres venir y te los llevas tú?”
Al intervenir nosotras y pedirle que no la tocase más que estaba embarazada, nos persiguió a la cocina, a y a mí. Ahí le empezó a tocar la barriga a y le preguntó: ¿Tú estás embarazada también? Ella le contestó que no, entonces le sacó dinero, un billete de 50 euros, y le pidió que le acompañase a su casa que, según él, era muy bonita y tenía un baño precioso. Yo ante esa situación me quedé sorprendida. También se giró a mí y me empezó a mirar de arriba a bajo y me dijo: “quieres venir tú y te los llevas tú?”, es decir, el dinero. Al decirme eso sentí como si me hubiese atravesado con una espada. Había vivido muchas cosas en mi vida, pero sentirme tan humillada y tratada de esa manera, nunca en mi vida, salí corriendo y él se volvió a la habitación de XXXX. Yo salí para buscar a la hermana mayor de que se encontraba en la ducha con para que viniese a ver lo que estaba sucediendo con su hermana, ya que yo no sabía cómo afrontar esa situación. Cuando llegó, vio cómo el jefe se marchaba de la casa. Un día cogí el pasaporte, porque estábamos en una situación inaguantable, sin trabajo, sin dinero, sin comida… Estábamos muy mal. Las mujeres gritaban y nadie nos hacia caso. Vino el jefe y le dije que nos diese trabajo para poder comer aunque sea, ya que nos encontrábamos en ayunas. Había puesto el traductor en el móvil para poder hablar con él. Nos contestó que no, que no teníamos derecho a trabajar, que él no tenia trabajo para nosotras y nadie tenía trabajo para nosotras, ninguna fábrica nos iba a contratar. Entonces le contesté que no entendía por qué estábamos trabajando para ti para tu empresa que ni siquiera es donde estábamos destinadas, ya que en el pasaporte no pone que teníamos que trabajar en Doñana, pone el nombre de otra empresa, ¿cómo es qué estamos trabajando aquí?

¿Cómo se llama la fábrica a la qué estabais designadas?

Está puesta en el pasaporte.

«Le dije que nos diese trabajo para poder comer aunque sea, ya que nos encontrábamos en ayunas. Nos contestó que no, que no teníamos derecho a trabajar, que él no tenia trabajo para nosotras y nadie tenía trabajo para nosotras. Ninguna fábrica nos iba a contratar«.
Luego me lo enseñas.

A todo esto nos comunicábamos con el traductor del móvil. Me dijo que el jefe de la fábrica en la que íbamos a trabajar ya tenía bastantes marroquíes y a nosotras no nos quería. Además, dijo “yej” y escupió en el suelo. Por lo que yo os estoy haciendo el favor de acogeros. Una mujer, que también se llevaron a Marruecos, empezó a chillar y reclamaba al Rey de Marruecos esta situación. Entonces nuestro jefe, se subió a sus coche y le preguntó si quería dinero, ella le contestó que sí, que quería trabajar. Entonces, él le pidió que se acercase a su coche y le dijo que si quería dinero que le acompañase a su casa para acostarse con él, que en su casa él le iba a dar mucho dinero. 

Yo, personalmente, me quedé en shock. Y el día que vino la policía y a las trabajadoras se les dio una miserable cantidad de dinero, mientras la policía miraba sin decir y hacer nada, me quedé estupefacta.

¿Qué te pasó a ti el día que os encerraron, el domingo?

