Síndrome de Sherwood: la táctica de la Policía para justificar la represión

Dispositivo policial durante la cumbre del G7 celebrado en Bayonne en agosto de 2019. En primer plano, el Robin Hood anónimo que pone en tela de juicio el modelo de convivencia establecido fuera de Sherwood. Foto: Juan Teixeira.

El Síndrome de Sherwood es una estrategia táctica policial desarrollada por David Piqué durante su mandato como Comisionado General de Coordinación Territorial para los Mossos d’Esquadra. Con diferentes variantes, es una estrategia utilizada por los cuerpos policiales más represivos del mundo, y su finalidad es clara: buscar la confrontación para justificar la posterior represión y lograr dañar lo máximo posible la imagen pública de los manifestantes. Para los que no lo hayan visto con sus propios ojos y sentido en sus propias carnes puede sonar conspiranoico. Nada más lejos de la realidad: el síndrome de Sherwood es la técnica que da nombre al trabajo de final de máster de David Piqué sobre políticas públicas de seguridad aplicables para acabar el fenómeno antisistema/okupa en el distrito de Gràcia, y se utiliza habitualmente. Como por ejemplo esta semana durante la manifestación en protesta por el encarcelamiento de Pablo Hasél en la céntrica Plaza de Sol el pasado miércoles, o ayer mismo en Valencia.  

Eulixe

Juan Teixeira
por Juan Teixeira

 

Pocas cosas dividen más a la población estos días que la condena o no a los actos vandálicos que inundan las televisiones y grandes medios de todo el Estado. Como si de ciudadanos de pleno derecho de tratara, los contenedores de basura han recibido estos días más apoyo mediático que cualquier anciano desahuciado de su hogar en el último año. No se comenta en estos medios que cada día de fuga del emérito nos cuesta a todos unos 50 contenedores. O que si los bancos devolviesen el dinero público con el que se les «rescató», cada ciudadano podría tener su propio contenedor en la puerta de su casa y un operario para vaciarlo y limpiarlo.

Cuando un movimiento social pone en tela de juicio el modelo de convivencia actual, se le criminaliza y persigue con dureza. Para intentar lograr que la población se posicione a favor de esta represión se utilizan una infinidad de recursos. Uno de los más visibles son los grandes medios de comunicación, que muestran tan sólo una parte de la realidad vivida en las calles (casualmente siempre cojean del mismo pie). Otro importante recurso es la Justicia, para la cual el término «terrorista» es un enorme saco legal en el que meter a todo aquel que difiera de la visión de modelo de estado impuesto en 1978, y sobre el que puede recaer todo el peso de la oronda justicia postfranquista de la Audiencia Nacional. Pero el recurso utilizado para criminalizar a los manifestantes del que hablamos en este artículo es el policial. Y la táctica preferida para ello tiene un poético nombre: Síndrome de Sherwood.

Este bonito término fue elegido por David Piqué i Batallé, comisario general de coordinación territorial de los Mossos d’Esquadra, y designa su trabajo final de máster sobre políticas públicas de seguridad aplicables para acabar el fenómeno antisistema/okupa en el distrito de Gràcia (Barcelona), considerado como un «factor de riesgo para la convivencia y foco potencial de percepción de inseguridad». Las técnicas que desarrolló en este trabajo de fin de Máster son utilizadas desde entonces por la Policía no solo contra los okupas, sino en cualquier manifestación que se considere subversiva desde los altos mandos. El siguiente vídeo es un buen resumen del concepto para iniciarse:

Por lo tanto, y como resumen introductorio, se podría decir que esta táctica busca abiertamente provocar disturbios y confrontación para criminalizar a los manifestantes. No se trata de una teoría conspiratoria, se trata de un manual de actuación, y se puede consultar aquí. Se utiliza por lo tanto a los agentes como peones de una estrategia que poco tiene que ver con el mantenimiento del orden público, exponiéndolos a sabiendas a situaciones críticas que son totalmente evitables. También se pone en peligro la integridad física de los manifestantes, de los periodistas que la cubren, y de cualquier persona que pase por el lugar equivocado en el momento equivocado. El caos para mantener el «orden».

