Renovar ya la Constitución

por José Luis Pedreira Massa


En el año 1978 yo era un jovencito y delgadito Médico Residente en el Hospital Infantil Universitario La Paz y militaba en el histórico PCE, el día 6 de diciembre me levanté muy pronto porque era apoderado del Partido en el Referéndum de la Constitución. Por fin tendríamos una Constitución consensuada. Mucho habíamos tenido que ceder, algunas cosas nos hubieran parecido imposibles de aceptar, solamente dos años antes.

En solo un año y medio todo parecería haberse transformado. Los “padres de la Constitución” habían logrado hablar, llegar a unos mínimos consensos, algunos colectivos nos habíamos tragado unos cuantos marrones con sentimientos muy contradictorios y, por qué no decirlo, con sabor agridulce y retrogusto de amargura. Muchos tragamos, nos tapamos los ojos y la nariz para conseguir avanzar a través de la ciénaga que nos rodeaba y aceptar que fuera una obra colectiva, aunque quedaran “temas aparcados”, éramos conscientes de ello. Habría que esperar a que se consolidara el nuevo camino que se iniciaba, un camino que la historia nos decía que se truncaba demasiado pronto y de forma muy abrupta.

Preferimos hablar con personas que no estaban de acuerdo con la democracia, con gentes que tenían un pensamiento retrógrado, con gentes que venían del “antiguo régimen”, un eufemismo para decir que eran los que detentaban los poderes fácticos reales y que se erigían como los “vigilantes” de las esencias. El margen de maniobra era más bien angosto porque la calle estaba llena de asesinatos desencadenados desde otro tipo de esencias, no menos perniciosas que las primeras.

Los que realizaron el golpe de Estado de 1936 y mantuvieron una férrea dictadura, fueron aceptados para sentarse y hablar, negociar y consensuar con aquellos a los que combatieron, persiguieron, encarcelaron y, en muchos casos, condenaron a muerte por pensar diferente, delito de gran calado, al parecer. Pues ambos bloques se sentaron, hablaron, consensuaron un marco constitucional que, posiblemente, no satisfacía a todos. Los perseguidos lo aceptaron por suponer un gran paso, los perseguidores no lo aceptaron y propusieron la abstención en el referéndum. El conjunto de la población decidimos expresarnos a favor, sobre todo por el cambio que suponía, para ser ciudadanos, dejar de ser súbditos y abandonar el miedo.

Quedaron muchos temas aparcados, pasaba el tiempo y los temas siguieron aparcados. Se sucedían nuevos acontecimientos históricos y los temas siguieron aparcados. Solo se tocaban elementos superficiales, aunque algunos fueran de calado. Sí, demasiados temas aparcados que el paso del tiempo ha oxidado y cubierto de herrumbre corrosiva.

El tango nos dice que veinte años no es nada, yo añado que cuarenta son demasiados para permanecer inmóviles con todos los movimientos sociales y políticos que han acontecido y siguen sucediendo.

Algunos, los que no estaban dispuestos a aceptar la nueva Constitución, los que emergían de los poderes fácticos de la dictadura, los que nos miraban de soslayo se fueron acaparando de la aureola constitucionalista, pero con inmovilismo y rigidez, esos grupos no aceptan que se toque nada que no les interese, como han demostrado. Pero las esencias que no se toquen. Dicen que no hay acuerdo para revisarla, ellos no tienen ganas de hacerlo. Con desprecio y sorna omnipotente, plagada de agresividad mal disimulada, preguntan por los temas a modificar y por el contenido.

Modificar una constitución consiste en lograr un  nuevo consenso: la realidad supera lo que se puso en negro sobre blanco, es preciso revisar los temas candentes y los temas aparcados, retomar el diálogo para poder seguir avanzando. Seguir igual entorpece la marcha, cuando no la paraliza.

Modificar la constitución consiste en tener actitud de cambio y de progreso para debatir e incluir los temas nuevos y la nueva visión de los nuevos tiempos. Por ello hay que integrar los límites de los sistemas funcionales del Estado del Bienestar (Sanidad, Educación, Servicios sociales, Justicia), los derechos de la igualdad y la diversidad social y de género que son emergentes y se van consolidando, el marco territorial con una estructura federal moderna que favorezca una convivencia donde las diferentes sensibilidades e identidades plurinacionales se vean reconocidas con eficacia y flexibilidad, una forma de Estado moderna y actualizada en el seno de una Europa que debiera tender a unirse política y administrativamente y no sólo a tener un marco globalizado de lo económico, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores para que puedan vivir como personas libres en un marco nuevo de una realidad laboral emergente y distinta.

Solamente con la enunciación de estos temas ya merece la pena iniciar un diálogo para el cambio, los contenidos serán fruto del debate y del consenso. En esta ocasión los contenidos no debieran tener freno ni amenazas externas. Son contenidos para la ciudadanía, para mejorar su estar y vivir en esta sociedad. Además se aprobará por todos y todas, participaremos en un nuevo referéndum para emitir nuestro voto, nuestra opinión de forma libre y democrática. Los políticos son nuestros representantes, no queremos tutelas ni ataduras, nos deben dar una propuesta y nosotros opinar, no queremos que nos otorguen gentilmente lo que ellos creen que necesitamos. Nuestra demanda es la participación democrática, porque ha pasado demasiado tiempo y hay que actualizar el marco de convivencia social y político y darle una dimensión para el siglo XXI.

Este cambio consistente y respetuoso será el mejor homenaje que hagamos a la Constitución porque representa un reconocimiento político de altura y con una nueva proyección hacia el futuro.

Aquel día 6 de diciembre de 1978, por la noche, volví con las actas a la sede del PCE y entregué las actas de mi zona de apoderamiento y mi carnet de militante, simplemente así.


José Luis Pedreira Massa, colaborador habitual de La Mar de Onuba es psiquiatra y psicoterapeuta de niños y adolescentes. Prof. UNED

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