Ese día fue antes de que decida marcharse, el jefe nos amenazó con no salir de nuestras casas, o sino él se iba encargar de hacérnoslo pasar muy mal. Amenazó con quitarnos los pasaportes y hacernos volver a nuestro país, ya que la policía que había en la puerta le pertenecía y iba hacer lo que él quisiese. A ninguna se le ocurrió salir después de la amenaza. Entonces (es la que había llamado a la asociación cultural musulmana) y yo, decidimos darnos un paseo enfrente de las casas para ver si podíamos captar algo de los que estaba sucediendo..Entonces el jefe se nos acercó y nos dijo: “¿qué estáis haciendo aquí, volved inmediatamente a vuestras habitaciones”. Le dije que solo estábamos dando una vuelta. Nos dijo que a mí y a XXXX nos gusta mucha alargar la lengua, pero la policía que estáis viendo es mía, nadie os hará caso. Entonces a mí me entró miedo, me puse nerviosa y empecé a gritarle. Él muy alterado me cogió de los brazos, me dijo que me tranquilizara, que había visto un vídeo donde salía gritando “No Doñana”. Le contesté que protesté porque no nos dabais nuestro dineros. Nos empujó, nos chilló y nos amenazó. Nos dijo que luego hablaría claramente con nosotras.

Entonces apareció el jefe con la Policía, mientras les decía que nosotras eramos unas mentirosas. Y fue entonces cuando me armé de valor y le dije a XXX ves y cuéntales a la Policía todo lo que el jefe te hacía. Justo cuando iba a hablar con los de la asociación, aparecieron las dos hijas del jefe y la agarraron, la intentaron manipular, y decía que ella está con ellos y que era buena.
¿Os agarró de los brazos?

Sí, y mientras tanto la Policía seguía mirando sin hacer nada por nosotras. Indignadas regresamos a nuestra casa llorando. Se puso muy nerviosa, quería irse inmediatamente de allí, porque habían empezado a devolver a las mujeres a Marruecos. Entonces decidió escapar, después de ella también decidió hacer lo mismo. Este día yo me encontraba sentada debajo de un árbol, mientras la vi a ella intentando salir, al mismo tiempo escuché la voz de una de las tres encargadas del jefe, son tres antiguas empleadas del jefe, que le informan de cualquier cosa que suceda en la fábrica. muy nerviosa le contestó que iba a comprar pan o tampoco podía comprarlo. Entonces salió, se encontró con XXXX y se fueron las dos. Yo regresé a la habitación con XXXX y otras. Entonces nos llamó llorando le pedimos ayuda, mientras ella nos tranquilizaba y nos comentó que pronto vendrán los periodistas junto a la asociación. Entonces un día regresó con varios chicos del Sindicato, acompañados de un chico negro, para llevarse su ropa. Entonces le dije: “¿ y nosotras qué?, yo te ayudé, si seguimos aquí, este jefe nos podría hacer algo o devolvernos a Marruecos”. Entonces apareció el jefe con la Policía, mientras les decía que nosotras eramos unas mentirosas. Y fue entonces cuando me armé de valor y le dije a XXX que ese era nuestro momento o ahora o nunca, ves y cuéntales a la Policía todo lo que el jefe te hacía. Justo cuando iba a hablar con los de la asociación, aparecieron las dos hijas del jefe y la agarraron, la intentaron manipular, y decía que ella esta con ellos y que era buena. Mientras tanto seguía llorando y les dijo que no era cierto que abusó de ella, la perseguía en el trabajo, etc. Se mantuvo callado. Nosotras seguimos contando nuestra situación y llorando.

Cuando les contaba lo que vivió, ¿el policía que luego te tomó la declaración estaba presente?

¿Esto pasó el domingo?

Sí, el último día, cuando estaba la policía.

¿El domingo fue cuando salió y y regresaron con la policía?

No, fue y las que salieron, pero ya habían vuelto con la asociación, que estaban bajo su protección, solo habían venido a recoger sus cosas.

¿Y allí fue cuando hablasteis vosotras?

Sí, sinceramente cuando me dijo que la policía estaba de su parte y su hija vino con el móvil donde salía yo y otras mujeres… tenía miedo.

¿Vosotras habéis salido de allí sin escaparos?