LA TEORÍA

El texto que da origen a esta táctica policial forma parte como decimos del trabajo de de final de máster de David Piqué, y su finalidad es la criminalización del movimiento okupa y antisistema, considerado en todo momento como «problema» de orden público. El autor se posiciona en la perspectiva de la actuación policial desde una óptica represiva y «realista» (al estilo de Maquiavelo); es decir, carente de consideraciones éticas o morales. Los movimientos sociales antisistema son referidos en todo momento como «enemigos», y el texto abunda en metáforas y referencias de la historia militar para argumentar el modo de ejercer el poder policial (combinado con el político y mediático) para eliminar estos movimientos. Se trata de una forma de entender la sociedad totalmente autoritaria y donde aquellos que piensan diferente de la corriente hegemónica son considerados inmediatamente enemigos de la sociedad, sin tener en cuenta los actos que estos lleven a cabo.

La propia metáfora que da titulo al Síndrome parte de la puesta en cuestión del mito de Robin Hood, sobre el que se asume una posición de relativismo moral que se resuelve con la defensa del orden sistémico como único principio guía. Como el propio Piqué explica en la introducción:

El Síndrome de Sherwood, es una metáfora basada en las leyendas medievales inglesas de Robin Hood, donde el héroe luchaba contra la opresión y el poder establecido. Robaba a los ricos para darlo a los pobres y se refugiaba en su escondite del bosque de Sherwood. El problema estaba, como siempre, en que el héroe y su grupo, decidía quiénes eran los ricos a quien robar y los pobres a quien beneficiar.

A continuación, algunos extractos de dicho trabajo:

Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas unos días antes para calentar el ambiente. También se pueden hacer «redadas» preventivas a los lugares donde se encuentran habitualmente personas cercanas a la ideología de los convocantes con la excusa de buscar drogas o lo que sea necesario.
La ’’redada’’ estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario.
La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una «batalla campal».
Además de la estrategia previa, en cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables. Es entonces cuando se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasoria, no se disimula.
Se va directamente contra los manifestantes, que ya son considerados vándalos, y se les ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico.
Lamentablemente, esta táctica no es exclusiva de regímenes totalitarios, también se da con demasiada frecuencia en muchas democracias occidentales
Se deberá procurar la detención selectiva de los líderes para imputarles delitos comunes y evitar la condición de «mártir».
4 ª fase. Ataque al corazón de Sherwood y detención o descrédito de los posibles Robin Hood. Pasado un tiempo prudencial, donde se compruebe que todos los individuos o grupos posibles se hayan acogido a las nuevas reglas del juego, es el momento de ir a por los «irreductibles» y empezar a aplicar la ley en toda su extensión. En nuestra metáfora, dar privilegios a los «institucionalizados» y empezar a cortar árboles del bosque.

LA PRÁCTICA

Obviamente no todos los disturbios se originan de este modo. En el desarrollo de una manifestación, y de los movimientos sociales en general, influyen numerosos factores que hacen que sea realmente complejo su estudio. Pero si se dan las circunstancias concretas y previsibles como sucedió este miércoles en la céntrica plaza de Sol, sí podemos decir que la Policía cuando menos fomenta esos disturbios con una finalidad concreta. La previsión de violencia debido a lo caldeado de los ánimos, unido a la necesidad de criminalizar la protesta y la propia localización (como muchos comentaban, la plaza es una ratonera por las pocas salidas existentes) ayudaron para tomar la decisión de poner en práctica el Síndrome de Sherwood. La técnica se desarrolla a grosso modo del siguiente modo:

1. Registro y control de manifestantes en todos los accesos. Se busca causar la sensación de miedo en los asistentes y de que la Policía tiene el control. Según el tratado de David Piqué: «La redada estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario».