La verdad es que yo solo estaba llorando. Si, a nosotras nos sacó la asociación sin escaparnos ese mismo día. Cuando vino el abogado Jesús, yo estaba muerta de miedo porque el jefe me tenía vigilada y me había amenazado con no salir de casa. Cuando más miedo sentí es cuando vi al Guardia Civil que nos tomó declaración, que era el mismo que el estaba en la finca por la mañana. Y además no me dejaba decir las cosas y discutía con la abogada.

¿Visteis cómo los hombres venían y se llevaban de ahí a las mujeres?

Sí, yo vi a dos chicas, amigas mías de la finca, un día que había salido a comprar pan, era una tarde en Ramadán. Estaban las chicas apoyadas en los coches y dos hombres con ellas, estaban manteniendo relaciones sexuales por detrás. Te lo juro, que los vi con mis propios ojos cuando las foll… Regresé y le comenté a mis amigas que aquí ya no teníamos nada que hacer y que si nos devuelven a nuestro pasaporte yo aquí no vuelvo más.

Vamos a cambiar de tema. Personalmente, ¿tú conociste a alguna mujer que había venido de Marruecos para trabajar la fresa? ¿Alguna mujer que ya había trabajado aquí y tú la hayas conocido en Marruecos?

Mi vecina trabajaba todos los años

Siempre venían también unos policías jóvenes que se quedaban parados, mientras el jefe y su hija hacían lo que les daba la gana con nosotras, y ellos sin decir nada. No preguntaban por qué nos trataban así, ni intervenían ni nada. Como si fuesen los guardaespaldas del jefe.
¿Y te hablaba bien del trabajo?

Me decía ves a trabajar en la fresa que ganarás mucho dinero. Mi vecina, llamada XXXX, que sinceramente no era un mujer decente, me decía que me fuera a trabajar en la fresa que ganaría dinero. En tres meses me podría comprar un terreno para construir una casa en Marruecos, me decía que era la única solución para construir una casa. Esto me decía mi vecina que vivía enfrente de mi casa.

¿Para comprar un terreno te decía?

Sí, y que esta era la única solución.

El último día que vinieron para devolvernos, el jefe, con la Policía al lado, me miraba fijamente. Yo le decía a XXX que lo cuente y que no se guarde nada. Cuando yo le decía esto al jefe me miraba muy mal y me hacía gestos con la mano. Aunque estaba acompañada de la gente del Sindicato y la Policía, no paraba de llorar, tenía miedo. También siempre lleva una especie de navaja con las que nos amenaza. Un día, mientras trabajábamos, la sacó, dijo “ los marroquíes, todos” e hizo… (hace algún gesto con la navaja).

Otra chica presente en la entrevista: A mí también me amenazó cuando él iba en su coche y yo andando y me hacía esto (gesto) con la navaja. Nos intentaba asustar para que nos calláramos. Probablemente, si va al juzgado, se la llevará.

¿Le contaste esto a la policía?

Yo al policía le contaba muchas cosas, pero llegó un momento en el que me daba miedo ya contar, yo le contaba al Policía lo que él me hacía para que me protegiese. Cuando llegó el momento de contarle lo que me hizo con un gesto, yo temblaba y lloraba. Sin embargo, él le dijo a la traductora, que ese gesto no significa nada. El policía se puso de su parte (del jefe). Al final, indignada, salió de mí una fuerza caída del cielo y empecé a hablar sin ningún tabú. Vi como él intentaba frenarme, pero Belén le decía que me dejara hablar y que diga todo lo que tenga. Seguí hablando y hablando y, mientras que él me preguntaba lo mismo una y otra vez, y yo le contestaba una y otra vez lo mismo.

(Otra chica presente en la entrevista, la misma que habló anteriormente): Sí, es el policía que venía con XXX a la finca

¿Ese policía venía siempre?, ¿veíais como entraba a la oficina del jefe?

(La otra chica): Sí, sí, lo veíamos.

Sí, entraba a la oficina y, aparte, siempre venían también unos policías jóvenes que se quedaban parados, mientras el jefe, y su hija hacían lo que les daba la gana con nosotras y ellos sin decir nada. No preguntaban ni el porqué les tratáis así, ni intervenía ni nada, como si fuesen los guardaespaldas del jefe. Al principio, cuando los veía sentía protección, pero al final me di cuenta que a ellos también había que temerlos. Vino la hija del jefe con el teléfono… con todo el miedo, yo intentaba buscar apoyo en las chicas con las que compartía la casa. Cuando vio que le decía a las chicas que tenía razón, me dijeron que no, que se la iban a llevar a Marruecos, nos dijo que no había ni asociaciones ni Derechos Humanos, nada, que todo lo hacían ellos

Respecto a las tres marroquíes alcahuetas, ¿alguna ves te han dicho algo?

Yo discutí con una de ellas, con XXX.

¿Por qué?

Porque cuando vino XXX, el primer día y dio una vuelta con los de la asociación cultural musulmana para observar, vino ella alterada, como si fuera la jefa y le dijo: “¿qué pasa hermano, hay algún problema?” Y toda mujer que intenta hablar, le mandaba a callar y le decía que se centre en su trabajo y en cuidar su puesto. Todas las mujeres se asustaron. Y empezó a decirles que no, en Doñana hay un buen trabajo, hay esto y lo otro. Entonces habló otra mujer y les dijo que nada de lo que había aquí era bueno, nos hacen esto y esto. Empezó a recular, pero cuando se giró y vio al jefe venir ya volvió a decir “no, aquí el trabajo es bueno, Doñana está bien y estos son buena gente y vosotras sois quien tenéis el problema”. Nos echó la culpa a todas nosotras, decía que las nuevas éramos las malas.

¿Nunca te ha ofrecido dinero para que vayas con hombres?

No, no, yo a ella no la conocía, no le hablaba, el día que le hablé, discutí con ella. El día que hicimos la manifestación, todas gritaban “¡No Doñana!”, ellas también aunque lo hacían con la cara tapada. Pero ellas nos engañaron, de repente, como vieron que la gente estaba grabando vídeos y echando fotos a lo sucedido, destaparon sus rostros y empezaron a decirles a las mujeres que si seguían manifestándose no las devolverán a trabajar en la fresa, la llevarán de vuelta a Marruecos y nunca os devolverán. Les decían a algunas que se fueran con ellas, que el jefe les subirá el sueldo, etc. Les comió la cabeza y las que estaban con nosotras, se pasaron al otro bando y empezaron a decir en voz alta “¡Doñana bien!”. No me estaba creyendo lo que estaba sucediendo, mientras tanto vi al jefe que les grababa vídeos y después se acercó a mí con el móvil en la mano y me amenazó diciéndome que tenía un vídeo mío diciendo: “¡No Doñana!”. Fue allí cuando me asusté.

Lo que sí veía era cómo hablaba ella y las otras dos marroquíes con otras chicas y les proponían cosas, pues las mujeres no paraban de ir y venir a los coches. Los coches estaban todo el tiempo en la carretera, en la puerta de la finca. Lo veía todo el mundo. Todo el mundo, incluido los jefes. Uno de los jefes no paraba de hablar y estar con ellas.

También veía cómo acosaba a todas. Estando en el túnel, había mujeres que rechazaban ir con él y otras lo aceptaban. Se iban con él y desaparecían varios días. Hay algunas mujeres de las que se iban con él que no volvieron nunca. No sé si escaparon o qué. Se iban para mantener sexo. Ahí fue cuando empecé a comprender qué significaba todo.


Testimonio 1: «Se abalanzó sobre mí como un monstruo y me metió la mano en la vagina».

Testimonio 3: «Las mujeres que se oponían a subirse al bus fueron tiradas al suelo y violentadas».

Lo que dice la empresa: «Ciento y pico de trabajadoras han declarado que se trata de denuncias falsas que se deben a las promesas del sindicato (por el SAT) de conseguir papeles en España».


Temporeras contra la esclavitud: los testimonios que la Audiencia Provincial obliga a escuchar al juez Serrano

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