2. Se impide la salida de la Plaza. De este modo se comienza a caldear el ambiente y se mantiene a todos los manifestantes juntos para facilitar el posterior aporreamiento. «La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una «batalla campal»».

3. Se producen duras y rápidas cargas policiales, lo más injustas e indiscriminadas posibles para caldear al máximo el ambiente. No se busca en ningún momento mantener el orden o desalojar la plaza, sino aumentar la tensión: «Se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasorias, no se disimula. Se va directamente contra los manifestantes, considerados vándalos, y se ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico».

4. Comienzan los disturbios, dejando un tiempo prudencial para que se desarrollen de modo más violento: «En cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables«.

5. Ya tenemos la batalla campal y los disturbios necesarios para que los medios de comunicación «hagan su trabajo». Las cargas son lo más brutales e indiscriminadas posibles, puesto que se lucha contra peligrosos enemigos de la sociedad: «En este estadio, los manifestantes atacan a la policía con todo lo que tienen y que les ha dejado tener, realmente se están defendiendo, pero no lo parece. Han sido acorralados. La violencia entre agentes y manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola. Es lo que se quiere. Comienzan a aparecer víctimas inocentes – daños colaterales se dice ahora- Los que han rehuido el enfrentamiento, se encuentran con el resto de unidades policiales que los cierran el paso y que no hacen detenidos – prisioneros-, la dispersión no es voluntaria , es a golpe de defensa (porra) y cualquier atisbo de resistencia es contestada con contundencia exagerada y detenciones masivas«. Se procede también a realizar dichas detenciones, teniendo especial cuidado en no crear mártires como Hasél: «Se deberá procurar la detención selectiva de los líderes para imputarles delitos comunes y evitar la condición de mártir».

Ayer mismo en Valencia se pudo observar un modo de actuación similar. Desde el inicio de la marcha un helicóptero policial sobrevolaba la zona y un total de 16 furgones policiales hacían acto de presencia en la Plaza de San Agustín, repartiéndose por las vías cercanas para controlar a los diferentes grupos aislados. La mayoría de los participantes que se trasladaron a diferentes puntos han acabado controlados de nuevo en la Plaza del Ayuntamiento. La marcha llegó hasta las inmediaciones del edificio de la jefatura de la Policía y, una vez allí, la policía lanzó varias salvas y cargó contra los manifestantes que, como puede verse en el vídeo, marchaban pacíficamente:

Obviamente quien más sufre con esta forma de actuar es la democracia. Directamente, son los manifestantes los que padecen mayores consecuencias, tanto físicas como psicológicas. En ocasiones incluso son los propios agentes quienes soportan las consecuencias de esta deleznable práctica:

La consigna es clara: estamos en una guerra entre nosotros (los buenos) y aquellos que quieren cambiar el modelo de convivencia social (los malos). Da igual quien sea y cómo busque ese cambio. Lo importante es mantener las cosas tal y como están, a cualquier precio. Las siguientes palabras pronunciadas por el propio creador del Síndrome de Sherwood durante un discurso muestran claramente la locura que envuelve a ciertos sectores de nuestra sociedad, sirviendo como perfecto resumen de la ideología de quien pone en práctica este tipo de estrategias:

Les iremos a buscar, ya se pueden esconder donde quieran porque les buscaremos, sea en una cueva o en una alcantarilla que es donde se esconden las ratas. Tampoco les servirá esconderse detrás de unas siglas, o una asociación, o una capucha, o de una revista, o de una asamblea que no representa a nadie o incluso detrás de una silla de la universidad. No vale poner el objetivo social a cualquier actividad para justificar saltarse la norma – David Piqué, ex comisario general de coordinación territorial de los Mossos d’Esquadra y creador del Síndrome de Sherwood.

Fuentes: SantafeAndres_ //  lavanguardia.com // elespanol.com // 15mpedia.org // spanishrevolution.net

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